viernes, 29 de febrero de 2008

El partido de la poesía


Juan Ramón Jiménez, por Daniel Vázquez Díaz.


Se escapaba febrero de puntillas y no veía el modo de hacer un alto en el camino para dejar constancia de que sigo vivo recién cumplidos los LII años. Pero el Tiempo, raras veces generoso, nos regala cada cuatro años un día más de vida y no podía dejar de aprovecharlo, al menos, para que en el archivo 2008 de este blog no se advirtiera la triste ausencia del mes en que nací.

Y puesto que estamos ya en la tortuosa recta final de las elecciones y los políticos se esfuerzan en que pongamos en nuestras bocas lo que sale por las suyas y rumiemos los unos frente a los otros sin entendernos (o sin querernos entender), os propongo la lectura de estos párrafos finales de El trabajo gustoso, de Juan Ramón Jiménez, y a ver qué sensaciones y reflexiones os produce. De paso, me permito preguntaros: ¿cuántos políticos en este país creéis que habrán leído este texto?

* * *

“Izquierdos, derechos y medios, grupos y más grupos, nombres y más nombres, jeroglíficos, etiquetas y estandartes que ya nadie sabe lo que significan y que en realidad no significan quizá nada, ¡qué superfluo todo! Un joven poeta amigo mío, a quien yo hablaba de esto, me dijo: "¿No se podría formar en el mundo el partido de la poesía?" El partido de la vida gustosa, añado, del trabajo agradable y completo. Y este partido no sería parte, porque en él cabríamos todos, sería el verdadero "estado único", estado de verdadera gracia, de verdadera gloria. En este "estado poético" todos estaríamos en nuestro lugar, estremistas o transijentes, de cada idea; que la poesía tendría la virtud de llevarnos a todos a nuestro propio centro, que es solo centro, centro con izquierda y derecha fundidas. Donde la inteligencia fracasa empieza el sentimiento. No sería necesario que nadie lejislara ni rijiera, verdadero, único comunismo posible. Pensemos bien en esto, una labor tan sencilla, que no estoy soñando.

Nada podrían ni tendrían que hacer, tampoco, contra esta totalidad, esplotadores del pueblo, derecha e izquierda, que en vez de elevarlo a lo mejor desde lo mejor que el pueblo tiene, quieren bajarlo a lo peor de lo peor que tienen ellos, tales que quieren formar un pueblo a imajen y semejanza de su bajo instinto. Nadie está más lejos del pueblo y del trabajo que estos trabajadores del trabajo y el pueblo, pozos de ambición, bestialidad y holganza, enemigos de la verdad y la poesía.

Las juventudes políticas que hoy se están preparando, ya lo sabemos, para administrarnos mañana o para administrar a los que han de venir después de nosotros, deben estarse preparando en la poesía, lo digo otra vez, la poesía del trabajo. Ordenados dignamente materia, tiempo y retribución del trabajo, llevada a nuestro lado la poesía, sustancia que sube la otra en la belleza principal, senda que saca nuestros sentidos a su oasis, ¿quién no querría trabajar, "ganar su vida" trabajando? Color para el pintor y el tintorero, nitidez para el poeta y el papelista, olor de madera para el científico y el carpintero, iris de agua para el contemplativo y el regador, ¡qué bellas compañías desde lo más elevado a lo más humilde! La ventaja del trabajo, en mi comunismo poético, del trabajo repartido y retribuido noble y justamente con arreglo a vocación y en una equilibrada exijencia, está en que se trabajaría por el trabajo; y aquí sí que se puede decir sin pérdida ninguna, arte por el arte, poesía por la poesía, esfuerzo como premio, según la ley para los espartanos cuando pedían para honra máxima de su poder gustoso la rama lijera y fugaz del perejil. Trabajo gustoso, respeto al trabajo gustoso, grado sumo de la vida. Y al lado del trabajo, y en él y el sueño, es decir, nuestra vida completa, trabajará, descansará y soñará con nosotros, como una realidad visible, la Poesía.”

miércoles, 9 de enero de 2008

León Molina, poeta por naturaleza


(Fotografía: Flora Molina)


Pude oírlo con claridad.
Mis labios dijeron "inmensidumbre"
mientras el paisaje se abría
como una granada madura.
Me llevo en la mochila
su áspero sabor
unido a mi palabra nueva.
Inmensidumbre.


(LEÓN MOLINA)



Conocí personalmente a León Molina a mediados de febrero del año pasado, con motivo de su lectura en la cafetería-librería Ítaca, aunque ya le conocía de vista desde finales, creo, de los setenta, cuando se vino a Murcia a estudiar Filosofía. Murcia era aún una ciudad pequeña y ambos compartíamos ambientes y garitos, e incluso amigos íntimos ; pero durante aquella época ignorábamos el uno del otro hasta nuestros nombres y ni siquiera llegamos a intercambiar una palabra. Nunca supe que escribía y nadie –ni nuestros amigos comunes– me habló nunca de él. Así que le conocí en esa lectura (para mí una de las más intensas y emotivas de las ocho programadas en el excelente ciclo de poesía sonuHunas, coordinado por Héctor Castilla y José Antonio Martínez Muñoz) también como poeta. Y a raíz de ese encuentro he llegado a conocerlo, además, como articulista, pues León Molina escribe desde hace años, en su columna denominada El Puente, artículos de opinión en la edición para Castilla-La Mancha del diario La Verdad; artículos personalísimos sobre los temas más variados que cada semana cuelga puntualmente en su blog con el mismo nombre (precisamente, hace unos meses le pedí permiso para publicar uno de ellos en mi blog de jazz).

Pero hoy quiero aproximaros exclusivamente a su quehacer poético; quiero decir: a su "inmensidumbre"; porque esa "palabra nueva" que le salió del alma e inmortalizó en el breve poema que abre esta entrada (León me lo dejó a modo de comentario el día de Noche Buena en Las islas pensativas VII) revela, pienso, mejor que ninguna otra su honda vocación como poeta y su concepto íntimo del hombre, del mundo y de la vida.

La poesía de León Molina bebe directa y esencialmente, como veréis, de la naturaleza, fuente de todas las fuentes, profundo y caudaloso manantial del que han bebido los más grandes poetas de la historia. León posee, además del nombre, un gran instinto y (entiéndaseme bien) una gran inteligencia animal que afloran plenamente cuando se adentra en el corazón de un bosque y trepa a un risco o desaparece entre la niebla; y es en ese encuentro casi místico, en esa comunión con su ser atávico donde el poeta extrae lo mejor y más auténtico de sí mismo.

Pero es mejor que lo leáis y que juzguéis por vuestra cuenta.

León Molina Pantiga nació en San José de las Lajas (La Habana, Cuba) en 1959, pero se trasladó muy pronto a Albacete, donde reside actualmente. Estudió Filosofía en Murcia y, antes de comenzar a ganarse la vida como consultor de dirección de empresas, desempeñó los más variados oficios. Ha ejercido el columnismo y la crítica musical en diversos periódicos y revistas y ha publicado los libros de poemas Señales en los puentes (1994) y El son acordado (2004), además de Breviario variable (edición no venal, 1997); libros que, a día de hoy, son ya prácticamente inencontrables. Muchos de sus poemas han visto la luz en diversas antologías y en revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Nueva Estafeta Literaria, Barcarola o La Siesta del Lobo. Los doce que he seleccionado en esta aproximación pertenecen al único de sus libros al que de momento he tenido acceso, El son acordado, gracias a que el propio autor me envió hace unos meses el borrador por correo electrónico. Dos magníficas citas iluminan la entrada a esta obra frondosa, anticipan su atmósfera y nos confían la cuna y la razón de ser de su espléndido título: una de Gonzalo de Berceo en Milagros de Nuestra Señora ("Yaciendo a la sombra perdí todos cuidados, /odí sonos de aves, dulces e modulados; / nunca udieron omnes órganos más temprados, / nin que formar pudiesen sones más acordados") y otra de Fray Luis de León en su Canción de la vida solitaria ("A la sombra tendido, / de hiedra y lauro eterno coronado, / puesto el atento oído / al son dulce, acordado, / del plectro sabiamente meneado"). Ambas citas encierran las claves primordiales de este libro: es en la soledad del ser donde tienen lugar los verdaderos milagros; es en la naturaleza donde emergen las verdades más íntimas del ser.

¡Buen provecho!


* * * * *


VIGOR DE LA AURORA

Tiene la mirada que sale de la noche una disponibilidad pura y entera,
pues que no hay en ella sombra de avidez.
(MARIA ZAMBRANO)


Era primavera y, en el mar azafranado,
el día naciente respiraba con tierno sentir
los fríos que muerden.
El aura delgada había precedido al tiro
de la Aurora.
(AUSONIO)



Salí al reclamo de la madrugada
en el denso bosque de pinos.
Una espesa niebla enturbiaba
la luz de luna llena
y acolchaba los primeros rayos
de un sol joven y vencido.
Eran tan nítidos los verdes,
ocres y grises
velados por aquella trama blanca,
olía de un modo tan real,
tan primigenio y atávico.

Abandoné a mis hijos
que en sus sacos dormían
cual crisálidas colosales
para adentrarme aún más
en el bosque embriagado.
Casi pude tomar el aire
blanco entre mis manos
y notarlo como un denso caudal
por mi interior viajando manso
hasta inundarme.

Descalzo caminé
sobre las hojas muertas
siguiendo como un faro
el ulular del búho.
Me desnudé aterido
y oriné con suprema libertad
de un modo nuevo y animal.

Abrazado a la tosca piel del pino
sentí que mi propia divinidad
se mostraba a mi corazón;
nada deseaba y fui dios.

El dios
que nunca me habían contado.


* * * * *


LA NAVE


Aún la luz empuja
a la espléndida nave.
Surcan las sierras
la memoria del día
alargando las sombras
como un lamento.
Varado en esta costa
añoro la partida,
el viaje repetido
en busca del silencio,
llegar hasta la noche
como al puerto olvidado
que dejamos un día
y ser con estos campos
una pérdida eterna, pura melancolía.


* * * * *


SOL DE ABRIL


Donde el ingrávido sentir asciende
desde el vaso antiguo de las formas.
Donde su hálito se abisma
tras la pantalla azul
del insondable cosmos.

En el etéreo derramadero.
Allí
pasa la inteligencia
ardiendo como un cometa.
Apuntándome.
Comienza desde allí
su dardo a traspasarme.

Sobre la hierba fresca yazgo herido
y todo lo que siento
lo entiendo.


* * * * *


EN LOS OJOS LUZ


Desde mis ojos llegan
pájaros carpinteros
y contemplo la savia de los pinos
y sus cristales prometidos.
Veo el aire manso
tironeando las orejas
del matorral inquieto.
Y aún me quedan ojos
para ver lo invisible;
veo el carácter que las formas
imprimen en el rostro de las cosas.
Veo la pena que fluye en el agua.
Veo el riesgo de creer importantes
las ideas dormidas
bajo el frescor de la apariencia.
Veo como nunca he visto,
soy un ojo que presto al mundo
para que a sí mismo se vea.


* * * * *


LLUEVO


La paz es una opción de la inteligencia
y la obscura nube de tormenta
que observo anclada en la montaña
es la materia íntima del pensamiento.
Lenta y rumorosamente lluevo
sobre la tierra amada.


* * * * *


ESPEJO


Donde el río esclarece
el color de los pinos
y en su lecho empedrado
los cantos pule,
veo mi rostro
temblando en el agua.
El agua que se va
ya sin mi rostro.


* * * * *


LA CASA EN OBRAS


Avanzo por la carretera
como el agua por el torrente.
Ana se mece
flotando en mí
como una hoja de otoño
y cada curva es un anzuelo
lanzado entre recuerdos.

Aquel vetusto coche
que, en primera y con paciencia,
ganaba la cuesta de El Berro
para nuestro júbilo candoroso.
Aquellas noches de verano
tajantes y tan quietas
en que la aurora entraba
como un marcador en los libros.
Aquellas soledades embriagadas
en inesperados senderos
que el sentimiento ofrece al caminante.
Aquella paz que tuvimos un día
y que aún hoy tenemos
remontando el curso del tiempo.

Por fin llegamos a la casa
para vigilar la reforma.
Todo marcha bien; encontramos
ya tabicados y enlucidos
aquellos antiguos deseos.

Y distraído el albañil pregunta
qué ha de hacer con nuestros nombres
que encontró
palpitando entre las piedras.


* * * * *


MÚSICA ENTRE LOS PINOS


Suena un oboe
entre los pinos
y los pífanos del arroyo
interpretan la melodía
que dibuja el atardecer.
Se incendian en mi corazón
los viejos violines del mundo
y bailo un vals arrebatado
en el transido bosque
como un loco
solo y perdido.
No temo que alguien me vea,
al contrario,
desearía que me vieran
todos cuantos conozco
y acabar con la leyenda
de mi nombre y apellidos,
desaparecer en la niebla
bailando como un loco
y que de mí no quede
ni memoria
en el pecho de un amigo,
sólo la música
sonando sola.


* * * * *

NATURALEZA

El camino secreto va hacia dentro
(NOVALIS)

Contengo lo grande elemental en mí
(JUAN RAMON JIMENEZ)


Pesa tanto del mundo el artificio
que la olvidada vibración del aire
en las agujas de los pinos basta
para que se derrumbe todo en mi corazón
y un instante de pureza,
una ilusión de libertad
me colme de su gozo.

A veces sucede que lo infinito
al pasar me hace un guiño,
se detiene y revuelve las melenas
que hace ya algunos años tuve.

El tiempo y la emoción son instrumentos
para ver lo invisible,
para ver aquello que es
siempre lo mismo.


* * * * *


VEO TU DESNUDA AUSENCIA


Recuerdo aquella montaña
en la que, jóvenes aún,
te desnudaste para mí
sobre un peñasco
y abriste los brazos al viento
y me miraste de aquel modo.

Esta montaña que contemplo
ahora, se parece a la de entonces.

Y permaneces tú
a pesar de los años,
quedándote ahora en casa
cuando subo montañas.

En verdad creo
que los montes se parecían.

Quiero que se parezcan.

Y que sigas ahí
aunque no hayas venido.

Aunque ya casi nunca vengas.


* * * * *


UNA CASA CON JARDÍN


Una casa
para esta parte de mi vida.
Un jardín
para mi voz hallada.
Algo pequeño y mío.
Serenidad. Reposo.
Emprender la última senda.
Y el mundo tan distante
que yo resulte

estar ya escrito


* * * * *


OUT SIDE


Ya perdí el pudor aquel
de mi pasada juventud.
Y digo que soy un romántico
y digo que soy un místico
y otras cosas que no se estilan.

Me he puesto gordo
y ser ateo
me parece una pérdida de tiempo.
He recortado mi melena
y mis convencimientos.
Siempre que puedo
vengo a la sierra,
paseo solo
o con mis hijos
y de ellos me sorprendo.

Ya perdí el pudor aquel
y voy aprendiendo en paz
a ser lo que soy.

Rodeado por la belleza
de estos montes
con alivio comprendo
que por fin

estoy pasado de moda.


* * * * *

lunes, 31 de diciembre de 2007

A Day In The Life

Diciembre

Se acaba el año y casi nada hice

de lo que en este tiempo, vagamente,

me había propuesto hacer. Pero escribí

unos cuantos poemas.

(Sé sincero

y di que lo demás no te importaba.)

Eloy Sánchez Rosillo

Elegías (1980-1983)

TRIESTE, Madrid, 1984

* * *

viernes, 28 de diciembre de 2007

POEMA DE LA TORRE



ÍNDICE:


1.- La veleta ...........................................................
2.- La campana .......................................................
3.- La torre ............................................................
4.- La puerta de la torre .............................................
5.- El sótano ...........................................................
6.- La mazmorra ......................................................






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De este poema no escribí más que el índice.











miércoles, 19 de diciembre de 2007

Música para ascensores (y 2)


Así que el viernes acudí a la librería para recoger mi pedido, pero me dijeron que aún no había llegado. El sábado por la mañana pasaba casualmente por allí y osé preguntar de nuevo: más de lo mismo. El lunes preferí darles algo más de margen para asegurarme que a la tercera fuera la vencida y opté por no ir. Hasta que ayer martes me dije: "Hoy no me pueden fallar". ¡Pero sí que pudieron...! Regresé a mi casa jurándome que hasta vísperas de Reyes no volvería a intentarlo. Cuando llegué, abrí desinteresada y rutinariamente el buzón y ¡oh, sorpresa...! ¡Entre las cartas del banco y algunas felicitaciones de Navidad de diversas entidades públicas y privadas sobresalía un sobre remitido por el propio José Daniel Espejo con Música para ascensores dentro! (¡Muchas gracias, compadre, es usted todo un caballero!) ¡Por fin tenía entre mis manos su esperado y laureado libro!

* * * * *

Después de leerlo un par de veces de un tirón, he hecho, creo, una amplia selección personal de los poemas que integran Música para ascensores, algunos de los cuales, como dije en mi anterior entrada, ya han sido puntualmente reseñados en nuestra blogosfera. Reconozco que, desde la perspectiva que me otorga ser padre, siento una predilección especial por el intenso y largo poema 'Miguelito battles the pink robots'. Y es que, como ya he dicho en más de una ocasión, la humanidad podría dividirse entre quienes somos padres y los que no lo son. Entre unos y otros existen grandes diferencias, os lo aseguro.

* * * * *

José Daniel Espejo nació en Orihuela (cuna y casa de grandísimos poetas y ciudad que por su proximidad geográfica, su huerta y sus costumbres considero más vinculada a Murcia que a Alicante) en 1975, es decir, el mismo año que ¿murió? Francisco Franco y en plena antesala de nuestra lenta –y yo afirmaría que aún inacabada– Transición. ¡Quién lo diría! Porque José Daniel no es uno de tantos jóvenes eternamente adolescentes, supuestamente modernos y carentes de memoria histórica que aún viven en casa de sus padres, que sólo piensan en consumir y en divertirse y que no se solidarizan con ninguna causa que no sea la suya propia. No. José Daniel Espejo es hoy todo un hombre concienciado de serlo, un responsable trabajador por cuenta ajena, un gran aficionado a la lectura y a la música, un poeta maduro, culto y reflexivo y un feliz y comprometido padre de familia que parece venir desde mucho más atrás en el tiempo. Y esa coherencia, esa perseverancia, quedan, claro, puntualmente reflejadas en su poesía, en su vida y en su forma de mirar el mundo.

En la solapa de Música para ascensores se nos da resumida cuenta de todo ello. Después de licenciarse en Filología Hispánica y antes de establecerse definitivamente en Murcia, residió en Sarajevo, Mánchester y Zagreb, “ejerciendo diversos oficios, desde lector becado de español hasta agente de una casa de apuestas”. Antes de ganar el XXI Premio Internacional de Poesía Antonio Oliver Belmás con Música para ascensores en 2006, el Sr. Espejo ya había publicado dos sendos libros de poemas: Los placeres de la meteorología (Nausicäa, Murcia, 2000), premio Poetas Colgados II, y Quemando a los idiotas en las plazas (Universidad de Murcia, 2001), accésit en la primera edición del Premio de Poesía Dionisia García. También ha colaborado como poeta, articulista y traductor en diversas revistas culturales y, además de deleitarnos con su verbo ágil y reivindicativo (no exento de un encomiable sentido del humor) en Trabajando con el vacío, ha publicado numerosas entrevistas con poetas contemporáneos en su otro blog, ¡Famosos en acción! Y, para que no nos quepan dudas sobre sus ideales y su sentido de la convivencia y la solidaridad, el texto de solapa nos revela al fin que nuestro insigne y consecuente poeta “milita en diversas organizaciones no gubernamentales y de izquierda, y tiene pareja y un hijo”.

¡Buen provecho!

* * * * *

1


A la derecha, con setenta
y muchos kilos de peso, 1’86 de altura,
el Poeta Espejo, el eterno aspirante,
el Zorro de Fuego de Tenochtitlán. A la izquierda
(y por encima, y por debajo, y todo alrededor),
sin peso conocido y sin altura,
el vigente campeón, el Negro Rivas,
el Puño de Oro del Atlántico Norte,
el Vacío.




2


Tú tan feliz, aprendiz de poeta,
pequeño padawan rodeado de maestros,
quién te advirtió contra esto: estar solo,
en medio del desierto de nieve, perdido
en el centro de la taiga, y verte rodeado
de océanos de tiempo, los mares de la noche,
el vacío sideral. Y aún así
echar a caminar, es decir:
empezar un poema.




LAS LIGAS MENORES


En las Ligas Menores
nunca sabe uno a quién combate.
En las Ligas Menores
es un lugar común decir que a uno mismo.
No olvidemos que son
las Ligas Menores
que es muy fácil olvidarse y desertar
que es inevitable preguntarse
si no es acaso a uno mismo a quien combates
si es posible en absoluto derrotarse
llegar a algún lugar allá
más allá de las Ligas Menores
y no salir derrotado, ni rendirse.




MIGUELITO BATTLES THE PINK ROBOTS


Yo que tanto sabía, sobre el papel, de la Nada
no sabía que la Nada consistía en despertarse
un lunes a las dos con la cama empapada
y que aquello fuera sangre, y que la sangre viniera
del útero de Charo embarazada de tres meses
de mi pequeño, mi amado, mi precioso hijo Miguel.

La Nada prosiguió en una sala de urgencias,
una médico que dijo que no había nada que hacer
y nos mandó para casa, a esperar un milagro,
durante dos días. Qué sabía yo, de la Nada,
o la Nada de mí, y ahí nos vimos las caras,
nos sacudimos bien. Y los días pasaron,
pero no como días normales hechos de tiempo,
sino como libros eternos, de páginas iguales.
Te dije tantas, tantas veces las mismas frases
que me dio miedo que te hartaras de mí.
Te dije agárrate, quédate ahí con la mamma,
te dije ven, o salta de este lado,
o dame la mano hasta que se olviden de ti
éstos que vienen a buscarte, y sobre todo
te dije, Miguel, tienes que ver esto,
tienes que ver esto, muchachito, vas a ver.

Entonces yo, que tanto había leído de la Nada,
me preguntaba sorprendido: ¿qué tiene que ver?
¿qué es eso que estás viendo tan valioso
ahora, tras tus cursos de la Nada,
tu licenciatura en Nada, qué hay que merezca
ser visto, que no te puedes perder?
Ah, era ésa una pregunta difícil.
Yo ya sabía la respuesta, pero aún
no podía formularla, y miraba
las montañas del sur de la ciudad
repletas de pinos tostados, los árboles de las aceras,
lo poco que a mediodía en julio se ve
sin gafas de sol ni haber dormido,
más que nada miraba las chicas,
las nubes en fuga, el cielo azul
y repetía: Miguel,
tienes que ver esto, cómo puedes decirme
que vas a dejarlo todo, que te largas
a estudiar el lenguaje de las sombras
con todo lo que tengo que enseñarte,
con todo lo que aún no has visto por aquí,
pequeño Miguel.

Y llegó el jueves como llega
hasta en las pesadillas el final de la escalera
y te vimos moverte en una ecografía
con el corazón a ciento diez, y sonreímos,
y a mí volvieron las voces a preguntarme
qué era eso que había que ver
tan importante, si no creía en la Nada
y en el Existencialismo, yo, tan leído,
que qué pasaba con Beckett, entonces, que le dijera
a él lo que a Miguel un poco antes,
que volviera al redil. Y contesté:
qué coño. Y repetí: qué coño, señores,
de acuerdo que no hay Dios, pero qué importa
si tenemos esto otro: las montañas,
el camino hacia la playa (en ese punto
los dejé solos y hablé para Miguel),
y la brisa del mar y los pasteles de carne
y la voz de Keren Ann y a Miyazaki
y los libros de Žižek y los pechos de tu mamma,
cómo puedes pensar en perdértelo sin probar,
cómo puedes desertar sin hacerte tu lista
de placeres irrenunciables, contrastándolos todos,
sabiendo de qué hablas cuando hablas de amor.
Otra cosa no te doy, pero es suficiente,
y a cambio nada pido. O si acaso
que no te hagas concejal de Urbanismo
ni traficante de armas, que no le cuentes
a las madres de tus amigos
las palabras que te enseño en este poema,
lo mal que hablamos, tú y yo, cuando decimos la verdad,
los terribles insultos que lanzamos a los siervos de la Nada.




LA CITA VESPERTINA


Estoy caminando sobre las piedras
por la ribera del río Ara
con un palo en la mano. Mi idea
consiste en tirarlo al principio de un rápido,
mirar cómo baja. Un amigo
me señala el fósil de un pez;
sigo dando saltos y todo esto,
cuando por fin me quedo solo ante la cascada,
me hace ver a mi madre y verme a mí
de enano por la playa, como en aquella
vieja foto en blanco y negro,
ya con algo de amarillo. Sólo las historias
que perdemos nos pertenecen,
dicen por ahí. Y ni este río
que baja haciendo ruido junto al pueblo
ni esta piedra de colores en mis manos
existen esta tarde, en este momento,
para nosotros dos.




CHARO Y OTROS POEMAS


Eres un poema, cierto, pero no uno de ésos
que se pudren en las páginas de oscuras
antologías del siglo dieciocho
o fanzines de los años noventa: tú eres uno
que todo el mundo se sabe, cuyos versos repiten
en la radio y en la escuela, y la gente se dice
ante una chica bonita, o si se hacen unas risas,
o son felices, o, sobre todo, al llegar a casa
mientras fuera está cayendo la tormenta del milenio.




XX


Amor,
Te he cosido a la piel de mis manos
Con una Máquina que hacía tictac.




B LUEGO C


Entrar en el Poema, como en la última
lancha de salvamento, y mirar hacia atrás:
mujeres, niños, padres de familia
hundiéndose en lo oscuro, perdiendo el sentido,
con labios morados por la hipotermia, sujetos
a ridículos tablones, pidiendo auxilio.
Encender un cigarrillo.




C LUEGO D


Entrar en el Poema, como en una caverna submarina,
sin cartografiar: mirar a ambos lados, tener cuidado
de no levantar arena, cruzar el punto
de no retorno, respirando tranquilos: ya hemos conquistado
la palabra esperanza.




LA INUNDACIÓN DE LOS CORREDORES


Encuentra el poema, lo sigue,
se dice ahora sí, el Gran Poema,
la música que hace brotar la maravilla,
las palabras del amor, que bien merecen
arrastrarse, como un viejo en una barca,
tras una tonelada de emperador, o mejor,
como un espeleólogo caverna abajo,
la luz de su honor por toda linterna
que sabe (¿acaso no aparece el sonido
del agua en su Poema?) que fuera,
por encima de él, está lloviendo
y que el agua de que hace
sus frases le bloquea la salida.




SIXPACK


El mundo se hunde, pero todas
las semanas le añado un poema
o dos mientras pienso en El Bosco
y en Lawrence Ferlinghetti. Y floto,
y el barco está hecho de huesos,
y las palabras pesan.




15


Hagamos un trato, prométeme que a través del tiempo,
cuando yo mismo insista en alejarme de mí mismo,
en negarme, en ensuciarme, en reírme de lo que quise,
tú me recordarás así, contigo aquí bajo la luna del solsticio
de este año 2005, tumbados en la cama sin hacer nada
y aún así librando una batalla. Que vamos a ganar.
Y yo haré por ti lo que me pidas.




FOTOMONTAJE


Como si todas las personas
que amo estuviesen muertas
y sus nombres borrados. Como si sólo
quedara
yo
y palabras como amor o amigos ya no fueran
más que signos perdidos en idiomas que nadie
puede descifrar. De ese modo
me baña el sol, me limpia el sol
entre los árboles
esta mañana.




DIMISIÓN DE LA PRIMERA PERSONA


Me complace nadar boca arriba
mirar constelaciones desconocidas
y escucharme respirando, pero más
me complace olvidarme de mí
quitarme de mi vista
bucear dormido: cerrar los ojos.




44


Mark Tansey


Cuando hablas pienso en hojas secas o en cortezas de árbol,
como ante ciertos poemas un recodo en el que el viento junta
bolsas vacías de plástico y folletos de propaganda:
un sonido muy leve en una existencia flotante,
bellas constelaciones quebradizas.
Despertarme después en la calle, haber estado
contemplando una hojarasca que se agita
de camino hacia el alba, tú no estás,
las palabras son bolsas vacías de supermercado,
y yo estoy bailando con Jacques Derrida al borde de un acantilado,
un último tango en París antes de entrar a buscarte.




LOS GRANDES TIBURONES


Nosotros que quisimos entregarnos
a la Teoría de la Literatura, recorrer
el prodigioso siglo XX en las obras tenaces
de formalistas, marxistas, o deconstructivistas,
etcétera etcétera henos aquí
rodeados de tiburones. Mira, fíjate,
una metáfora, dice alguien. Pero qué va:
los tiburones son reales.




POÉTICA DEL TUBO


Primero tomaremos una carretera de Montaña
Y a esta Montaña la llamaremos de muchas maneras
Una por cada uno de sus nombres
Que son muchos. Tras un número variable
De curvas llegaremos al Pantano
Y a este Pantano no lo llamaremos de ninguna
Manera pues no tiene nombre
O éste es secreto. Bucearemos.
Llegaremos al Pueblo sumergido
Y a este Pueblo lo llamaremos Infancia
Y buscaremos Nuestra Casa. A esta Casa
La llamaremos Nuestra. Abriremos la puerta,
Nos adentraremos. En el pasillo
Veremos una Línea Roja pintada en el suelo
Que no recordaremos, y a esta
Línea Roja la llamaremos El Punto
De No Retorno. Avanzaremos.
Buscaremos nuestro cuarto y en él
Un Tubo vertical, a la altura de la cara.
A este Tubo por fin lo llamaremos Poesía.
Por Él se puede hablar, se puede respirar,
Pero tendremos en cuenta que es ésta
Una alegoría de las realistas, que la casa
Se encuentra a muchos metros de profundidad,
Y costará trabajar los pulmones,
Y después no olvidaremos los ejercicios
De la indispensable descompresión.

* * * * *

HOTEL VÍA LÁCTEA. La revista 'El coloquio de los perros' dedica un gran monográfico a José Óscar López (Murcia, 1973-2024).

Portada del monográfico realizada por ÁNGEL MATEO CHARRIS. El pasado día 11, auspiciado por la Feria del Libro y el Aula de Poesía de la Uni...