.jpg)
Escritura jeroglífica egipcia incrustada en madera (s. IV a. C.)
Escucha tu silencio.
Todo vuelve al silencio del que parte.
Todo vuelve al silencio del que parte.
Silencio, escúchame.
Lo que soy no tiene nombre.
Mi nombre es un cuerpo.
Todos los días nazco del silencio.
El silencio esculpe nuestros nombres.
El silencio me llama.
El silencio es sincero.
El silencio es la única vía por la que puedo llegar a identificarme con el mundo en que vivo.
He escuchado el silencio que merezco.
No soy un hombre, soy una palabra; un código, una voz sin descifrar.
Todas las palabras encubren un silencio.
Palabras que insisten. Palabras que desisten. Palabras que entran sin llamar.
Midamos las palabras, pero ¿quién mide el silencio? Hay un miedo al olvido, pero hay quien teme los recuerdos.
Escribe tu camino. Sal del silencio andando.
Todas las palabras significan lo mismo.
Todos los silencios son distintos.
Todo habla por sí solo; pero no lo entendemos.
Todo es metáfora del hombre.
Hablar es un rodeo. Escribir es alterar la línea.
Me dice Clara: “¡Qué bonita es la palabra escritura!”
Escribir es un poder.
Escribir es traducir el silencio.
Escribir y hablar son modos de medir nuestro silencio.
Escribir es suplantar un vacío.
Escribir es lo que mejor no sé hacer.
Al leer lo escrito, leemos también lo no escrito.
Sólo deseo escribir cosas que cualquier hombre pueda comprender.
El papel es el espejo. La palabra es el rostro.
Me lavo los dientes. Esa gota de agua me está diciendo algo. Me llevo el cepillo en el bolsillo creyendo que es un bolígrafo.
A veces, la inspiración surge en el momento más inoportuno.
He escrito muchas tonterías, pero no me arrepiento. La mayoría de las veces, el sólo hecho de trazar las líneas me compensaba, me regalaba tiempo; un tiempo y un espacio sólo míos que hacían que me olvidara del tiempo y el espacio que los otros me imponían.
Yo soy un ignorante. A lo mejor por eso soy poeta.
El lenguaje nos ha hecho atrofiar el verdadero idioma.
Los animales no hablan; son discretos. Los animales callan por nosotros.
Hay cosas que el propio lenguaje no nos deja decir.
Lo importante no es el poema, sino aquello que lo origina.
Redundamos en la idea de que la poesía es “muy minoritaria”. Pero es que a veces los poetas, por nuestro modo de ser y de escribir, la hacemos más minoritaria todavía. En cierto sentido, puede que lo minoritario sea a su vez empequeñecedor.
En poesía, la autenticidad es mucho más importante que las palabras.
Las palabras no son más que eventuales rizos de la larga y lisa cabellera del silencio.
¿Por qué los poetas tendemos tanto a rizar el rizo, en vez de alisarlo?
Lo que soy no tiene nombre.
Mi nombre es un cuerpo.
Todos los días nazco del silencio.
El silencio esculpe nuestros nombres.
El silencio me llama.
El silencio es sincero.
El silencio es la única vía por la que puedo llegar a identificarme con el mundo en que vivo.
He escuchado el silencio que merezco.
No soy un hombre, soy una palabra; un código, una voz sin descifrar.
Todas las palabras encubren un silencio.
Palabras que insisten. Palabras que desisten. Palabras que entran sin llamar.
Midamos las palabras, pero ¿quién mide el silencio? Hay un miedo al olvido, pero hay quien teme los recuerdos.
Escribe tu camino. Sal del silencio andando.
Todas las palabras significan lo mismo.
Todos los silencios son distintos.
Todo habla por sí solo; pero no lo entendemos.
Todo es metáfora del hombre.
Hablar es un rodeo. Escribir es alterar la línea.
Me dice Clara: “¡Qué bonita es la palabra escritura!”
Escribir es un poder.
Escribir es traducir el silencio.
Escribir y hablar son modos de medir nuestro silencio.
Escribir es suplantar un vacío.
Escribir es lo que mejor no sé hacer.
Al leer lo escrito, leemos también lo no escrito.
Sólo deseo escribir cosas que cualquier hombre pueda comprender.
El papel es el espejo. La palabra es el rostro.
Me lavo los dientes. Esa gota de agua me está diciendo algo. Me llevo el cepillo en el bolsillo creyendo que es un bolígrafo.
A veces, la inspiración surge en el momento más inoportuno.
He escrito muchas tonterías, pero no me arrepiento. La mayoría de las veces, el sólo hecho de trazar las líneas me compensaba, me regalaba tiempo; un tiempo y un espacio sólo míos que hacían que me olvidara del tiempo y el espacio que los otros me imponían.
Yo soy un ignorante. A lo mejor por eso soy poeta.
El lenguaje nos ha hecho atrofiar el verdadero idioma.
Los animales no hablan; son discretos. Los animales callan por nosotros.
Hay cosas que el propio lenguaje no nos deja decir.
Lo importante no es el poema, sino aquello que lo origina.
Redundamos en la idea de que la poesía es “muy minoritaria”. Pero es que a veces los poetas, por nuestro modo de ser y de escribir, la hacemos más minoritaria todavía. En cierto sentido, puede que lo minoritario sea a su vez empequeñecedor.
En poesía, la autenticidad es mucho más importante que las palabras.
Las palabras no son más que eventuales rizos de la larga y lisa cabellera del silencio.
¿Por qué los poetas tendemos tanto a rizar el rizo, en vez de alisarlo?




.jpg)
