











Hace unas semanas recibí de manos de mi amigo Pedro Marín el flamante nuevo libro de poemas de nuestro común amigo Joaquín García Villalba (Cieza, Murcia, 1953), Un don innecesario, recientemente publicado por la editorial Slovento. Precisamente, Pedro es el destinatario del único poema que aparece dedicado y que se titula ‘Caminos interiores’.
Conocí personalmente a Joaquín hace poco más de dos años como tutor y profesor de Historia de mi hija en el Instituto Licenciado Francisco Cascales. Por aquel entonces Pedro también daba clases allí, y mi amistad con él propició que pronto comenzase a compartir con Joaquín otros derroteros, entre ellos el de la poesía. Joaquín es muy buen tertuliano. A veces nos juntamos los tres para almorzar o tapear y nos dice modestamente (aunque no sin cierto deje de ironía) que él no es un poeta, sino un simple aficionado que no tiene vocación de nada. Y lo dice un hombre que es licenciado en Filosofía Pura, Filología, Geografía e Historia, Pedagogía y T. E. T. Incluso cuando le dije que comentaría algo en este blog sobre su libro, me insistió en que fuese moderado, que no quería sentirse eternamente endeudado conmigo por mis elogios.
Así que intentaré ser breve y comenzaré diciendo que, pese a sus referentes más o menos explícitos, Joaquín García Villalba escribe con un estilo y desde una perspectiva vital absolutamente personales, sin complacencias ni florituras y sin deberle nada a nadie.
El libro se abre con un poema de título nietzscheano, ‘El viajero y su sombra’ (el pensador alemán está muy presente a lo largo de todo el poemario), en donde el poeta se ve a sí mismo como un perro callejero (“Conozco a los hombres por su olor”, “A veces, sueño como un hombre”) que arrastra por las calles sus ilusiones y sus decepciones, sus recuerdos y su soledad, aunque ni la palabra viajero ni la palabra sombra aparecen en ningún verso de este poema; es un poco más adelante, en el titulado ‘Oscuro viaje’, cuando afirma: “Algo debió de pasar en el viajero / que habla con su sombra, / algo debió de pasar para que se siente / indiferente bajo las alamedas / y el sol se beba en el crepúsculo de su boca / el silencio gris de la soledad.”
No creo exagerar si digo que la soledad es la gran protagonista de este libro. Pero hay otro actor principal: el tiempo; un tiempo implacable pero en gran medida vencido o superado: “Amanece como algo sucedido” (se dice en ‘Amanece’); “Camino por el amanecer como un hombre / que quisiera no haber nacido todavía” (en ‘El camino’); “Pasan los días como caballos ciegos / ante mis ojos / desbocados por la furia de la historia” (en ‘Caballos ciegos’); “Ahora son los días un rumor impasible, / un don innecesario, la mansedumbre / del cuerpo gastado que regresa de un sueño, / la leve complacencia del que no espera nada / y se abandona en la arena como las aves / oceánicas, esperando los primeros rayos de sol” (en ‘Los arrecifes’). Y esta presencia del tiempo queda igualmente acreditada en muchos de los títulos: ‘Mañana’, ‘Siempre’, ‘Volver quisieras’, ‘Debe de haber otro tiempo’...
La misma mañana en que Pedro me hizo entrega del libro de Joaquín, aprovechó también para prestarme algunos libros de los que me había hablado anteriormente, entre ellos Las cosas del campo, de José Antonio Muñoz Rojas. Lo primero que leí al abrir este libro al azar fue una frase que Pedro subrayó nueve o diez años atrás: "¡Oh canción tan inútil y necesaria (...)!". Era la cita perfecta, la frase idónea para definir el espíritu del libro de Joaquín. Solitario y escéptico, Joaquín García Villalba hace uso de ese “don innecesario” porque en lo más hondo reconoce su utilidad para redimirse (aunque sea sólo un instante) y porque sabe que sacarlo a la luz y compartirlo es el mejor modo posible de celebrarlo.
Así que aquí os dejo con una breve muestra de ese don.
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Portada del monográfico realizada por ÁNGEL MATEO CHARRIS. El pasado día 11, auspiciado por la Feria del Libro y el Aula de Poesía de la Uni...