Mostrando entradas con la etiqueta Calambur. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Calambur. Mostrar todas las entradas

lunes, 1 de diciembre de 2008

Octava reseña


"El ser viviente". Así tituló Ramón Jiménez Madrid su reseña a La herencia invisible, aparecida el pasado día 14 en el diario La Opinión y de la que tuve noticia unos días después merced a un amigo atento. Finalmente conseguí hacerme con un ejemplar y la he digitalizado. Si pincháis sobre ella podréis leerla más cómodamente.

martes, 21 de octubre de 2008

Séptima reseña


Álvaro Valverde

El pasado día 7 conocí en persona al poeta Álvaro Valverde, con quien hace más de veinte años compartí un número especial de la revista El Urogallo en el que se hacía un repaso de la poesía joven de entonces. Vino a presentar al Museo Ramón Gaya su último libro, Desde fuera (Tusquets Editores, 2008), y me tomé la libertad de hacerle algunas fotos y grabar con la propia cámara la lectura de uno de los poemas, "Meditación en los Jardines de Aranjuez", que posiblemente reproduzca en este blog siempre que a él no le parezca mal. Después de la lectura, aproveché para presentarme, mostrarle un ejemplar de aquella antología de El Urogallo en la que salían nuestras fotos y regalarle mi último libro, La herencia invisible. Sobre su visita a Murcia ya había hablado Álvaro puntualmente en su cuaderno de bitácora (http://mayora.blogspot.com/2008/10/carta-de-murcia.html), pero hace unos días me dió una sorpresa muy grata publicando esta reseña. No acabo de acostumbrarme a que se hable de mí por mi poesía, pero confieso que me gusta mucho el cariz de los comentarios que hasta ahora ha suscitado mi libro. Muchas gracias, Álvaro. Brindo por un pronto reencuentro.

viernes, 12 de septiembre de 2008

Sexta reseña


El Sr. Espejo en una imagen del año pasado por estas mismas fechas.

Después de dos meses alejado del virtual ruido (constatando que hay vida más allá –y más acá– de Internet), anoche, por fin, desempolvé con gran esfuerzo anímico mi disco duro y retomé perezosamente mi camino en donde lo dejé, esto es, visitando los blogs de los amigos, colegas y compadres para saber de ellos y ponerme al día en cuanto de nuevo nos han contado desde entonces. Y hete aquí que descubro que ha habido quien apenas descansó un par de semanas y estuvo trabajando con el vacío con valerosa y envidiable periodicidad mientras yo no daba un palo al agua (aunque, eso sí, me bañaba en ella varias veces al día). Me refiero al concienciado y concienzudo poeta José Daniel Espejo (Orihuela, 1975), autor, como sabéis, de Los placeres de la meteorología (Nausícäa, Murcia, 2000), Quemando a los idiotas en las plazas (Universidad de Murcia, 2001) y Música para ascensores (Editora Regional, 2007).

Pues bien, el pasado 24 de julio José Daniel, Joseda, o el Sr. Espejo, como yo suelo llamarlo, le dedicó en su blog una impagable reseña a mi último poemario de la que no tuve constancia hasta anoche, así que mi sorpresa ha sido equivalente a cincuenta sorpresas, una por cada día que ha pasado.

Le doy las gracias de corazón, Sr. Espejo, y le felicito, por los certeros y entrañables comentarios que ha vertido usted sobre mi obra. Gracias a ellos me conozco mejor.

Salud y un abrazo fuerte, amigo mío, y muchos besos a Martín, Miguel y Charo.

sábado, 12 de julio de 2008

Quinta reseña


Faro de Punta Almina (Ceuta).

El martes pasado me llevé una gran sorpresa: entré en uno de los blogs jazzeros que visito habitualmente, Jazz Ceuta, y me encontré con que su titular, Santiago, dedicaba su última entrada a La herencia invisible, con una sencillez, un orden, una intensidad y una capacidad de síntesis que ya desearían para sí muchos críticos –y criticados– profesionales. Pero Santiago no es crítico literario: es farero. Farero del Faro de Punta Almina, en Ceuta.

Os cuento.

Santiago Tortosa Muñoz es murciano, y durante nuestra infancia y primera juventud fuimos vecinos. Vivíamos a orillas de la huerta, casi rodeados por ella, en el viejo barrio de San Antón. Su padre y el mío eran amigos, pero Santiago y yo, aunque teníamos la misma edad, por el sólo hecho de estudiar en colegios diferentes nos movíamos en distintas direcciones en aquel paraíso que era entonces Murcia. Él tenía sus primos, sus amigos; yo los míos. Nos veíamos, claro, y coincidíamos a veces, incluso compartimos mesa en más de una comida familiar, pero nunca terminamos de cuajar una amistad propiamente dicha.


Cabecera de Jazz Ceuta.

Una amistad que ahora, al cabo de los años, ha cuajado y crecido a raudales en los últimos meses a raíz de que Santiago, gran aficionado al jazz e impulsor del Festival Jazz Ceuta, diera un buen día con mi blog Sopa de Hielo y tuviera la iniciativa de enviarme un entrañable e imprevisible correo.

Resultado: un reencuentro mágico. Y el martes voy y me doy de bruces con esto.

Gracias, amigo.

¡Y pensar que un ejemplar de mi libro ha llegado hasta allí!

Los libros son palomas mensajeras... Recuerda, Santiago, las nubes de palomas sobrevolando permanentemente nuestro barrio...


El Estrecho de Gibraltar visto por la paloma de la NASA.

jueves, 3 de julio de 2008

Cuarta reseña


(Para leer el artículo, pinchad sobre la imagen.)

El sábado pasado apareció una nueva reseña a La herencia invisible. En esta ocasión, en el suplemento Ababol del periódico La verdad. La firmaba José Belmonte Serrano, profesor de Didáctica de la Lengua y la Literatura en la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Murcia, escritor, crítico literario y editor de la sección de libros del citado suplemento, quien hace sólo unas semanas ya nos entrevistó a Javier Orrico y a mí en su programa de Televisión Murciana con motivo de la concesión de los premios de la primera edición de "Los Odres".

Lo que más me gustó fue que destacara, ya desde el titular, un poema tan breve como Ala (cuyo primer verso, por cierto, dice "Ala quieta de instante", no "del instante"). Creo que en esos dos versos se condensa muy bien todo el espíritu del libro.

Gracias, Pepe, una vez más.

martes, 1 de julio de 2008

Mi paso por la Feria del Libro de Madrid (y 4)


Llegando y despidiéndonos
llegando y despidiéndonos
llegando y despidiéndonos
desde que nacemos
estamos llegando y despidiéndonos.
–ALEXIS DÍAZ-PIMIENTA-


y IV

Y se hizo de noche. Las casetas comenzaron a cerrar. Y la Feria del Libro terminó de impregnarse de la callada soledad de los cementerios.

Emilio Torné nos propuso entonces a Alexis, a Xino y a mí irnos a cenar de tapas a la castiza y celebérrima Taberna de La Dolores. Por supuesto, accedimos y salimos a paso ligero del Retiro, dejando atrás los libros, nuestros libros, en el sereno reposo de sus panteones, bajo el cielo nublado, sobre la tierra húmeda...

Pero estábamos contentos... La vida, nuestra vida, continuaba. La vida era al mismo tiempo todo lo vieja y todo lo nueva que podíamos desear.

Durante el trayecto, en otra suerte de repentismo eufórico, Xino y Emilio no dejaron ni un momento de contar chistes –algunos, desternillantes– con sus respectivos acentos cubano y jerezano.

La Taberna de La Dolores, sita en la Plaza de Jesús, en el emblemático barrio de las letras de Madrid, es para mí desde esa noche la madre de todas las tabernas. ¡Qué tapas! ¡Qué cerveza! ¡Y encima pagó Emilio!

Una vez saciada nuestra gula, Xino nos dijo: “¡Ahora vamos al bar de unos amigos míos!”. Y nos llevó en un santiamén a un no menos ilustre y popular local de la calle Huertas llamado La Colonial, una coctelería cubana que hace también las veces de restaurante.

Todo lo que sucedió en La Colonial es secreto de confesión. Sólo diré que cerramos el local y que hacía mucho, mucho tiempo que no saboreaba unos mojitos tan genuinos.

Pero Alexis y yo habíamos acordado levantarnos a una hora prudente, rehacer el equipaje y acercarnos de nuevo a media mañana, ya como meros visitantes, a la Feria del Libro. Si queríamos descansar, no nos quedaba mucho margen...

Pedimos un taxi. Xino nos acompañó hasta el hotel. Llovía. Fue entonces cuando me percaté de que había perdido mi paraguas. “¡Hasta siempre, hermano! ¡Cuídate!”.

Una vez en la habitación, le confié a Alexis, como ahora a vosotros, un sueño que había tenido la noche anterior; un breve sueño en el que mi madre, sujetándome el rostro con ambas manos, me decía: “Todo es tuyo porque tú lo haces tuyo”. (¡Cuántos años sin verte, Dolores, ni aun en sueños! ¡Pero qué presente y qué viva te sentí!).

Eran las cuatro de la madrugada. Programé la alarma del móvil para que me despertara a las nueve y, en un cerrar de ojos, nos pusimos a roncar, mecidos por el ronroneo del mar de ron en el que se habían sumido nuestras almas.



A la mañana siguiente, la Feria del Libro parecía otra. Madrid entero estaba allí. Las casetas, los libros, el Retiro..., todo, incluso el sol, parecía haber resucitado de otra época, renacido en un nuevo día sin edad. Almudena Grandes, Rosa Montero, Fernando Sánchez Dragó, Julio Llamazares..., firmaban ejemplares a diestro y siniestro en sus casetas; grandes olas de gentes iban y venían, fluyendo espontáneamente en una suerte de marea natural.

¿Cómo habrían transcurrido los acontecimientos de habérnosla encontrado así el día anterior?

Teníamos poco tiempo. En pocas horas, Alexis tenía que tomar un avión para iniciar una gira como repentista por el archipiélago canario; y yo, el talgo de regreso a Murcia.

Alexis se movía con soltura por entre la multitud. Compró bastantes más libros que yo y fue reconocido en más de una ocasión por dependientes y libreros.

Pero la hora de partir no se hizo esperar. Habíamos quedado en una de las salidas del Retiro con Juan Pablo Muñoz Zielinski para comer. Le pedimos a una buena mujer que nos orientara, pero nos envió hacia otra zona y nos perdimos. Qué gran invento, el móvil. “¡Me he vuelto a perder!”. “¡Sebas, eres la hostia!”. Exactamente igual que cuando llegué, Juan Pablo me fue indicando por teléfono la ruta que debíamos seguir –conoce Madrid al milímetro, lo lleva impreso en su retina– mientras él salía con su furgoneta a nuestro encuentro.

Con Juan Pablo nos esperaba su entrañable y sosegada amiga Oti, violinista, profesora y compañera de viajes musicales. Esa mañana habían estado ensayando juntos.

Comimos en la terraza de un restaurante muy próximo a la estación de Atocha, junto a una curva, sobre la acera. Era una calle estrecha. Los autobuses pasaban a escasos centímetros de donde estábamos sentados. El cielo amenazaba encapotándose. La aventura culminaba. Pero estábamos contentos...

Terminamos de comer con el tiempo justo. Comenzó a llover y Alexis tomó un taxi a Barajas. "¡Te mando un SMS en cuanto llegue!". Temerosos de que, con toda probabilidad, me perdiera de nuevo, Juan Pablo y Oti me acompañaron hasta la entrada al andén desde el que debía tomar el talgo de regreso.

Cuando subí al tren, sentí que la misma lluvia que me recibió me despedía. Me acomodé en mi asiento con la sensación de que mi primera experiencia en la Feria del Libro de Madrid había sido más musical que literaria; me sentía como cuando regreso de un bolo en el que todo ha salido bien, baldado pero feliz, como si me hubieran dado un masaje en el alma, con la inusitada novedad de que ahora no tenía que conducir.

Realicé todo el viaje semidormido, pensando, sobre todo, en los encuentros y reencuentros que me había proporcionado esta aventura...

Conocí personalmente a Esther y a Troglo, fui salvado una vez más por Juan Pablo en el laberíntico Madrid, pude ver de nuevo a Alexis y hablar y convivir con él como con un amigo antiguo...

Y en no pocas ocasiones me encontré, también, conmigo mismo...



viernes, 6 de junio de 2008

Mi paso por La Feria del Libro de Madrid (3)


III

Entre el público se encontraban dos amigos: mi ya mencionado y siempre inaudito ángel de la guarda –como nuevamente apreciaréis más adelante– Juan Pablo Muñoz Zielinski, quien por razones de trabajo se marchó antes de terminar yo mi lectura, y mi fotógrafa de jazz predilecta, Esther Cidoncha, hasta entonces amiga meramente virtual, con quien comparto desde hace aproximadamente un año un diálogo fructífero y una leal complicidad a través de nuestros correos y nuestros blogs; y asistió también un peculiar personaje bíblico, un silencioso Job de ojos azules y largas barbas blancas (me recordó igualmente al mago Merlín, incluso al mismísimo Leonardo da Vinci), quien después de la lectura se nos acercó a Esther y a mí con pasos lentos, sonriendo y mirándonos fijamente, y sin pronunciar palabra comenzó a escribir en trozos de papel, girándolos sin cesar buscando espacios, todo cuanto nos tenía que decir, en términos en verdad metafísicos y poéticos, cuando no ininteligibles.









Después, como exigía el protocolo, Alexis y yo nos fuimos a firmar ejemplares a la caseta de Calambur, con la Feria del Libro pasada por agua y prácticamente desierta. Firmé, en total, ocho ejemplares: cuatro que compraron los amigos más cuatro que regalé yo; ¡lo que no es mal número, teniendo en cuenta que un ocho es un infinito vertical!

Al poco de estar allí, Esther llamó a otro amigo bloguero común (“Se llama Miguel Ángel”, me confesó) al que hasta entonces yo sólo conocía por su alias, Troglo Jones, El Director de Operaciones, gran aficionado al jazz, conversador mordaz e improvisador nato; y cuando éste llegó nos hicimos unas fotos y pasamos el resto de la tarde tapeando y bebiendo fresquísimas cervezas en la carpa-bar de enfrente, charlando mayormente de jazz y brindando a cada momento por nuestro propicio encuentro. “Antonio”, le dije acompañándome con señas a Antonio García, el joven empleado de la editorial, “si alguien quiere que le firme un libro, llámame”. “Vale, descuida”, me respondió cordialmente.

Y llegó la hora cabal. Las aletargadas casetas comenzaron a cerrar sus párpados humedecidos.

Una última cerveza...

“Hasta siempre, Esther... Hasta siempre, Sr. Troglo... Ha sido un inmenso placer conoceros...”.

Después de seis días aún perdura nuevo en mí el sentimiento de celebración por nuestro encuentro, nuestra primera tertulia real, sin píxeles de por medio, brindando con cervezas rebosantes... ¡y con la Feria y el Retiro para nosotros solos!


(Continuará)

jueves, 5 de junio de 2008

Mi paso por la Feria del Libro de Madrid (2)

Cartel del año en que nací

“La lluvia ha sido un elemento prácticamente omnipresente en todas las ediciones de la feria. En 1956 la inauguración tuvo que retrasarse cuatro días por este motivo. Más de un humorista afirmó que la lluvia representaba la reacción de la Naturaleza ante la masiva tala de los bosques para obtener la celulosa con la que se hace el papel. El cómico Evaristo Acevedo incluso propuso —con mucha sorna— que la feria se organizara en ciudades y comarcas con problemas de sequía, y así convertirlas en zonas de regadío.”

Elena Mengual, Carteles con memoria



II

Las 15:15 y Alexis no llegaba. Sonó el móvil: “¡Poeta, voy en taxi y estoy en un atasco! ¡Calculo que en diez o quince minutos estaré allí!”. “He reservado mesa en un bar-restaurante que hay frente al hotel”. “¡Allí nos vemos!”.

Rozando ya las cuatro de la tarde, cargados de maletas y guitarra, hicieron su aparición el poeta Alexis Díaz-Pimienta y su amigo y compatriota Xino Carrasco, compositor, cantante y guitarrista, pidiéndome disculpas entre risas y abrazos.

Comimos, sin duda, mejor que en el hotel. Y al menos cinco veces más barato. Los menús recién cocinados resultaron copiosos y exquisitos, y fueron servidos con sencillez y naturalidad envueltos en un diálogo austero y franco por el camarero.

En el transcurso de la comida, Xino me regaló su primer disco en solitario, Shake it out, e intercambiamos las tarjetas con los correos y los números de teléfono sin dejar de hablar ni un momento, como si nos conociéramos de toda la vida.


“¡Las cinco y media! ¡La presentación es a las seis!”, reparé tras los cafés. Alexis se empeñó en pagar y cruzamos pitando hacia el hotel. Llovía. Xino nos esperó en el vestíbulo tomando un güisqui mientras subíamos a la habitación para que Alexis dejara sus cosas. En una exhalación emprendíamos, a mi paso (¡que Cuba me perdone!), camino hacia el Retiro, muy próximo también, lloviendo copiosamente y con un sólo paraguas –el mío– para los tres. En un recodo del parque salió a nuestro encuentro, sonriente, Juan Pablo Muñoz Zielinski. Y el trío se convirtió en cuarteto.

A las seis menos diez llegamos, renqueantes, a la Feria del Libro. Estaba prácticamente desierta, con todas sus casetas cerradas. "Ya te dije, poeta, que no eran necesarias tantas prisas", dijo Alexis jadeando. Así que, recelosos de que todos los actos hubieran sido cancelados, consultamos al respecto con un vigilante embutido en un impermeable transparente, quien nos tranquilizó diciéndonos que las casetas se abrían a las seis en punto. En efecto. La de Calambur fue de las primeras. Apareció Javier Orrico, director del Premio "Los Odres", paseando plácidamente con su mujer, Teresa, y con su hija; aparecieron Fernando Sáenz y Emilio Torné, los directores de la editorial, serenos y muy cordiales; y poco a poco el inmenso recinto de la feria, rociado por la lluvia, fue salpicado también por pequeños grupos de visitantes que tímidamente pasaban frente a las casetas al tiempo que éstas abrían somnolientamente sus párpados.

El acto de presentación de nuestros libros comenzó a las 18:30 en el cálido Pabellón Carmen Martín Gaite, sobriamente decorado con verdaderas obras de poesía visual. Habló Emilio Torné. Habló Javier Orrico. Torné me presentó. Balbuceé cuatro palabras y leí dos poemas, Losas sueltas y Libélula dorada; el primero lo ilustró musicalmente, con sensibilidad y discreción, Xino Carrasco; el segundo lo ilustré yo mismo con el sanza. Aplausos. Acto seguido presenté yo mismo a Alexis y le pasé el testigo. Leyó al azar siete u ocho magníficos poemas de su libro, acompañado también por la guitarra sutil de Xino. Al finalizar, Emilio y Javier le pidieron, cómo no, que repentizara algo. "¿Sin un triste trago de ron que llevarse a la boca? Bueno, probaremos con agua".

Y de pronto el pabellón ardió con la llama portentosa e integradora del corazón del gran maestro. Xino y yo acompañamos, con guitarra y percusión, aquel mágico torrente surgido del misterio más recóndito, el don arcano de un poeta excepcional. Emilio y Javier se echaban las manos a la cabeza.

Aplausos, sonrisas, más sonrisas y aplausos... Las nueve o diez personas que asitieron al acto desde su comienzo se habían multiplicado por dos cuando finalizó.

(Continuará)

miércoles, 4 de junio de 2008

Mi paso por la Feria del Libro de Madrid (1)


Cartel de Isidro Ferrer
MI PASO POR LA FERIA DEL LIBRO DE MADRID
CRÓNICA Y LARGA ESTELA DE UN VIAJE FUGAZ
AL CORAZÓN DE LA ESPAÑA LITERARIA

I

Visto y no visto. Misión cumplida.

Si uno, como hombre, se siente ya pequeño e insignificante, cuando no invisible, en una ciudad como Murcia (no aspiro a nada más; yo no provoco el mundo: el mundo me provoca), imaginadme además como poeta y como músico en la Feria del Libro de Madrid...

En un mensaje reciente, citando oportunamente uno de mis un1versos, mi amigo Miguel Ángel García "Monda", guitarrista, me decía, : "Si a los libros se va como a los bosques, ir a la Feria del Libro de Madrid debe ser algo así como ir a la selva del Amazonas."

Hace casi treinta años, haciendo la mili, apunté: "En Madrid hay más de todo. Estamos repetidos. Todo está repetido (unas mil veces) en Madrid".

Pues bien: las cosas, raras veces son lo que parecen; y mucho menos lo que uno espera; debemos aguardarlas, e incluso desearlas, también como posibles pérdidas, como merma añadida que nos hará infinitamente más prósperos y felices, más livianos, también más insumisos. “Todo es menos”, dejó dicho Juan Ramón. Porque “menos es más”, less is more, según la máxima del minimalismo creada por el filósofo y crítico de arte Richard Wollheim y popularizada por el arquitecto Ludwig Mies van der Rohe.

Escribiendo sobre esto no pretendo alardear de lo que soy, porque no lo soy; ni siquiera modesto, ni siquiera prudente. Me limito a vivir (¡qué verbo tan bonito!). Y el sólo hecho de viajar de nuevo a Madrid para asistir a su Feria del Libro ha sido para mí una vivencia insólita y una aventura imprevisible de principio a fin.

Os cuento...



Tomé el Talgo Cartagena-Madrid, que llegó con algo más de diez minutos de retraso, a las 9:55 del pasado viernes día 30 en la Estación del Carmen. Durante el trayecto releí, arrebatado, Fiesta de disfraces, el fascinante último libro de Alexis Díaz-Pimienta, ganador, como sabéis, del I Premio Internacional de Poesía "Los Odres", e intenté también dormir un poco, pues la semana había sido francamente dura a causa de una extraña gripe que me tuvo zombi varios días. Pero estaba feliz y me sentía con fuerzas suficientes para afrontar la travesía.

Llegué a la Estación de Atocha alrededor de las 14:00 horas y llamé por teléfono a mi ángel de la guarda en Madrid, el guitarrista y violinista Juan Pablo Muñoz Zielinski, gracias a cuyas certeras indicaciones pude ir caminando hasta el hotel, que estaba verdaderamente cerca. De poco me sirvió mirar antes en un plano los escasos recorridos que habría de hacer, pero acerté en los tiempos y en las previsiones y me dió gusto comprobarlo, cansado como realmente iba. Eso me hizo más feliz todavía.

Me instalé en el hotel y llamé a Alexis. "¡Hola, poeta, me ha recogido un amigo del aeropuerto y estoy en su casa tomando unas cervezas! ¡A las tres nos vemos en la puerta del hotel!", me dijo. "Tantearé la zona mientras tanto para ver dónde podemos comer", le dije yo. Estaba realmente hambriento.

Bajé a la calle y vi que justo enfrente había una cafetería-restaurante que, con respecto al escalafón de nuestro hotel, no recibiría por parte de la Guía Michelín ni una punta de una de sus cuatro estrellas. Pero allí que me fui (precisamente por eso). Lo regentaba un venezolano y ninguno de sus trabajadores era español. Pedí una caña y me pusieron una caña y dos bacaladillas recién hechas. Lo agradecí con el alma y el estómago. Vi a unos clientes devorando un pollo al horno con patatas que tenía una pinta excelente y decidí que aquel era un buen lugar para comer.

Miré la carta: 8 € el menú.

(Continuará)




miércoles, 28 de mayo de 2008

Tercera reseña



Hola de nuevo, amigos. Aprovecho el logotipo que identifica a la editorial Calambur para simbolizar el conmovido estado de mi corazón tras recibir el espléndido comentario que, a título personal, me ha enviado por correo mi amigo Francisco Martínez Cuadrado y que ahora yo, después de pedirle su permiso explícito, hago público tremendamente estremecido, convirtiéndolo con orgullo en la tercera reseña que mi humilde heredad se ha granjeado. Confieso que no estoy acostumbrado a tantos elogios y parabienes por mi labor poética, y quiero dar las gracias a Francisco y a todos quienes hasta ahora me han manifestado en público o en privado sus generosas felicitaciones y han ocupado parte de su tiempo en celebrar o difundir este libro, del que cada día me siento más satisfecho. Con palabras como las que a continuación voy a transcribir, no podía ser de otra forma.

Pero antes, permitidme aportaros algunos datos que os acerquen un poco más a quien ha tenido la amabilidad y la deferencia de escribirlas.

Francisco Martínez Cuadrado nació en Murcia en 1954. Es Doctor en Filología Románica por la Universidad de Granada y Catedrático de Lengua y Literatura del Instituto "Fernando de Herrera" de Sevilla. Ha publicado varios trabajos de historia y crítica literaria sobre Mario Vargas Llosa, Camilo José Cela, literatura de emblemas y poetas contemporáneos. Es autor de diversos manuales de Lengua y Literatura, así como de la monografía El Brocense: semblanza de un humanista, y coordinador, en Sevilla, de una tertulia literaria de la que han salido nada menos que tres premios Adonais: José Antonio Gómez Coronado, Javier Vela y Carlos Vaquerizo.


* * *


Sebastián Mondéjar:
La herencia invisible. Calambur. Madrid, 2008.

COSAS QUE MÁS ME HAN GUSTADO

Por Francisco Martínez Cuadrado


LO QUE DICES

- Los poemas que celebran la existencia y defienden un ideal de vida sencilla: el mar, las calles nocturnas, la familia, la buena música, la naturaleza modesta de unas macetas...
- Toda la sección segunda, que además me ha evocado los veranos de La Torre.
- La defensa del Malecón y la denuncia de su expolio. (Cuando voy a Murcia suelo pasear por allí y no sé qué me entristece más, si descubrir algún nuevo solar donde hubo un huerto o la incuria e indiferencia de nuestros paisanos ante la destrucción de su paisaje secular).
- La presencia de la luz en tus poemas y los distintos matices y significados que adquiere y que da a tus versos.
- Las reflexiones sobre el tiempo, el sentido de la vida, el valor de la “herencia” que da título al poemario.
- Y las adelfas.

CÓMO LO DICES

- La cadencia maravillosa de tus heptasílabos y endecasílabos.
- El uso moderado de los recursos retóricos, lo que les da más valor.
- Y en este sentido, la presencia de no muchos pero sí muy eficaces símbolos: la llama, el manantial, las estrellas, la libélula y, el que más me ha gustado, las losas sueltas.
- La selección de las palabras, buscando la justeza y la sencillez más que el hueco ornamento.
- Y una y mil veces: la elegancia, la falta de estridencia, el curso sereno de la lengua y el pensamiento.

MIS POEMAS FAVORITOS

Libertad accidental
Asombro de vivir
Detención
Losas sueltas
Regreso
Libélula dorada
Exhalación
Flores silvestres
Impromptu desde mi balcón
Llama
Nuestra herencia
Salvedad

Y ALGUNOS VERSOS PARA TODA LA VIDA

Porque eres, vida, efímera;
y yo sigo el camino de mis sueños
(procurando sortear las losas sueltas).


Volver, vivir, amar, ¿qué más quiere la vida?


Memoria del olvido
en la pita que calla, en el sauce que sueña
y en el jazmín osado que sortea las sombras.


Si hay un dios para el mundo
ese dios es el mar.


Libélula dorada,
libélula dorada de la vida...
En mi jardín todo se queda quieto,
mirándose, mirándonos vivir.


Te confío mi sueño,
el hombre que no soy.


No somos herederos,
somos la herencia misma.


* * *

Muchísimas gracias, Paco, por lo que dices, por cómo lo dices, con todo mi corazón atravesado...




viernes, 23 de mayo de 2008

Segunda reseña



Estoy emocionado. Francisco Javier Díez de Revenga, Catedrático de Literatura Española en la Universidad de Murcia, ha publicado hoy esta preciosa reseña sobre mi libro en el Diario La Opinión. Pinchad sobre el documento para leerla.

jueves, 22 de mayo de 2008

Primera reseña

Hola, amigos. Santiago Delgado firma la primera reseña a La herencia invisible: "un libro que sabe a naturaleza, pero con la almendra de lo humano en su interior". Podéis leerla íntegramente en http://blogs.murcia.es/santdo/2008/05/17/la-herencia-invisible/.

Aprovecho para deciros que el próximo día 30 estaré, junto a Alexis Díaz-Pimienta, ganador del I Premio de Poesía Los Odres, en la Feria del Libro de Madrid presentando nuestros respectivos libros (18:00 horas) y, posteriormente, firmando ejemplares en la caseta de Calambur Editorial (de 19:30 a 21:30). Así que, si os acercáis por allí, no dudéis en pasar a saludarnos.

martes, 18 de marzo de 2008

Los Odres


Don quijote y los cueros de vino, por Gustavo Doré.

Sí, amigos: me han dado un premio de poesía; más concretamente, el accésit del I Premio Internacional de Poesía “Los Odres”, por mi libro La herencia invisible. En la Web de la Fundación López Rejas, que es la empresa que ha convocado y patrocinado el concurso, podéis recabar información. Yo me limitaré a decir que estoy tan contento como sorprendido. Supe por un amigo que mi libro era uno de los 16 finalistas tan sólo unos días antes de que me comunicaran el fallo del Jurado. Sinceramente, supuse que el premio se fallaría más bien pasado el verano y ni siquiera tuve tiempo para seguir el proceso ni de abrigar la más mínima esperanza. Me presenté al concurso el último día de plazo, creo recordar que el 14 de diciembre, ¡y el 22 de abril los libros estarán ya en nuestras manos! Para mí está siendo todo visto y no visto…, y me encanta esta sensación, porque sé de muy buena tinta lo larga que suele ser la espera desde que se culmina un libro y se abren perspectivas para su publicación hasta que finalmente se publica… ¡o no! ¡Pueden pasar siglos!

No voy a extenderme mucho más ahora. Pero no podemos olvidarnos de que este premio cuenta con un ilustre ganador: el cubano Alexis Díaz-Pimienta, poeta, novelista, ensayista, repentista, Director de la Cátedra Experimental de Poesía Improvisada y Subdirector de Desarrollo del Centro Iberoamericano de la Décima y el Verso Improvisado de La Habana, residente en Aguadulce (Almería), gran divulgador de la poesía oral y amigo y colega de los más legendarios troveros de mi tierra. Como comprenderéis, para mí, que soy devoto y practicante de la copla, además de músico al que le gusta improvisar, este hecho hace que se redoble mi alegría por compartir con él un nuevo premio (ambos fuimos galardonados, con cuatro años de diferencia, con el Antonio Oliver Belmás en Cartagena) un nuevo reconocimiento y una nueva andadura editorial. Ya hablaremos de Alexis y de su libro Fiesta de disfraces más detenidamente en este blog, os lo prometo.

Para finalizar, sólo quiero hacer mención a un hecho circunstancial puramente anecdótico. Como sabéis, el libro debía ser presentado bajo lema o bajo pseudónimo, y yo elegí esto último. Para asignarme un nombre, lo tuve fácil. Hay mucha gente que casi siempre se confunde y me llama Esteban, Salvador o Santiago en vez de Sebastián; lo eché a suertes y salió Santiago. Para ponerme un apellido, lo primero que se me ocurrió fue buscar en el DRAE palabras que comenzaran por “mon” –como Mondéjar, claro– e inmediatamente hubo una que me llamó la atención: montantada, que viene de montante y significa “jactancia vana” y, en una segunda acepción, “muchedumbre, excesivo número”. Así que no lo dudé: Santiago Montantada (y no “Montantanda”, como han venido anunciando en los medios). Me hacía gracia pensar que el pseudónimo encerraba un significado oculto; pero ahora descubro que contenía, además, una profecía, ya que Santiago, que viene de San Jacobo, es decir, de Jacob, quiere decir (aparte de yahhcob, “suplantador”, que es el significado que yo le atribuí) sobre todo yakob, que en hebreo no significa otra cosa que “el segundo”. Total, que yo creí presentarme como un “suplantador vano y jactancioso” (lo que no deja de tener 'molla') cuando en realidad lo estaba haciendo como “el segundo de la muchedumbre”.

Así de mágicas y misteriosas son a veces las palabras que uno elige.

HOTEL VÍA LÁCTEA. La revista 'El coloquio de los perros' dedica un gran monográfico a José Óscar López (Murcia, 1973-2024).

Portada del monográfico realizada por ÁNGEL MATEO CHARRIS. El pasado día 11, auspiciado por la Feria del Libro y el Aula de Poesía de la Uni...