sábado, 20 de enero de 2007

Tres poemas remotos



Paso a transcribir ahora, para ir entrando en materia, los tres poemas más antiguos que aparecen en mi anteriormente citado primer libro, Un camino en el aire. Los dos primeros, Transfiguración y Paloma, fueron, a su vez, los dos primeros poemas que me publicaron en una revista literaria; aparecieron en el número 57 de la revista Monteagudo (Universidad de Murcia, 1977) cuando sólo contaba 21 años; es decir: ¡antes de ayer! Transfiguración está dedicado a mi amigo Manuel Bielsa, poeta, músico y compañero, en 1974, de COU en el Instituto Alfonso X El Sabio. Manuel abandonó posteriormente sus estudios y es, desde hace muchos años, vendedor en los puestos del jardín de San Esteban.





TRANSFIGURACIÓN

a Manuel Bielsa


Han sido muchas palabras, muchos sentidos.
Una ciudad, Cafarnaúm, por ejemplo.
Para después sentir el agrado de embalar hacia el Edén.
Me vas a decir que el camino es malo;
que en los espacios el silencio se une a veces, pero no los golpes.
Y te diré que es lo contrario. Todo es armonía, el humus que nos

[cubre
No te prometo un persistir infinito,
pero acogerás lo súbito y será una transformación, un firmamento.
El bulbo, delicioso, el más ancho; todo conato inútil porque no existe.
Y notarás el deseo de explicarte tantas cosas...
para verlas fruslerías,
para verte boca abajo,
sin la necesidad
de chillar,
y todo quiebra...
Lo recuerdas como un epitafio, como una sombra amorfa.
Te distrae la luz, el desorden, cualquier gesto que nace.
Te sientes inhumado y ves la mariposa sobre el dibujo de la muerte.
Es necesario que rías de nuevo y comiences la parodia.
Continúa la vida zafada de regalos.

Murcia, 10 de junio de 1974.








PALOMA




Paloma, esbelta paloma de este mundo,

voy presuroso a seguirte, porque quiero.
Ay escucho y otros gritos procedentes de Heinmai, la fuente-
nacimiento de todos los ruidos incluido el boomh.
Me pregunto cuántos de tus huesecillos han tamponeado y roto esta
[vez,
y cuántas de tus plumas se exhiben bermejas
al besuqueo.
Y me pregunto si tú también tendrás que morir en el suelo, debelada
junto a muecas de oración y daño y demás.
Es pena cierta que el agua convalece la sobrevueles o no;
que el cortejo de natura selva y verdegales es callado a golpes de
[hacha.
Pues qué más quisieran hacerte su reina:
como aquella vez futura que desaparecieron las bestias,
paloma-
papeleta.

Y entre matronas transcurre tu vuelo aaieeeeeh.

Yo, mientras, guardo ajeno en mi lecho el sentido blanco de tu carne,
[de tu plumaje,
de tu figura
acuarelada
en el orden del universo.


Murcia, 20 de noviembre de 1976.






ADELFAS




Dos a dos nuestras horas cantan a la luna, el miedo

coge adelfas por entre los vientos.
Dos a dos se alejan las aves hacia las mil noches,
sus alas cruzándose amorosas, rozando la cabeza
de la eternidad.
En una noche sembraré rocíos de mi cuerpo vivo,
cuando en mi soledad me conozca tanto
como conozco las estrellas.


Ercid Scaguer, entre los hombres te vi pasar como alegre,
abriendo tus manos hacia todo con mágica destreza.
Oh, brujo, se produce el milagro del verso.
El ave grande te subió en su espalda tranquila, el sol
tímido tomó tus cabellos de oro,
bordó los suburbios de azares, de símbolos, de frescura.
Ercid Scaguer, y tú habías muerto.


Sí y no sufro por la cortedad de tu olor y el tiempo escaso.
¿Qué me sucede estos días, amor, de fruto en vano y de silencio?
Me dicen las hojas, amor, devotamente me lo dicen,
que tu pureza de ahora y tu suspiro,
tu ternura y tu océano más bello
arrancan de las nubes caricia inmensa.
Me dicen los gamos que siembras dibujos y estrellas
y que hasta mí desciendes desde el Mediterráneo.


Cogió el ballestero las redes y las casillas. De su pecho
crecieron las piñas y el hacha,
de su tronco la gris arena, el agua amarga
y los desdenes.
Corrieron al monte las adelfas, pobremente calladas,
sufriendo al sol.
Llevaron marinas a Carmen Rózar the column,
que estaba celando a su hombre muerto
en una noche de febrero.

Murcia, 24 y 27 de junio de 1977.


Nota: La portada de Un camino en el aire es obra de Tomy Ceballos.


1 comentario:

Blanca Andreu dijo...

Gracias, Sebastián, por transcribir tres de mis poemas favoritos. Para mí, "Adelfas"es el Partenón.

Me parece que están llenos de originalidad y de libertad, además de belleza y verdad. El punto de vista es muy raro, único. Me parece que brillan.

Blanca