domingo, 13 de mayo de 2012

Dos poemas de José Moreno Villa


Abro al azar Poesías completas de José Moreno Villa y leo estos dos poemas:


ENTEREZA

En el nombre del verbo que a la rosa espolea,
que al mastuerzo fustiga y al heliotropo empuja,
quiero animar el coro, y no aventar más lágrimas
si no son como estrellas.

¿Qué más da que la nube cubra el signo del alba?
También las olas tapan árboles de corales.
Y nosotros tapamos las ramas coralinas
que nos dan existencia.

Lo importante es saber que las cosas se esconden;
y después, descubrirlas; y despues, manejarlas:
situar el lucero sobre vivos corales
y avanzar lentamente.

La vida es un poema trágico -ya lo sé-,
pero, habiendo pasión, la tragedia es hermosa.
Vengan, vengan misterios, nubes, telones, gasas,
y pasión para henderlos.

* * *

NO HAY CONSEJO POSIBLE

Fuera lógico, amigo, que al final de la vida
pudiéramos legar una norma o un consejo,
práctico, de moral o de táctica alegre;
algo para vivir con dignidad y gusto.

Porque mi angustia es ver con entera evidencia
que la vida es más grande, más llena de posibles,
más honda, más extensa, más íntima y sensual
que la tocada en suerte a cada ser humano.

Pero, amigo, no hay lógica. La experiencia no sirve.
Cada momento es nuevo hasta el rato final.
Todo cambia al contacto de nuevas convergencias.

Por eso los abuelos decían "Ya veremos...
Ya veremos qué día se presenta mañana".
Y es que cada minuto viene en combinaciones.

* * *

[José Moreno Villa en Voz en vuelo a su cuna (1955).
Poesías completas. Edición de Juan Pérez de Ayala.
COLEGIO DE MÉXICO / RESIDENCIA DE ESTUDIANTES, 1998.]


lunes, 23 de abril de 2012

Un poema de 1986




LOS CIELOS INQUIETANTES

Los cielos inquietantes se asoman a los días,
al barro de los días, a nuestra edad sin tiempo.
Los cielos inquietantes nos muestran silenciosos
nuestro destino extraño, nuestro único fin.


[Publicado en En un camino en el aire, Editora Regional de Murcia, 1994]


* * *

lunes, 9 de abril de 2012

Dos poemas de 1977




ADELFAS

Dos a dos nuestras horas cantan a la luna, el miedo
coge adelfas por entre los vientos.
Dos a dos se alejan las aves hacia las mil noches,
sus alas cruzándose amorosas, rozando la cabeza
de la eternidad.
En una noche sembraré rocíos de mi cuerpo vivo,
cuando en mi soledad me conozca tanto
como conozco las estrellas.

Ercid Scaguer, entre los hombres te vi pasar como alegre,
abriendo tus manos hacia todo con mágica destreza.
Oh, brujo, se produce el milagro del verso.
El ave grande te subió a su espalda tranquila, el sol
tímido tomó tus cabellos de oro,
bordó los suburbios de azares, de símbolos, de frescura.
Ercid Scaguer, y tú habías muerto.

Sí y no sufro por la cortedad de tu olor y el tiempo escaso.
¿Qué me sucede estos días, amor, de fruto en vano y de silencio?
Me dicen las hojas, amor, devotamente me lo dicen,
que tu pureza de ahora y tu suspiro,
tu ternura y tu océano más bello
arrancan de las nubes caricia inmensa.
Me dicen los gamos que siembras dibujos y estrellas
y que hasta mí desciendes desde el Mediterráneo.

Cogió el ballestero las redes y las casillas. De su pecho
crecieron las piñas y el hacha,
de su tronco la gris arena, el agua amarga
y los desdenes.
Corrieron al monte las adelfas, pobremente calladas,
sufriendo al sol.
Llevaron marinas a Carmen Rózar the column,
que estaba celando a su hombre muerto
en una noche de febrero.


[Murcia, 24 y 27 de junio de 1977. Publicado en Un camino en el aire. Editora Regional de Murcia, 1994]

* * *


LIBERTAD HACIA DENTRO
(Inédito)


I

Por qué el sol es esta soledad que te circunda como un reptil de fuego que reposa en las plantas. Vas hacia tu reencuentro y te ilumina. Siempre con esa fuerza que te pica, siempre con ese atril de luz que te provoca. Estás confuso. No dudas en decirlo. Y sin embargo todo eso te es inevitable y te anuncia la hora, que es mentira, pues sabes bien que no es definitiva.

Te busco y te deseo, pérdida entre las nubes. Con mis manos, con mi boca. Tal vez ya estás aquí. Recorro con los ojos las distancias. Son enormes.

- ¿A quién llamas?
- A nadie.
- Yo soy Nadie.

De una estrella a otra, de un alud a una ladera mi cuerpo permanece inmóvil. ¿Es esto un comienzo o una continuación? De nuevo estaré solo. Escucho los fraseos de una alondra. Partículas de ritmo. De desintegración.

La lluvia es un extenso pasadizo, un cauce al mar, y cada gota un poderoso océano. Las aves comprendieron el riesgo de ser libres. Acróbata en el agua, tus ojos entornados no trazan un camino. Aprecias el peligro, la sal en la saliva. Sientes tus propios límites tan pronto como saltas, sientes tu propio juego tan pronto como asombras. Transcribirlo te llevaría siglos. Escucha el corazón de las arenas, escucha cómo laten los instantes. Descifra lo inefable de un segundo. Penetrará en tu alma.

Cuántos años, cuántos y pocos años en tu cuerpo.

Y contemplas las piedras que a menudo acaricias para sentir su peso, la vívida presencia del peligro que dilata las horas.

Los ritos se insinúan, los instantes, los posibles disfraces de la cara, los pómulos, la boca. Nuestros hábitos, nuestras obligaciones. Ya se irá todo, lo impreciso, lo ingenuo, la vigilia. Habrá una puerta que se abre no sé cómo hacia un mar, un estante vacío, algún libro en tus manos. Esto es. Y sin embargo sé que es algo más, tanto más cuanto que desaparece, una lluvia o un riego en la sangre. Y se adivina cada gesto, cada relación inclinada al vacío. Allí es fácil que algo se repita. O carecer de alma, extraviarse allí donde uno es arbolado, volcado en las ideas.

Y te abandonaré al azar de un mañana intranquilo, para que verifiques. Tus deseos desbordan los lenguajes. Para que no suprimas las voces de la sombra. Descifra sus mensajes, lo nocturno, las frases encauzadas al olvido. Y no preguntes, no escuches el tiempo. Yo abrazaré tu cuerpo ausente. Yo te veré en la sombra.



II

Siempre cercano al agua, como el fuego egipcio, como el fuego que viaja entre los árboles, siempre cercano al cielo, abrazado a las piedras, consumiendo las ramas y las hojas con la ayuda del viento. Qué te dicen, tan lejos y tan cerca del lenguaje, los símbolos, tan vivos. Ocultan algún rastro, destruyen los caminos. Las voces de la hiedra, los trazos de la hiedra son tu nombre. Y por qué te sonríen. Por el mar, por tu alma de mar. Tú callas y te olvidas, y es lo mismo. Ni el túnel, ni la luz de los espejos. Te alejas de las horas, de las torres, del mar y de las naves hacia el cielo versátil, impreciso. Tus ojos en declive descansan en la bruma. O buscan otro fuego.

La soledad es tu reino, es tu riesgo, es el viento. Sí, la realidad es muda como el aire. Pero el viento transporta las palabras y su frío te hace sonreír: regresa a la ceniza, se esparce de la tierra a las estrellas. Flamígera alegría. Contemplas el desorden, la plata que se esconde indiferente, pues qué importa. Qué importa tu mirada tan sola hacia el silencio. Los ríos y la noche no los expresa el hombre. Me llega tu mirada, solitaria nieve. Eres música sobre las profundas aguas.

Libertad hacia dentro. Donde el silencio es un dios y la soledad un sueño único.


[Murcia, 1977]

lunes, 5 de diciembre de 2011

Dos coplas con telón de fondo


Eduardo Rosales: El naranjero de Algezares (1872).



[A UN CUADRO DE ROSALES]

¿Como se llamó este hombre
que pintó el maestro Rosales?
Sólo nos queda este nombre:
Naranjero de Algezares.

Miradlo, se le ve el alma.

Y junto a él, pensativo,
su asno dignamente orlado,
tan cabal y recogido
que al verlo me he preguntado:

"Y el burro..., ¿cómo se llama?".




* * *





Alejandro Franco: Calabaza (2011).



[A UNA CALABAZA QUE PINTÓ ALEJANDRO FRANCO]

Esta va para Alejandro,
pues sé que le gustará,
porque revela de un tajo
una rotunda verdad:

El que te echó en su capaza,
por ella se fijó en ti.
¡Cómo luces, calabaza,
tu profunda cicatriz!




[S. M., noviembre de 2011]



* * *

lunes, 28 de marzo de 2011

Greguería de Ortega



"Va tan tranquilo el caminito de tierra, y de repente -¡zas!- el camino de hierro lo atraviesa. Es cuestión de un instante, pero muy dolorosa, muy quirúrgica. Es una doble inyección de hierro que perfora el cuerpo del camino de tierra, lo traspasa de parte a parte. El pobre camino queda para siempre enfermo de aquel sitio, y es preciso entablillarlo con las dos vallas del paso a nivel y ponerle un practicante que vigile al lado. Con frecuencia, al pasar, vemos el trapo empapado en sangre que el practicante agita en señal de peligro."

[José Ortega y Gasset en Notas del vago estío (1925)]


HOTEL VÍA LÁCTEA. La revista 'El coloquio de los perros' dedica un gran monográfico a José Óscar López (Murcia, 1973-2024).

Portada del monográfico realizada por ÁNGEL MATEO CHARRIS. El pasado día 11, auspiciado por la Feria del Libro y el Aula de Poesía de la Uni...