miércoles, 17 de diciembre de 2008

"Un don innecesario", de Joaquín García Villalba



Uno de los mejores regalos que un amigo puede hacerme es un libro; si además ese amigo es el autor del libro, mejor aún; y si encima se sirve de un amigo común para hacérmelo llegar, el círculo que se cierra es impecable.

Hace unas semanas recibí de manos de mi amigo Pedro Marín el flamante nuevo libro de poemas de nuestro común amigo Joaquín García Villalba (Cieza, Murcia, 1953), Un don innecesario, recientemente publicado por la editorial Slovento. Precisamente, Pedro es el destinatario del único poema que aparece dedicado y que se titula ‘Caminos interiores’.

Conocí personalmente a Joaquín hace poco más de dos años como tutor y profesor de Historia de mi hija en el Instituto Licenciado Francisco Cascales. Por aquel entonces Pedro también daba clases allí, y mi amistad con él propició que pronto comenzase a compartir con Joaquín otros derroteros, entre ellos el de la poesía. Joaquín es muy buen tertuliano. A veces nos juntamos los tres para almorzar o tapear y nos dice modestamente (aunque no sin cierto deje de ironía) que él no es un poeta, sino un simple aficionado que no tiene vocación de nada. Y lo dice un hombre que es licenciado en Filosofía Pura, Filología, Geografía e Historia, Pedagogía y T. E. T. Incluso cuando le dije que comentaría algo en este blog sobre su libro, me insistió en que fuese moderado, que no quería sentirse eternamente endeudado conmigo por mis elogios.

Así que intentaré ser breve y comenzaré diciendo que, pese a sus referentes más o menos explícitos, Joaquín García Villalba escribe con un estilo y desde una perspectiva vital absolutamente personales, sin complacencias ni florituras y sin deberle nada a nadie.

El libro se abre con un poema de título nietzscheano, ‘El viajero y su sombra’ (el pensador alemán está muy presente a lo largo de todo el poemario), en donde el poeta se ve a sí mismo como un perro callejero (“Conozco a los hombres por su olor”, “A veces, sueño como un hombre”) que arrastra por las calles sus ilusiones y sus decepciones, sus recuerdos y su soledad, aunque ni la palabra viajero ni la palabra sombra aparecen en ningún verso de este poema; es un poco más adelante, en el titulado ‘Oscuro viaje’, cuando afirma: “Algo debió de pasar en el viajero / que habla con su sombra, / algo debió de pasar para que se siente / indiferente bajo las alamedas / y el sol se beba en el crepúsculo de su boca / el silencio gris de la soledad.”

No creo exagerar si digo que la soledad es la gran protagonista de este libro. Pero hay otro actor principal: el tiempo; un tiempo implacable pero en gran medida vencido o superado: “Amanece como algo sucedido” (se dice en ‘Amanece’); “Camino por el amanecer como un hombre / que quisiera no haber nacido todavía” (en ‘El camino’); “Pasan los días como caballos ciegos / ante mis ojos / desbocados por la furia de la historia” (en ‘Caballos ciegos’); “Ahora son los días un rumor impasible, / un don innecesario, la mansedumbre / del cuerpo gastado que regresa de un sueño, / la leve complacencia del que no espera nada / y se abandona en la arena como las aves / oceánicas, esperando los primeros rayos de sol” (en ‘Los arrecifes’). Y esta presencia del tiempo queda igualmente acreditada en muchos de los títulos: ‘Mañana’, ‘Siempre’, ‘Volver quisieras’, ‘Debe de haber otro tiempo’...

La misma mañana en que Pedro me hizo entrega del libro de Joaquín, aprovechó también para prestarme algunos libros de los que me había hablado anteriormente, entre ellos Las cosas del campo, de José Antonio Muñoz Rojas. Lo primero que leí al abrir este libro al azar fue una frase que Pedro subrayó nueve o diez años atrás: "¡Oh canción tan inútil y necesaria (...)!". Era la cita perfecta, la frase idónea para definir el espíritu del libro de Joaquín. Solitario y escéptico, Joaquín García Villalba hace uso de ese “don innecesario” porque en lo más hondo reconoce su utilidad para redimirse (aunque sea sólo un instante) y porque sabe que sacarlo a la luz y compartirlo es el mejor modo posible de celebrarlo.

Así que aquí os dejo con una breve muestra de ese don.


* * *



ADOLESCENCIA


Éramos extraños, odiosamente insolentes,
oscuros y suicidas.
En verano, al salir de la fábrica,
nos reuníamos en el embarcadero
y pasábamos la noche cazando murciélagos
y saltando de los álamos al río.
Al amanecer, con motos viejas y ruidosas
recorríamos el pueblo y nos parábamos
en las faldas del castillo para fumarnos el sol,
cantando a Dylan.
Siempre íbamos de negro, con melenas de brea,
con un soplo cósmico bajo la piel,
envueltos en olas de marfil y fuego metafísico.
Nos gustaba leer en los cementerios, recitar a Baudelaire
junto a los muertos y dormirnos contando las estrellas
entre las flores y los nichos,
pero sobre todo, nos fascinaba pintar las casas
de los burgueses con frases del sesenta y ocho
y seducir a sus hijas.
Éramos frágiles, rudos, sentimentales,
adolescentes arrojados a un mundo
que despreciábamos,
inventando una vida que nunca sería nuestra,
siempre, como una premonición, acompañados
de una extraña desilusión y melancolía.


* * *


CANTÁBRICO


Nos quisimos siempre,
como un viejo vínculo de sangre
sellado por la niebla,
con cuerpos de agua, con almas de agua,
desposeídos de la mansedumbre,
encadenados al vértigo del viento,
hechizados por una voraz historia de conquista.
Igual para igual, sin complacencia,
con el furor invisible del alba en la frente,
con ojos grises donde gravita la lluvia,
donde pequeños pájaros tejen sobre el cielo
imposibles acantilados y arrecifes.
Nos queremos siempre,
con el remordimiento del fuego y su renuncia,
con el gesto alto y verde de los robles,
bajo la luna extinguida de los faros,
bajo el insomnio pálido de las grúas.

Y nos querremos siempre,
como dos bocas rotas por la melancolía,
como la honda que guarda el calor de la piedra
y derrama en el aire su aroma cautivo.
En las noches del sur oigo tus pasos,
Viveiro, Llanes, Comillas, escucho
los caballos rebeldes del mar de poniente,
golpeando con sus crines de plata
los puertos y las rías.
Nos querremos siempre,
será una absolución, mar y hombre,
cuerpos de agua, almas de agua,
dos amantes frente a frente, hechizados
por una voraz historia de conquista.


Joaquín García Villalba:
Un don innecesario.
Editorial Slovento. Madrid, 2008.


* * *

lunes, 1 de diciembre de 2008

Octava reseña


"El ser viviente". Así tituló Ramón Jiménez Madrid su reseña a La herencia invisible, aparecida el pasado día 14 en el diario La Opinión y de la que tuve noticia unos días después merced a un amigo atento. Finalmente conseguí hacerme con un ejemplar y la he digitalizado. Si pincháis sobre ella podréis leerla más cómodamente.

sábado, 1 de noviembre de 2008

Buenos augurios



Octubre dijo adiós con luminoso abrazo...

Lo primero que hago todas las noches antes de acostarme y todas las mañanas después de levantarme es salir al balcón y mirar el cielo. Día tras día y noche tras noche les voy diciendo hola y adiós a todos los cielos de todos los días y todas las noches de todos los meses del año. Pero ayer, a las ocho de la mañana, fue octubre quien me dio los buenos días de este modo. Para despedirse a lo grande. Ayer precisamente, víspera de Todos los Santos... ¡Eso si que fue un camino en el aire!

En la mitología de numerosas culturas, el arco iris es el puente que liga lo temporal con lo espiritual, el símbolo de la unión entre el cielo y la tierra. Para los antiguos, su aparición después de una tormenta significaba la presencia de una divinidad benefactora. Sin ir más lejos, para los cristianos simboliza el perdón de Dios. Según la tradición tántrica hindú y budista, el estado más elevado que se puede alcanzar con la meditación es el llamado cuerpo-arco iris, mediante el cual el cuerpo se disuelve en la luz del arco iris y la vida terrestre se muestra como insustancial.

En fin..., ¡buenos augurios!















jueves, 30 de octubre de 2008

"Desde fuera", de Álvaro Valverde



"Pues parece que todo nos esconde / en esta encrucijada que habitamos". Así comenzaba uno de los poemas de Álvaro Valverde aparecidos en abril de 1987 en aquel número 12 de El Urogallo que ambos compartimos junto a otros poetas, casi todos, por entonces, absolutamente inéditos. Hasta ese momento, Álvaro sólo había publicado un libro (Territorio) y dos 'plaquettes' (Límites y Sombra de la Memoria), pero ya advertíamos en él a un poeta serio, profundo y contemplativo. El paso de los años, su lealtad. su constancia, nos han dado la razón y hoy es, además, un poeta maduro y consagrado, autor de libros como Las aguas detenidas, Una oculta razón, A debida distancia, Ensayando círculos, Mecánica terrestre y el que ahora nos ocupa, Desde fuera, que ha visto la luz en Tusquets hace sólo unos meses.

El libro, escrito entre los años 2000 y 2007, está dividido en seis partes. Para esta muestra he escogido seis poemas pertenecientes a tres de ellas. El primero, que corresponde a Desde dentro, fue leído por Álvaro en el Museo Ramón Gaya el pasado día 7 y tuve la osadía de grabarlo con mi pequeña cámara de fotos digital. La calidad de imagen y sonido, que ya dejaba mucho que desear, disminuyó considerablemente al volcar el vídeo en la red; pero ahí queda como testimonio de aquella entrañable lectura en su primera visita a Murcia. He ilustrado el poema, además, con una de las muchas estampas que el magistral Santiago Rusiñol realizó de los Jardines de Aranjuez.

El segundo poema que he seleccionado es el tercero de los cuatro que componen Entonces la muerte, una de las secciones con las que más me identifico. Su forma de hablar de la muerte, de entenderla y sentirla, se parece mucho a la mía. Perdonadme la inmodestia, pero creo que en estos poemas hay versos que podría haber escrito yo. La fotografía que lo acompaña es una composición mía realizada con una calavera de plástico y un esqueleto fluorescente con los que suele jugar mi hijo.

Finalmente, he elegido cuatro poemas de la serie Imaginario, otra de las que por su fuerza y hondura más me gustan. Se trata de poemas inspirados en cuadros del pintor extremeño Godofredo Ortega Muñoz, paisajes secos y semidesérticos que inmediatamente me transportaron a las tierras baldías y los campos de secano de nuestra región, ese otro rostro desnudo del paisaje murciano que tanto atrajo a uno de nuestros mejores paisajistas: Manuel Avellaneda. Es por ello que me he tomado la libertad de ilustrar los poemas con dos pinturas suyas: el tríptico "Entre Albudeite y Campos del Río" y "Tierra seca, I". Estoy seguro de que Álvaro Valverde se estremecería ante esos mares sedientos de Albudeite, Cieza, Blanca, Archena, Campos del Río…, o contemplando desde lo más alto de la Cresta del Gallo lo que nosotros llamamos El Paisaje Lunar. A ver si vuelve pronto a Murcia y los conoce.

* * *

(De DESDE DENTRO)




MEDITACIÓN EN LOS JARDINES DE ARANJUEZ

No es la estación del año más propicia
para que el esplendor de estos jardines
se muestre por entero. En primavera,
el verde renovado de las hojas
contrasta con los tonos de las flores;
en otoño, es la gama de ocres quien impone
belleza a esa nostalgia
que destila su zumo
de las sombras frondosas del verano.
Pero ahora, en invierno,
ni siquiera la luz de este sol de febrero,
ni la seca y solemne majestad de los árboles,
ni el silencio escondido tras el canto de un pájaro
son capaces de dar la medida precisa
de ese sueño que alguien ideó como réplica
del viejo paraíso.
Y, sin embargo, ahí
es donde en realidad está el sentido
de esta creación del ser humano:
en la apagada música que brota
del fondo de un jardín
cuando el mundo dispone una ausencia de vida
y parece que todo permanece en la muerte.

* * *

(De ENTONCES LA MUERTE)


3

En realidad, no sé
si vamos al encuentro de la muerte
o si venimos ya de su certeza.
No me recuerdo ajeno, de algún modo,
a su alargada sombra sigilosa.
Estaba allí en lo oscuro, en las estancias,
al fondo del pasillo, en la penumbra
de aquel mismo rincón en el que ahora
estoy acurrucado contra el tiempo.
Estaba en las palabras susurradas
y estaba en los silencios clamorosos
y en los ojos tristísimos y húmedos
de mis padres volviendo de la iglesia
sin más explicaciones que las tópicas.
Estaba allí, sin duda,
y siempre ha estado
haciéndome la misma compañía
y sé perfectamente cómo huele,
y las formas que adopta y reconozco,
como si fueran mías, sus mentiras.
Por eso dudo si vamos a morir
o de una vez por todas dejaremos
de estar ya en vida muertos.

* * *

(De IMAGINARIO)


II

Otra vida secreta crece ahí,
bajo las piedras abrasadas,
por entre las retamas.

Ése es el reino oscuro
del sombrío alacrán.
El luminoso
del lagarto ocelado,
que bebe el sol candente
sobre las rocas.


VI

Amo la sequedad.

Es una mancha
que se adhiere indistinta
a la propia mirada
y produce en el alma
un estado sereno.

Es como un filtro ocre
que tiñe cuanto vemos
del color de las cosas
que de veras importan.

Es la clara noticia
de la otra ladera:
donde ocurren sucesos
que carecen de nombre.



X

Este es el negativo
de una imagen real.

Detrás de este paisaje
desierto y destruido
está la fuente umbría
que vi entre los alisos.

Tras el eco monótono
de la agreste cigarra
se esconde el canto puro
de un pájaro emboscado.

Oculta este olor seco
de hierbas agostadas
el aroma fragante
de las flores silvestres.


XVIII

Es de otro mar
del que proviene
este desierto:
de un mar originario,
anterior inclusive
al de las aguas.


ÁLVARO VALVERDE
(Desde Fuera. Tusquets Editores, 2008)

martes, 21 de octubre de 2008

Séptima reseña


Álvaro Valverde

El pasado día 7 conocí en persona al poeta Álvaro Valverde, con quien hace más de veinte años compartí un número especial de la revista El Urogallo en el que se hacía un repaso de la poesía joven de entonces. Vino a presentar al Museo Ramón Gaya su último libro, Desde fuera (Tusquets Editores, 2008), y me tomé la libertad de hacerle algunas fotos y grabar con la propia cámara la lectura de uno de los poemas, "Meditación en los Jardines de Aranjuez", que posiblemente reproduzca en este blog siempre que a él no le parezca mal. Después de la lectura, aproveché para presentarme, mostrarle un ejemplar de aquella antología de El Urogallo en la que salían nuestras fotos y regalarle mi último libro, La herencia invisible. Sobre su visita a Murcia ya había hablado Álvaro puntualmente en su cuaderno de bitácora (http://mayora.blogspot.com/2008/10/carta-de-murcia.html), pero hace unos días me dió una sorpresa muy grata publicando esta reseña. No acabo de acostumbrarme a que se hable de mí por mi poesía, pero confieso que me gusta mucho el cariz de los comentarios que hasta ahora ha suscitado mi libro. Muchas gracias, Álvaro. Brindo por un pronto reencuentro.

HOTEL VÍA LÁCTEA. La revista 'El coloquio de los perros' dedica un gran monográfico a José Óscar López (Murcia, 1973-2024).

Portada del monográfico realizada por ÁNGEL MATEO CHARRIS. El pasado día 11, auspiciado por la Feria del Libro y el Aula de Poesía de la Uni...