jueves, 18 de enero de 2007

La senda etérea

Un camino en el aire es el título de mi primer libro de poesía, publicado en 1994 por la Editora Regional de Murcia. Hasta entonces sólo había sacado a la luz una docena escasa de poemas en determinadas revistas literarias (Monteagudo, Barcarola, El Urogallo, Postdata...). Se trataba, en realidad, de una selección de todo lo que había escrito desde el año 1974, compuesta por sesenta poemas con "obvias diferencias de estilo, forma o expresión entre los primeros poemas y los más cercanos", como dejé dicho, un tanto pretenciosamente, en el prólogo de aquella ya lejana y única edición. A pesar de ello, intenté componer un libro "diáfano y ligero" y pretendí, ante todo, ser lo más congruente y conciliador posible conmigo mismo y con mi frágil -o inconsistente- itinerario poético; de ahí su título y mi decisión de recurrir a poemas en los que determinadas figuras y símbolos aéreos hicieran las veces de hilo conductor. Aquello supuso para mí, y así lo expresé en el susodicho prólogo, "culminar un ciclo que ya se estaba haciendo demasiado largo: el de casi toda mi evolución como poeta".

La composición de Un camino en el aire fue un proceso laborioso pero también sereno y muy emocionante. Sin duda, jugó mucho a mi favor el hecho de que la empresa de publicidad y diseño gráfico en la que trabajaba como redactor y creativo quebrara irremediablemente, debido a la severa crisis que sufrió el sector durante aquellos primeros años de la década de los 90; razón por la cual pasé a engrosar las filas del paro y comencé a cobrar un subsidio que me permitió, francamente, dedicarme de lleno a la revisión sosegada y profunda de todos mis escritos. Tanto es así, que aún no me he arrepentido de haber hecho aquella recopilación; es más: creo que si hoy tuviese que hacerla de nuevo seleccionaría prácticamente los mismos poemas que entonces escogí.

También el título sigue satisfaciéndome (si algún día se diera la improbable circunstancia de tener que editar mis obras completas -qué extraño me resulta sólamente pensarlo- lo haría, sin duda, de nuevo bajo este lema, pues creo que se adapta inmejorablemente a mi modo de sentir la poesía y a lo que ésta ha venido significando en mi diaria, rauda pero ya larga existencia); prueba de ello es que también lo he utilizado como cabecera de este blog; un blog, tengo que decirlo, en cuyo embarque he sentido que me traicionaba un poco a mí mismo, pues en este extraño y emocionante oficio de escribir he procurado siempre ser lo más discreto posible. Ser poeta nunca ha sido para mí una profesión, sino un hábito silencioso, un ejercicio íntimo y solitario, un modo de ser -o de sentirme- completamente mío y absolutamente libre. "Un viaje interior, en cualquier caso", como llegué a escribir en aquel breve prólogo primerizo.

No obstante, inicio hoy esta senda etérea con ilusión renovada, sin turbación ni prejuicios aunque también, espero, con la humildad y la cautela necesarias.




3 comentarios:

Azul caleidoscopio dijo...

Que hermoso lo que dices en el ultimo parrafo, Sebastian. "Un ejercicio intimo y solitario" es lo que debe ser escribir despues de todo. Aun asi la oportunidad de leerte es preciosa. Ojala pudiera conseguir ese libro. Un abrazo.

electrah dijo...

me gustó mucho tu blog,especialmente tus poemas.

tarta de manzana dijo...

De ese primer libro tuyo recuerdo unos poemas donde aparecen ángeles, uno llamado "Déjame llamarte Ángel" y otro titulado. En el primero aludes a Keats. ¿Qué sentido tiene el ángel en esos primeros poemas tuyos? Me gustó mucho esa figura. Me encanta tu blog, que he descubierto gracias a una amiga.