
Don quijote y los cueros de vino, por Gustavo Doré.
Sí, amigos: me han dado un premio de poesía; más concretamente, el accésit del I Premio Internacional de Poesía “Los Odres”, por mi libro La herencia invisible. En la Web de la Fundación López Rejas, que es la empresa que ha convocado y patrocinado el concurso, podéis recabar información. Yo me limitaré a decir que estoy tan contento como sorprendido. Supe por un amigo que mi libro era uno de los 16 finalistas tan sólo unos días antes de que me comunicaran el fallo del Jurado. Sinceramente, supuse que el premio se fallaría más bien pasado el verano y ni siquiera tuve tiempo para seguir el proceso ni de abrigar la más mínima esperanza. Me presenté al concurso el último día de plazo, creo recordar que el 14 de diciembre, ¡y el 22 de abril los libros estarán ya en nuestras manos! Para mí está siendo todo visto y no visto…, y me encanta esta sensación, porque sé de muy buena tinta lo larga que suele ser la espera desde que se culmina un libro y se abren perspectivas para su publicación hasta que finalmente se publica… ¡o no! ¡Pueden pasar siglos!
No voy a extenderme mucho más ahora. Pero no podemos olvidarnos de que este premio cuenta con un ilustre ganador: el cubano Alexis Díaz-Pimienta, poeta, novelista, ensayista, repentista, Director de la Cátedra Experimental de Poesía Improvisada y Subdirector de Desarrollo del Centro Iberoamericano de la Décima y el Verso Improvisado de La Habana, residente en Aguadulce (Almería), gran divulgador de la poesía oral y amigo y colega de los más legendarios troveros de mi tierra. Como comprenderéis, para mí, que soy devoto y practicante de la copla, además de músico al que le gusta improvisar, este hecho hace que se redoble mi alegría por compartir con él un nuevo premio (ambos fuimos galardonados, con cuatro años de diferencia, con el Antonio Oliver Belmás en Cartagena) un nuevo reconocimiento y una nueva andadura editorial. Ya hablaremos de Alexis y de su libro Fiesta de disfraces más detenidamente en este blog, os lo prometo.
Para finalizar, sólo quiero hacer mención a un hecho circunstancial puramente anecdótico. Como sabéis, el libro debía ser presentado bajo lema o bajo pseudónimo, y yo elegí esto último. Para asignarme un nombre, lo tuve fácil. Hay mucha gente que casi siempre se confunde y me llama Esteban, Salvador o Santiago en vez de Sebastián; lo eché a suertes y salió Santiago. Para ponerme un apellido, lo primero que se me ocurrió fue buscar en el DRAE palabras que comenzaran por “mon” –como Mondéjar, claro– e inmediatamente hubo una que me llamó la atención: montantada, que viene de montante y significa “jactancia vana” y, en una segunda acepción, “muchedumbre, excesivo número”. Así que no lo dudé: Santiago Montantada (y no “Montantanda”, como han venido anunciando en los medios). Me hacía gracia pensar que el pseudónimo encerraba un significado oculto; pero ahora descubro que contenía, además, una profecía, ya que Santiago, que viene de San Jacobo, es decir, de Jacob, quiere decir (aparte de yahhcob, “suplantador”, que es el significado que yo le atribuí) sobre todo yakob, que en hebreo no significa otra cosa que “el segundo”. Total, que yo creí presentarme como un “suplantador vano y jactancioso” (lo que no deja de tener 'molla') cuando en realidad lo estaba haciendo como “el segundo de la muchedumbre”.
Así de mágicas y misteriosas son a veces las palabras que uno elige.
No voy a extenderme mucho más ahora. Pero no podemos olvidarnos de que este premio cuenta con un ilustre ganador: el cubano Alexis Díaz-Pimienta, poeta, novelista, ensayista, repentista, Director de la Cátedra Experimental de Poesía Improvisada y Subdirector de Desarrollo del Centro Iberoamericano de la Décima y el Verso Improvisado de La Habana, residente en Aguadulce (Almería), gran divulgador de la poesía oral y amigo y colega de los más legendarios troveros de mi tierra. Como comprenderéis, para mí, que soy devoto y practicante de la copla, además de músico al que le gusta improvisar, este hecho hace que se redoble mi alegría por compartir con él un nuevo premio (ambos fuimos galardonados, con cuatro años de diferencia, con el Antonio Oliver Belmás en Cartagena) un nuevo reconocimiento y una nueva andadura editorial. Ya hablaremos de Alexis y de su libro Fiesta de disfraces más detenidamente en este blog, os lo prometo.
Para finalizar, sólo quiero hacer mención a un hecho circunstancial puramente anecdótico. Como sabéis, el libro debía ser presentado bajo lema o bajo pseudónimo, y yo elegí esto último. Para asignarme un nombre, lo tuve fácil. Hay mucha gente que casi siempre se confunde y me llama Esteban, Salvador o Santiago en vez de Sebastián; lo eché a suertes y salió Santiago. Para ponerme un apellido, lo primero que se me ocurrió fue buscar en el DRAE palabras que comenzaran por “mon” –como Mondéjar, claro– e inmediatamente hubo una que me llamó la atención: montantada, que viene de montante y significa “jactancia vana” y, en una segunda acepción, “muchedumbre, excesivo número”. Así que no lo dudé: Santiago Montantada (y no “Montantanda”, como han venido anunciando en los medios). Me hacía gracia pensar que el pseudónimo encerraba un significado oculto; pero ahora descubro que contenía, además, una profecía, ya que Santiago, que viene de San Jacobo, es decir, de Jacob, quiere decir (aparte de yahhcob, “suplantador”, que es el significado que yo le atribuí) sobre todo yakob, que en hebreo no significa otra cosa que “el segundo”. Total, que yo creí presentarme como un “suplantador vano y jactancioso” (lo que no deja de tener 'molla') cuando en realidad lo estaba haciendo como “el segundo de la muchedumbre”.
Así de mágicas y misteriosas son a veces las palabras que uno elige.
