domingo, 8 de abril de 2007

Coser y cantar



El sabio azar diseña sus caminos con dedo caprichoso

-EFRAÍN BARTOLOMÉ-


Coser y cantar. fr. fig. y fam. con que se denota que
aquello que se ha de hacer no ofrece dificultad ninguna.


-DICCIONARIO DE LA LENGUA ESPAÑOLA-



¿Qué os decía? A veces nos parece que el azar nos quiere decir algo y que, para ello, no duda en insistirnos. Si anteayer nos trajo, con aquel breve y delicado poema de Emily Dickinson, a esa impecable tejedora de "continentes de luz" y "reinos olvidados" que es la araña, hoy nos trae, en un extenso y profundo poema de Juan Gil-Albert, a la que sería su equivalente en ese complejo mundo de las tareas domésticas.

En efecto: ella también desovillaba el tiempo en su "invisible oficio" -sin duda uno de los más ancestrales de nuestra condición humana- con un "tic infantil, indiferente, mecánico, preciso, sentencioso" tras el que se desgranaba un sueño y una vida.

Coser y cantar... Raras veces dos verbos estuvieron tan unidos.
Coser y cantar... Toda una poética.

Abro al azar Poesía completa, de Juan Gil-Albert, y leo:


LA COSTURERA


Por el hilo se saca el ovillo.
¿Y del ovillo qué? La vida entera
se desgrana cosiendo.

Vino esta mañana,
como todos los lunes: Trinidad.
Y cuanto más vieja,
su labor más joven.

Viste ahora a los niños:
lo menos exigente, lo ligero.
Le dan a retocar alguna prenda
que ha quedado anticuada.
Es como un motivo
de tenerla a comer, y ella lo sabe.

Y por eso se afana.
¡Qué vergüenza!
Si sospechara alguno que ella viene
por no hacer nada,
por rescatar su día nada más.
Poner sus manos trémulas al filo
de su labor. Se mueve su cabeza
con un tic musical. Oye muy poco.
Y mientras les acopla a los pequeños
las piezas rayadillas de diario,
el uniforme viejo,
quiere, además, hacer que no se muevan
sacando a colación alguna historia
que huele a flor marchita. Luego, calla.
Instálase en su silla del rincón
y menuda, enlutada, el pelo blanco,
bajo la luz cosiendo,
parece con su tic la saetilla
de un horario perdido.
Y, sin embargo, fue.

¡Ah, Trinidad! Su nombre no sonaba
a remiendo o pasado.
Tuvo también su historia, que fue un sueño.
Soñó que iba desnuda
por una calle abierta
y que a lo lejos, firme y rumoroso,
relampaguea el mar.
Con paso muelle,
hacia allí se dirige reclamada
por su atracción profunda. Entonces surge,
o no se sabe bien si el mismo mar
toma forma consciente,
un gallardo cual ola desgajada
de aquel rumor oscuro
y a ella viene,
sin que recuerde más de la embestida
que lo que entre dos sueños se nos borra
en el amanecer. Luego, despierta,
reconoce en los rasgos del vecino
al tritón.
Y un grito ahoga, henchida,
su soledad: ¡Casado y con dos hijos!

Los años traen los años.
Se cose y canta.
Se cose y sueña.
Se cose en el silencio.
Se levanta la mano con la aguja,
como para sacudir alguna mosca,
algún ru-run lejano. El cine llega.
Se va a ese resplandor algunas noches
como quien busca un mar...
No se sabe por qué la vida sigue
sin sol ni olas. Cose que te cose.

La consideración suple el vacío
de todo lo que falta.
Un diploma de honor de costurera.
Y este tic infantil, indiferente,
mecánico, preciso, sentencioso.


* * * * *




























Gil-Albert, Juan:
Poesía completa
Edición de María Paz Moreno
Valencia, 2004
Editorial Pre-textos, en coedición con el
Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert





Ilustraciones: 1) Velázquez, La costurera (1640); 2) Edwar Hopper, Muchacha cosiendo a máquina (1921-1922); 3) Agustín Lazo, La costurera (1942-1945); 4) Mary Cassat, Mujer cosiendo (1880-1882).

2 comentarios:

Osselin dijo...

Cosía el lento devenir de su vida con el hilo de la resignación y la aguja punzante de la soledad que a veces, maligna, le hacía sangrar...sólo un poco.

Gregorio Verdugo González-Serna dijo...

La pena y el olvido zurcidos por los hilos invisibles de la soledad y el abandono.
Saludos.