Bueno..., ejem..., perdonad este engendro..., o imaginad que se trata de un mal poema visual. Lo cierto es que anoche, antes de irnos a cenar a casa de mi suegra, se me ocurrió abrir el correo y... fue tal la avalancha de mensajes con buenos deseos para el nuevo año que se me vino encima, casi todos acompañados de sus correspondientes tarjetas de felicitación (una de las especialidades del diseño gráfico que merecerían un capítulo aparte) que me sentí impelido a improvisar rápidamente algo con lo que corresponder a unos cuantos amigos. Recordé este autorretrato que me hice mirándome al espejo el día que cumplí los 50, es decir, hace ya casi tres años, y sin pensarlo dos veces coloqué sobre mi calva (dónde si no) el consabido rótulo celebratorio. Como no tuve tiempo de enviároslo a más de uno, lo cuelgo aquí y ahora sin rubor y... ¡Santas Pascuas!
Aunque para poema visual, el que nos dejó mi amigo Carlos en los comentarios a mi antepenúltima entrada:
Aunque para poema visual, el que nos dejó mi amigo Carlos en los comentarios a mi antepenúltima entrada:
