martes, 29 de abril de 2008

Félix Amador Gálvez, mago de las palabras


“Respiré hondo y me recosté en el sillón, preguntándome con placer qué había
mejor en la vida que unas palabras bien colocadas unas detrás de las otras.”

León Matosas, protagonista de Las palabras mágicas


La verdad es que tenía ya ganas de hablaros de Félix Amador Gálvez, pero nunca sospeché que lo haría por primera vez en este blog. Félix y yo nos encontramos hace unos cuantos meses navegando por los vastos caminos aéreos de la blogosfera, aunque aún no nos conocemos personalmente. En realidad fue él quien me encontró a mí, sin duda guiado por los vientos de su instinto, su pródigo afán de búsqueda, su pasión y su curiosidad ilimitada por todo lo que acontece en los derroteros del jazz. Un buen día topó con mi blog Sopa de hielo y me dejó un escueto comentario en mi entrada Prisca Dávila, frescura criolla. Supe así que capitaneaba un interesante y ameno blog con un sonoro y sugestivo título: Jazz, ese ruido. A raíz de aquel encuentro comencé a conocerlo a través de sus precisos y sensatos escritos sobre jazz, cuajados siempre de entusiasmo y generosidad, y desde entonces hemos venido manteniendo puntualmente una comunicación franca y fluida que ha ido poco a poco creciendo y cimentándose con naturalidad y confianza. Enseguida supe que realizaba también una íntima e intensa actividad como escritor, reconocida con no pocos galardones literarios y palpable en su exitoso blog Diario de un feo recién divorciado, lo que dio pie a que iniciáramos igualmente un estimulante intercambio de nuestras respectivas producciones literarias.

De este modo ha llegado hasta mis manos la excelente obra que hoy quiero encarecidamente recomendar aquí; una novela que no debería faltar en las estanterías de todos aquellos lectores que se precien de serlo o que, lisa y llanamente, necesiten vivir, viajar y disfrutar a través de las palabras. Desde las propias páginas de Las palabras mágicas (Lulú.com, 2007) se nos insiste en esta idea. En el capítulo titulado “El gran torbellino del mundo”, por ejemplo, Félix Amador Gálvez nos desgrana de forma impecable su propia concepción sobre el oficio de leer por boca del protagonista, el escritor y librero León Matosas, hallándose éste en el difícil trance de someterse a una rueda de prensa como autor inesperadamente encumbrado a las turbias cimas de la fama: “Una historia es diferente según quien la lee. Cada lector vive la historia y la siente, cada uno a su manera, según sus recuerdos y su capacidad para imaginar, según su estado de ánimo y su hambre de palabras, según su edad y su experiencia lectora, porque nada ni nadie debería interferirse entre la palabra y el corazón, y menos aún un crítico, y cuando digo crítico no me refiero a una autoridad en Cervantes o a un estudioso de Calderón... [...]. El lector debe nacer cada vez que abre un libro. Mire. Podemos dividir a la gente en dos grupos: los que disfrutan los libros y los que hacen de ellos objeto de estudio... [...]. Para unos, la literatura es una forma de vida interior, un pasadizo a otras vidas; para otros es un modo de ganarse el pan, respetable como todos los oficios, pero abominable desde el punto de vista ético, porque desvirtúa el fin para el que fue creado el libro, que no es otro que la sorpresa, el gozo, el sentimiento, nunca el crudo análisis. [...]. Tan sólo digo que no debemos vivir de los libros, sino leer como si viviéramos y vivir la vida como una aventura, vivir como si estuviéramos leyendo, entrar en los libros buscando en ellos lo que fuera no existe y salir a la calle buscando las metáforas que explican la vida.”

Eso, esencialmente, es Las palabras mágicas: una sensacional y apasionante aventura literaria, una novela impecablemente escrita y una fábula repleta no sólo de metáforas, sino también de numerosas referencias literarias y cinematográficas que dicen mucho acerca y en beneficio de su autor, un escritor a todas luces virtuoso y verdadero, un mago de las palabras. No en vano, al final del libro, en el apartado de “Notas y agradecimientos”, Félix nos confiesa “haber dedicado más tiempo de mi vida a leer que a cualquier otra actividad” y haber querido hacer “una novela como una canción, que hablara de amor y tuviera una letra pegadiza, una novela cuya banda sonora se pudiese oír en la soledad del ejercicio lector...”.

La sinopsis de esta novela, cuya acción transcurre en Madrid y en Huelva, aparece escuetamente resumida en su contraportada: "Una actriz española aupada al estrellato de Hollywood, un libro y un joven escritor con un don mágico: todo lo que escribe se hace realidad".

Félix Amador Gálvez nació en Moguer en 1965 y se define a sí mismo como “pintor, lector compulsivo y escritor por contagio”. Las palabras mágicas es su ópera prima de larga duración, aunque también ha dado a la luz numerosos cuentos y narraciones breves de índole muy diversa, e incluso algún que otro poema que salvó in extremis de la papelera. Recientemente ha publicado, también en Lulú.com, Diario de un feo recién divorciado, esto es, la transcripción de las entradas editadas en 2007 en su blog bajo el mismo nombre; un blog que sigue creciendo día tras día y que ha sido ya visitado por miles de personas de todos los continentes.

Evidentemente, yo no soy en absoluto un crítico, ni pretendo serlo. Tanto en asuntos literarios como musicales procuro siempre hablar tan sólo de lo que me gusta o de aquello que verdaderamente me alimenta. Y hacía tiempo que no leía de un tirón una historia tan cabal como Las palabras mágicas, en donde se dan cita la novela clásica y la novela negra, la novela de enredo y la novela de aventuras, el suspense y la magia, el humor y el romanticismo, hasta desembocar en un final vertiginoso y tremendamente inverosímil que ya quisieran para sí las películas de James Bond, pongo por caso. Sin olvidar que, en el fondo, y de nuevo cito textualmente una de las frases que figuran en la contraportada, se trata de “una ácida visión de la literatura en la era de los medios de comunicación, donde sobrevive la poesía por encima del dinero”.

Esperemos que un buen día un editor sensible y lúcido descubra que en Moguer, Huelva, cuna de uno de los más grandes poetas de la literatura universal, vive un escritor de raza que ama y respeta las palabras y sabe extraer de ellas, sin trucos ni alharacas, toda la magia y la frescura que comportan.



* * *

Anexo: otras citas dispersas de Las palabras mágicas


“Quería escribir mi historia de amor, por entonces inexistente, y quería hacerlo con la pasión de los clásicos y el descaro de los héroes.”

“Los fantásticos hechos que aquí se van a relatar trascienden esa frontera que separa el sueño y la consciencia, esa delgada línea donde se modelan las ilusiones, convirtiéndome a mí, su involuntario protagonista, en una bestia absurda, en un monstruo hijo de la imaginación de algún loco escritor gótico.”

“La Plaza de la Lealtad, con su habitual y apresurada tranquilidad y ese mudo cosmopolitismo de quien ha visto pasar los siglos sin inmutarse, arremolinaba serenamente los aires procedentes del Paseo del Prado.”

“Los editores tienen poder, es evidente, porque ellos levantan el pulgar que decide quién publica y quién no. Sólo ellos saben los libros que nos estamos perdiendo, pero el poder, el poder real, es un regalo que Dios puso en nuestra mente, es la facultad de vivir como propias las historias ajenas.”

“Comencé a escribir sin pensar ni aparentar, de la única manera que sé, esto es, narrando.”

“Tomé una hoja y me rasqué la frente. Era una especie de contraseña para empezar a escribir, como pulsar el interruptor de mi musa personal. Las ideas comenzaron a surgir.”

“La belleza sí existe, la poesía sí se materializa, los sueños se cumplen.”

“Tomé la taza de chocolate con ambas manos, dejando que el calor recorriese mi cuerpo como una medicina antigua.”

“Como bocadillos y apenas salgo de casa más que para comprar el pan de vez en cuando, soy un pobre anacoreta que se alimenta de libros, un aventurero imaginario al que todas las vicisitudes de los últimos días o semanas están sobrepasando.”


* * *


lunes, 31 de marzo de 2008

"El 'Guernica': Hipótesis iconográfica", por Juan Pablo Muñoz Zielinski



Mirar y ver: no existe un don mayor. Aunque no todos estamos igualmente capacitados para ello.

En 2001, la Real Academia Alfonso X El Sabio le dedicó un homenaje póstumo al ilustre académico y catedrático de Historia de la Lengua Española en la Universidad de Murcia Manuel Muñoz Cortés (Badajoz, 1915-Murcia, 2000), uno de los más reconocidos lingüistas españoles del siglo XX, intelectual consecuente y concienzudo, exquisito crítico literario y, lo que es más importante, un ser humano excepcional que nunca alardeó de su vasta cultura y su privilegiada inteligencia, sino que, antes bien, supo siempre mostrarse a nuestros ojos enormemente cercano, humilde, amable, bromista y coloquial. Su hijo Juan Pablo participó en aquel homenaje con un magnífico y sintético artículo titulado "El Guernica: Hipótesis iconográfica", una lúcida y novedosa interpretación del celebérrimo cuadro de Picasso de la que soy adepto desde que, hace unos meses, en Madrid, durante un descanso en la grabación del último disco de Banda Inaudita, Juan Pablo me regalara, para mi sorpresa, una separata editada por la Academia con el texto de su análisis.

No en vano, Juan Pablo Muñoz Zielinski es, además de compositor, violinista y guitarrista, Licenciado en Historia del Arte. Realizó estudios de composición con Montserrat Bellés y es autor de numerosas bandas sonoras para cine y televisión, con directores como Benito Rabal, Vicente Romero y Pedro de la Sota. Ha intervenido en numerosos espectáculos teatrales de distintos géneros junto a grupos como La Tartana, Dagoll Dagom, Centro Dramático Nacional y Teatro Nacional Clásico, con directores como Fernando Trueba, Adolfo Marsillach y César Oliva; y también ha interpretado violín flamenco durante muchos años para bailaores como Sara Baras, Antonio Canales, Joaquín Cortés y Merche Esmeralda. En el año 2000 fundó, junto a los clarinetistas Laura Villa y Santiago Puente, el grupo Banda Inaudita, que interpreta casi exclusivamente temas compuestos y producidos por él mismo (y aquí he de decir que en su último disco, Canciones Inauditas, en el que he tenido el honor, el placer y la fortuna de colaborar, Juan Pablo se nos ha revelado también como un excelente letrista). Su música es altamente rítmica y profundamente evocadora, con múltiples influencias clásicas, modernas y populares.

Dicho lo cual, aquí os dejo, para que disfrutéis, con su sagaz interpretación simbólica del Guernica.


* * *

El Guernica: Hipótesis iconográfica

Por Juan Pablo Muñoz Zielinski

A mi padre

Desde pequeño me acompaña la imagen de mi padre entre belenes y árboles de Navidad. Él vivía la Idea de la Navidad en un mundo de paz universal, y cultivaba con cariño su afición por todas las manifestaciones plásticas, musicales o literarias que tuvieran que ver con el tema. Cuando llegaban esas fechas todo eran paseos a comprar árbol, figuras de belén, corcho para los montes, musgo e incluso, me parece recordar, en alguna ocasión, panderetas y zambombas. Y luego, a casa, y a montar el belén, juntar la imagen nórdica del Abeto con la mediterránea del Portal de Belén. Y el Oratorio de Navidad de Bach y luego, los Auroros y sus Campanas, y la Misa de Gallo, y el Auto de los Reyes Magos de la pedanía de Churra, y los Villancicos de todo el mundo…

Todas estas cosas las sentía mi padre con intensa emoción y llegó a escribir un encantador cuento de Navidad, El Niño de Nieve, en el que sus hijos éramos los personajes de la historia. Es seguro que todo ello me ha sensibilizado especialmente hacia todo lo relacionado con la iconografía de la Navidad y ha influido en la interpretación que doy del cuadro Guernica de Pablo Picasso a través de la ideas que a continuación expongo.

Este artículo se presenta más bien a modo de ensayo o teoría que como trabajo de investigación estructurado y abundantemente documentado, ya que, por otro lado, ello no es necesario para lo que aquí se va exponer. Creo francamente que hasta ahora nadie ha apuntado en la dirección que voy a hacer, así que brindo estas ideas a todo aquel que desee profundizar en su verosimilitud, aunque es posible que para muchos no pasen de ser más que un cúmulo de curiosas coincidencias.

Bien es cierto que “interpretaciones” del Guernica hay muchas, pero, a la vez, creo que ninguna corroborada concretamente por testimonios del pintor, que siempre se limitó a callar. Todas esas lecturas han incidido siempre en los aspectos simbólicos contenidos en elementos parciales del cuadro tales como el “Desgarro del Toro Ibérico”, el Caballo-Guerra, la destrucción y barbarie de la guerra. Todo ello parece evidente e indiscutible, y, por ejemplo, Picasso en su obra de teatro Las Cuatro Niñitas alude continuamente al concepto de Caballo-Muerte.

Lo que a continuación voy a explicar no se contrapone ni está reñido con nada de lo ya dicho a lo largo de estos años y más bien lo puede reafirmar en una visión completa e integrada de todos los elementos a la vez que los relaciona iconográficamente entre sí.

La idea es simple y se muestra evidente a los ojos de cualquier observador, sea o no lego en la materia, al ver el Guernica de Picasso como representación de una Natividad.

Y todo el conjunto en un espacio interior que bien pudiera representar una cuadra, o, si se quiere, un Portal de Belén.

Si lo vemos así, la carga semántica que contiene este cuadro (símbolo de ideas que definen a una época y a varias generaciones) se multiplica en sus posibilidades y se universaliza.

No hay que olvidar que la idea de la “Muerte de Dios” era un concepto en boga para muchos filósofos de la época en la que fue pintado y Picasso bien pudiera no ser ajeno al tema. El cuadro fue encargado para la exposición de París de 1937, y parece ser que el pintor estaba trabajando en él cuando sucedió el bombardeo. Es posible que ante la impresión que le pudo causar tal acontecimiento “recondujera” su idea utilizando los conocidos bocetos que había ido preparando e integrándolos en una idea como esta.

De esta manera sería aún más feroz la crítica contra unas fuerzas que habían bombardeado una población civil, y premonición de la locura y contradicción en la que incurría una civilización cristiana que se encaminaba a su autodestrucción en la Segunda Guerra Mundial.

Los temas de composiciones religiosas no abundan en la obra de Picasso, exceptuando los de su temprana juventud, pero no se puede dudar de la capacidad del artista en cuanto a su cultura iconológica, aficionado como era a los ejercicios de estilo sobre grandes pintores de diversas épocas. El tema de la Natividad es uno de los más representados en la historia del arte y, con mayor motivo, la pirueta semántica que en este cuadro se pudiera haber desarrollado me parece aún más obvia.

Pero, como decía al comienzo, todo podría no ser más que meras especulaciones o un cúmulo de curiosas casualidades. Que juzgue el espectador.

Aunque no creo que a Picasso se le pudieran haber pasado por alto tantas casualidades.

* * *


El conjunto: una Natividad "bombardeada".


La Virgen con el niño muerto.



San José, hombre descuartizado con el icono popular
"Varita Florecida de San José" a modo de lanza rota.


Buey-Toro.

Asno-Caballo.


Ojo de Dios o, si se quiere, Estrella de Reyes Magos.


La Paloma, Espíritu Santo, casi desapercibida entre el Buey y el Asno.



Pastora adorando incrédula.



Ángel Anunciador, la forma etérea aterrada que irrumpe con un candil a modo de oriflama o filacteria angelical.



Pastor despavorido.



* * *


martes, 18 de marzo de 2008

Los Odres


Don quijote y los cueros de vino, por Gustavo Doré.

Sí, amigos: me han dado un premio de poesía; más concretamente, el accésit del I Premio Internacional de Poesía “Los Odres”, por mi libro La herencia invisible. En la Web de la Fundación López Rejas, que es la empresa que ha convocado y patrocinado el concurso, podéis recabar información. Yo me limitaré a decir que estoy tan contento como sorprendido. Supe por un amigo que mi libro era uno de los 16 finalistas tan sólo unos días antes de que me comunicaran el fallo del Jurado. Sinceramente, supuse que el premio se fallaría más bien pasado el verano y ni siquiera tuve tiempo para seguir el proceso ni de abrigar la más mínima esperanza. Me presenté al concurso el último día de plazo, creo recordar que el 14 de diciembre, ¡y el 22 de abril los libros estarán ya en nuestras manos! Para mí está siendo todo visto y no visto…, y me encanta esta sensación, porque sé de muy buena tinta lo larga que suele ser la espera desde que se culmina un libro y se abren perspectivas para su publicación hasta que finalmente se publica… ¡o no! ¡Pueden pasar siglos!

No voy a extenderme mucho más ahora. Pero no podemos olvidarnos de que este premio cuenta con un ilustre ganador: el cubano Alexis Díaz-Pimienta, poeta, novelista, ensayista, repentista, Director de la Cátedra Experimental de Poesía Improvisada y Subdirector de Desarrollo del Centro Iberoamericano de la Décima y el Verso Improvisado de La Habana, residente en Aguadulce (Almería), gran divulgador de la poesía oral y amigo y colega de los más legendarios troveros de mi tierra. Como comprenderéis, para mí, que soy devoto y practicante de la copla, además de músico al que le gusta improvisar, este hecho hace que se redoble mi alegría por compartir con él un nuevo premio (ambos fuimos galardonados, con cuatro años de diferencia, con el Antonio Oliver Belmás en Cartagena) un nuevo reconocimiento y una nueva andadura editorial. Ya hablaremos de Alexis y de su libro Fiesta de disfraces más detenidamente en este blog, os lo prometo.

Para finalizar, sólo quiero hacer mención a un hecho circunstancial puramente anecdótico. Como sabéis, el libro debía ser presentado bajo lema o bajo pseudónimo, y yo elegí esto último. Para asignarme un nombre, lo tuve fácil. Hay mucha gente que casi siempre se confunde y me llama Esteban, Salvador o Santiago en vez de Sebastián; lo eché a suertes y salió Santiago. Para ponerme un apellido, lo primero que se me ocurrió fue buscar en el DRAE palabras que comenzaran por “mon” –como Mondéjar, claro– e inmediatamente hubo una que me llamó la atención: montantada, que viene de montante y significa “jactancia vana” y, en una segunda acepción, “muchedumbre, excesivo número”. Así que no lo dudé: Santiago Montantada (y no “Montantanda”, como han venido anunciando en los medios). Me hacía gracia pensar que el pseudónimo encerraba un significado oculto; pero ahora descubro que contenía, además, una profecía, ya que Santiago, que viene de San Jacobo, es decir, de Jacob, quiere decir (aparte de yahhcob, “suplantador”, que es el significado que yo le atribuí) sobre todo yakob, que en hebreo no significa otra cosa que “el segundo”. Total, que yo creí presentarme como un “suplantador vano y jactancioso” (lo que no deja de tener 'molla') cuando en realidad lo estaba haciendo como “el segundo de la muchedumbre”.

Así de mágicas y misteriosas son a veces las palabras que uno elige.

viernes, 29 de febrero de 2008

El partido de la poesía


Juan Ramón Jiménez, por Daniel Vázquez Díaz.


Se escapaba febrero de puntillas y no veía el modo de hacer un alto en el camino para dejar constancia de que sigo vivo recién cumplidos los LII años. Pero el Tiempo, raras veces generoso, nos regala cada cuatro años un día más de vida y no podía dejar de aprovecharlo, al menos, para que en el archivo 2008 de este blog no se advirtiera la triste ausencia del mes en que nací.

Y puesto que estamos ya en la tortuosa recta final de las elecciones y los políticos se esfuerzan en que pongamos en nuestras bocas lo que sale por las suyas y rumiemos los unos frente a los otros sin entendernos (o sin querernos entender), os propongo la lectura de estos párrafos finales de El trabajo gustoso, de Juan Ramón Jiménez, y a ver qué sensaciones y reflexiones os produce. De paso, me permito preguntaros: ¿cuántos políticos en este país creéis que habrán leído este texto?

* * *

“Izquierdos, derechos y medios, grupos y más grupos, nombres y más nombres, jeroglíficos, etiquetas y estandartes que ya nadie sabe lo que significan y que en realidad no significan quizá nada, ¡qué superfluo todo! Un joven poeta amigo mío, a quien yo hablaba de esto, me dijo: "¿No se podría formar en el mundo el partido de la poesía?" El partido de la vida gustosa, añado, del trabajo agradable y completo. Y este partido no sería parte, porque en él cabríamos todos, sería el verdadero "estado único", estado de verdadera gracia, de verdadera gloria. En este "estado poético" todos estaríamos en nuestro lugar, estremistas o transijentes, de cada idea; que la poesía tendría la virtud de llevarnos a todos a nuestro propio centro, que es solo centro, centro con izquierda y derecha fundidas. Donde la inteligencia fracasa empieza el sentimiento. No sería necesario que nadie lejislara ni rijiera, verdadero, único comunismo posible. Pensemos bien en esto, una labor tan sencilla, que no estoy soñando.

Nada podrían ni tendrían que hacer, tampoco, contra esta totalidad, esplotadores del pueblo, derecha e izquierda, que en vez de elevarlo a lo mejor desde lo mejor que el pueblo tiene, quieren bajarlo a lo peor de lo peor que tienen ellos, tales que quieren formar un pueblo a imajen y semejanza de su bajo instinto. Nadie está más lejos del pueblo y del trabajo que estos trabajadores del trabajo y el pueblo, pozos de ambición, bestialidad y holganza, enemigos de la verdad y la poesía.

Las juventudes políticas que hoy se están preparando, ya lo sabemos, para administrarnos mañana o para administrar a los que han de venir después de nosotros, deben estarse preparando en la poesía, lo digo otra vez, la poesía del trabajo. Ordenados dignamente materia, tiempo y retribución del trabajo, llevada a nuestro lado la poesía, sustancia que sube la otra en la belleza principal, senda que saca nuestros sentidos a su oasis, ¿quién no querría trabajar, "ganar su vida" trabajando? Color para el pintor y el tintorero, nitidez para el poeta y el papelista, olor de madera para el científico y el carpintero, iris de agua para el contemplativo y el regador, ¡qué bellas compañías desde lo más elevado a lo más humilde! La ventaja del trabajo, en mi comunismo poético, del trabajo repartido y retribuido noble y justamente con arreglo a vocación y en una equilibrada exijencia, está en que se trabajaría por el trabajo; y aquí sí que se puede decir sin pérdida ninguna, arte por el arte, poesía por la poesía, esfuerzo como premio, según la ley para los espartanos cuando pedían para honra máxima de su poder gustoso la rama lijera y fugaz del perejil. Trabajo gustoso, respeto al trabajo gustoso, grado sumo de la vida. Y al lado del trabajo, y en él y el sueño, es decir, nuestra vida completa, trabajará, descansará y soñará con nosotros, como una realidad visible, la Poesía.”

miércoles, 9 de enero de 2008

León Molina, poeta por naturaleza


(Fotografía: Flora Molina)


Pude oírlo con claridad.
Mis labios dijeron "inmensidumbre"
mientras el paisaje se abría
como una granada madura.
Me llevo en la mochila
su áspero sabor
unido a mi palabra nueva.
Inmensidumbre.


(LEÓN MOLINA)



Conocí personalmente a León Molina a mediados de febrero del año pasado, con motivo de su lectura en la cafetería-librería Ítaca, aunque ya le conocía de vista desde finales, creo, de los setenta, cuando se vino a Murcia a estudiar Filosofía. Murcia era aún una ciudad pequeña y ambos compartíamos ambientes y garitos, e incluso amigos íntimos ; pero durante aquella época ignorábamos el uno del otro hasta nuestros nombres y ni siquiera llegamos a intercambiar una palabra. Nunca supe que escribía y nadie –ni nuestros amigos comunes– me habló nunca de él. Así que le conocí en esa lectura (para mí una de las más intensas y emotivas de las ocho programadas en el excelente ciclo de poesía sonuHunas, coordinado por Héctor Castilla y José Antonio Martínez Muñoz) también como poeta. Y a raíz de ese encuentro he llegado a conocerlo, además, como articulista, pues León Molina escribe desde hace años, en su columna denominada El Puente, artículos de opinión en la edición para Castilla-La Mancha del diario La Verdad; artículos personalísimos sobre los temas más variados que cada semana cuelga puntualmente en su blog con el mismo nombre (precisamente, hace unos meses le pedí permiso para publicar uno de ellos en mi blog de jazz).

Pero hoy quiero aproximaros exclusivamente a su quehacer poético; quiero decir: a su "inmensidumbre"; porque esa "palabra nueva" que le salió del alma e inmortalizó en el breve poema que abre esta entrada (León me lo dejó a modo de comentario el día de Noche Buena en Las islas pensativas VII) revela, pienso, mejor que ninguna otra su honda vocación como poeta y su concepto íntimo del hombre, del mundo y de la vida.

La poesía de León Molina bebe directa y esencialmente, como veréis, de la naturaleza, fuente de todas las fuentes, profundo y caudaloso manantial del que han bebido los más grandes poetas de la historia. León posee, además del nombre, un gran instinto y (entiéndaseme bien) una gran inteligencia animal que afloran plenamente cuando se adentra en el corazón de un bosque y trepa a un risco o desaparece entre la niebla; y es en ese encuentro casi místico, en esa comunión con su ser atávico donde el poeta extrae lo mejor y más auténtico de sí mismo.

Pero es mejor que lo leáis y que juzguéis por vuestra cuenta.

León Molina Pantiga nació en San José de las Lajas (La Habana, Cuba) en 1959, pero se trasladó muy pronto a Albacete, donde reside actualmente. Estudió Filosofía en Murcia y, antes de comenzar a ganarse la vida como consultor de dirección de empresas, desempeñó los más variados oficios. Ha ejercido el columnismo y la crítica musical en diversos periódicos y revistas y ha publicado los libros de poemas Señales en los puentes (1994) y El son acordado (2004), además de Breviario variable (edición no venal, 1997); libros que, a día de hoy, son ya prácticamente inencontrables. Muchos de sus poemas han visto la luz en diversas antologías y en revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Nueva Estafeta Literaria, Barcarola o La Siesta del Lobo. Los doce que he seleccionado en esta aproximación pertenecen al único de sus libros al que de momento he tenido acceso, El son acordado, gracias a que el propio autor me envió hace unos meses el borrador por correo electrónico. Dos magníficas citas iluminan la entrada a esta obra frondosa, anticipan su atmósfera y nos confían la cuna y la razón de ser de su espléndido título: una de Gonzalo de Berceo en Milagros de Nuestra Señora ("Yaciendo a la sombra perdí todos cuidados, /odí sonos de aves, dulces e modulados; / nunca udieron omnes órganos más temprados, / nin que formar pudiesen sones más acordados") y otra de Fray Luis de León en su Canción de la vida solitaria ("A la sombra tendido, / de hiedra y lauro eterno coronado, / puesto el atento oído / al son dulce, acordado, / del plectro sabiamente meneado"). Ambas citas encierran las claves primordiales de este libro: es en la soledad del ser donde tienen lugar los verdaderos milagros; es en la naturaleza donde emergen las verdades más íntimas del ser.

¡Buen provecho!


* * * * *


VIGOR DE LA AURORA

Tiene la mirada que sale de la noche una disponibilidad pura y entera,
pues que no hay en ella sombra de avidez.
(MARIA ZAMBRANO)


Era primavera y, en el mar azafranado,
el día naciente respiraba con tierno sentir
los fríos que muerden.
El aura delgada había precedido al tiro
de la Aurora.
(AUSONIO)



Salí al reclamo de la madrugada
en el denso bosque de pinos.
Una espesa niebla enturbiaba
la luz de luna llena
y acolchaba los primeros rayos
de un sol joven y vencido.
Eran tan nítidos los verdes,
ocres y grises
velados por aquella trama blanca,
olía de un modo tan real,
tan primigenio y atávico.

Abandoné a mis hijos
que en sus sacos dormían
cual crisálidas colosales
para adentrarme aún más
en el bosque embriagado.
Casi pude tomar el aire
blanco entre mis manos
y notarlo como un denso caudal
por mi interior viajando manso
hasta inundarme.

Descalzo caminé
sobre las hojas muertas
siguiendo como un faro
el ulular del búho.
Me desnudé aterido
y oriné con suprema libertad
de un modo nuevo y animal.

Abrazado a la tosca piel del pino
sentí que mi propia divinidad
se mostraba a mi corazón;
nada deseaba y fui dios.

El dios
que nunca me habían contado.


* * * * *


LA NAVE


Aún la luz empuja
a la espléndida nave.
Surcan las sierras
la memoria del día
alargando las sombras
como un lamento.
Varado en esta costa
añoro la partida,
el viaje repetido
en busca del silencio,
llegar hasta la noche
como al puerto olvidado
que dejamos un día
y ser con estos campos
una pérdida eterna, pura melancolía.


* * * * *


SOL DE ABRIL


Donde el ingrávido sentir asciende
desde el vaso antiguo de las formas.
Donde su hálito se abisma
tras la pantalla azul
del insondable cosmos.

En el etéreo derramadero.
Allí
pasa la inteligencia
ardiendo como un cometa.
Apuntándome.
Comienza desde allí
su dardo a traspasarme.

Sobre la hierba fresca yazgo herido
y todo lo que siento
lo entiendo.


* * * * *


EN LOS OJOS LUZ


Desde mis ojos llegan
pájaros carpinteros
y contemplo la savia de los pinos
y sus cristales prometidos.
Veo el aire manso
tironeando las orejas
del matorral inquieto.
Y aún me quedan ojos
para ver lo invisible;
veo el carácter que las formas
imprimen en el rostro de las cosas.
Veo la pena que fluye en el agua.
Veo el riesgo de creer importantes
las ideas dormidas
bajo el frescor de la apariencia.
Veo como nunca he visto,
soy un ojo que presto al mundo
para que a sí mismo se vea.


* * * * *


LLUEVO


La paz es una opción de la inteligencia
y la obscura nube de tormenta
que observo anclada en la montaña
es la materia íntima del pensamiento.
Lenta y rumorosamente lluevo
sobre la tierra amada.


* * * * *


ESPEJO


Donde el río esclarece
el color de los pinos
y en su lecho empedrado
los cantos pule,
veo mi rostro
temblando en el agua.
El agua que se va
ya sin mi rostro.


* * * * *


LA CASA EN OBRAS


Avanzo por la carretera
como el agua por el torrente.
Ana se mece
flotando en mí
como una hoja de otoño
y cada curva es un anzuelo
lanzado entre recuerdos.

Aquel vetusto coche
que, en primera y con paciencia,
ganaba la cuesta de El Berro
para nuestro júbilo candoroso.
Aquellas noches de verano
tajantes y tan quietas
en que la aurora entraba
como un marcador en los libros.
Aquellas soledades embriagadas
en inesperados senderos
que el sentimiento ofrece al caminante.
Aquella paz que tuvimos un día
y que aún hoy tenemos
remontando el curso del tiempo.

Por fin llegamos a la casa
para vigilar la reforma.
Todo marcha bien; encontramos
ya tabicados y enlucidos
aquellos antiguos deseos.

Y distraído el albañil pregunta
qué ha de hacer con nuestros nombres
que encontró
palpitando entre las piedras.


* * * * *


MÚSICA ENTRE LOS PINOS


Suena un oboe
entre los pinos
y los pífanos del arroyo
interpretan la melodía
que dibuja el atardecer.
Se incendian en mi corazón
los viejos violines del mundo
y bailo un vals arrebatado
en el transido bosque
como un loco
solo y perdido.
No temo que alguien me vea,
al contrario,
desearía que me vieran
todos cuantos conozco
y acabar con la leyenda
de mi nombre y apellidos,
desaparecer en la niebla
bailando como un loco
y que de mí no quede
ni memoria
en el pecho de un amigo,
sólo la música
sonando sola.


* * * * *

NATURALEZA

El camino secreto va hacia dentro
(NOVALIS)

Contengo lo grande elemental en mí
(JUAN RAMON JIMENEZ)


Pesa tanto del mundo el artificio
que la olvidada vibración del aire
en las agujas de los pinos basta
para que se derrumbe todo en mi corazón
y un instante de pureza,
una ilusión de libertad
me colme de su gozo.

A veces sucede que lo infinito
al pasar me hace un guiño,
se detiene y revuelve las melenas
que hace ya algunos años tuve.

El tiempo y la emoción son instrumentos
para ver lo invisible,
para ver aquello que es
siempre lo mismo.


* * * * *


VEO TU DESNUDA AUSENCIA


Recuerdo aquella montaña
en la que, jóvenes aún,
te desnudaste para mí
sobre un peñasco
y abriste los brazos al viento
y me miraste de aquel modo.

Esta montaña que contemplo
ahora, se parece a la de entonces.

Y permaneces tú
a pesar de los años,
quedándote ahora en casa
cuando subo montañas.

En verdad creo
que los montes se parecían.

Quiero que se parezcan.

Y que sigas ahí
aunque no hayas venido.

Aunque ya casi nunca vengas.


* * * * *


UNA CASA CON JARDÍN


Una casa
para esta parte de mi vida.
Un jardín
para mi voz hallada.
Algo pequeño y mío.
Serenidad. Reposo.
Emprender la última senda.
Y el mundo tan distante
que yo resulte

estar ya escrito


* * * * *


OUT SIDE


Ya perdí el pudor aquel
de mi pasada juventud.
Y digo que soy un romántico
y digo que soy un místico
y otras cosas que no se estilan.

Me he puesto gordo
y ser ateo
me parece una pérdida de tiempo.
He recortado mi melena
y mis convencimientos.
Siempre que puedo
vengo a la sierra,
paseo solo
o con mis hijos
y de ellos me sorprendo.

Ya perdí el pudor aquel
y voy aprendiendo en paz
a ser lo que soy.

Rodeado por la belleza
de estos montes
con alivio comprendo
que por fin

estoy pasado de moda.


* * * * *

HOTEL VÍA LÁCTEA. La revista 'El coloquio de los perros' dedica un gran monográfico a José Óscar López (Murcia, 1973-2024).

Portada del monográfico realizada por ÁNGEL MATEO CHARRIS. El pasado día 11, auspiciado por la Feria del Libro y el Aula de Poesía de la Uni...