martes 29 de abril de 2008

Félix Amador Gálvez, mago de las palabras


“Respiré hondo y me recosté en el sillón, preguntándome con placer qué había
mejor en la vida que unas palabras bien colocadas unas detrás de las otras.”

León Matosas, protagonista de Las palabras mágicas


La verdad es que tenía ya ganas de hablaros de Félix Amador Gálvez, pero nunca sospeché que lo haría por primera vez en este blog. Félix y yo nos encontramos hace unos cuantos meses navegando por los vastos caminos aéreos de la blogosfera, aunque aún no nos conocemos personalmente. En realidad fue él quien me encontró a mí, sin duda guiado por los vientos de su instinto, su pródigo afán de búsqueda, su pasión y su curiosidad ilimitada por todo lo que acontece en los derroteros del jazz. Un buen día topó con mi blog Sopa de hielo y me dejó un escueto comentario en mi entrada Prisca Dávila, frescura criolla. Supe así que capitaneaba un interesante y ameno blog con un sonoro y sugestivo título: Jazz, ese ruido. A raíz de aquel encuentro comencé a conocerlo a través de sus precisos y sensatos escritos sobre jazz, cuajados siempre de entusiasmo y generosidad, y desde entonces hemos venido manteniendo puntualmente una comunicación franca y fluida que ha ido poco a poco creciendo y cimentándose con naturalidad y confianza. Enseguida supe que realizaba también una íntima e intensa actividad como escritor, reconocida con no pocos galardones literarios y palpable en su exitoso blog Diario de un feo recién divorciado, lo que dio pie a que iniciáramos igualmente un estimulante intercambio de nuestras respectivas producciones literarias.

De este modo ha llegado hasta mis manos la excelente obra que hoy quiero encarecidamente recomendar aquí; una novela que no debería faltar en las estanterías de todos aquellos lectores que se precien de serlo o que, lisa y llanamente, necesiten vivir, viajar y disfrutar a través de las palabras. Desde las propias páginas de Las palabras mágicas (Lulú.com, 2007) se nos insiste en esta idea. En el capítulo titulado “El gran torbellino del mundo”, por ejemplo, Félix Amador Gálvez nos desgrana de forma impecable su propia concepción sobre el oficio de leer por boca del protagonista, el escritor y librero León Matosas, hallándose éste en el difícil trance de someterse a una rueda de prensa como autor inesperadamente encumbrado a las turbias cimas de la fama: “Una historia es diferente según quien la lee. Cada lector vive la historia y la siente, cada uno a su manera, según sus recuerdos y su capacidad para imaginar, según su estado de ánimo y su hambre de palabras, según su edad y su experiencia lectora, porque nada ni nadie debería interferirse entre la palabra y el corazón, y menos aún un crítico, y cuando digo crítico no me refiero a una autoridad en Cervantes o a un estudioso de Calderón... [...]. El lector debe nacer cada vez que abre un libro. Mire. Podemos dividir a la gente en dos grupos: los que disfrutan los libros y los que hacen de ellos objeto de estudio... [...]. Para unos, la literatura es una forma de vida interior, un pasadizo a otras vidas; para otros es un modo de ganarse el pan, respetable como todos los oficios, pero abominable desde el punto de vista ético, porque desvirtúa el fin para el que fue creado el libro, que no es otro que la sorpresa, el gozo, el sentimiento, nunca el crudo análisis. [...]. Tan sólo digo que no debemos vivir de los libros, sino leer como si viviéramos y vivir la vida como una aventura, vivir como si estuviéramos leyendo, entrar en los libros buscando en ellos lo que fuera no existe y salir a la calle buscando las metáforas que explican la vida.”

Eso, esencialmente, es Las palabras mágicas: una sensacional y apasionante aventura literaria, una novela impecablemente escrita y una fábula repleta no sólo de metáforas, sino también de numerosas referencias literarias y cinematográficas que dicen mucho acerca y en beneficio de su autor, un escritor a todas luces virtuoso y verdadero, un mago de las palabras. No en vano, al final del libro, en el apartado de “Notas y agradecimientos”, Félix nos confiesa “haber dedicado más tiempo de mi vida a leer que a cualquier otra actividad” y haber querido hacer “una novela como una canción, que hablara de amor y tuviera una letra pegadiza, una novela cuya banda sonora se pudiese oír en la soledad del ejercicio lector...”.

La sinopsis de esta novela, cuya acción transcurre en Madrid y en Huelva, aparece escuetamente resumida en su contraportada: "Una actriz española aupada al estrellato de Hollywood, un libro y un joven escritor con un don mágico: todo lo que escribe se hace realidad".

Félix Amador Gálvez nació en Moguer en 1965 y se define a sí mismo como “pintor, lector compulsivo y escritor por contagio”. Las palabras mágicas es su ópera prima de larga duración, aunque también ha dado a la luz numerosos cuentos y narraciones breves de índole muy diversa, e incluso algún que otro poema que salvó in extremis de la papelera. Recientemente ha publicado, también en Lulú.com, Diario de un feo recién divorciado, esto es, la transcripción de las entradas editadas en 2007 en su blog bajo el mismo nombre; un blog que sigue creciendo día tras día y que ha sido ya visitado por miles de personas de todos los continentes.

Evidentemente, yo no soy en absoluto un crítico, ni pretendo serlo. Tanto en asuntos literarios como musicales procuro siempre hablar tan sólo de lo que me gusta o de aquello que verdaderamente me alimenta. Y hacía tiempo que no leía de un tirón una historia tan cabal como Las palabras mágicas, en donde se dan cita la novela clásica y la novela negra, la novela de enredo y la novela de aventuras, el suspense y la magia, el humor y el romanticismo, hasta desembocar en un final vertiginoso y tremendamente inverosímil que ya quisieran para sí las películas de James Bond, pongo por caso. Sin olvidar que, en el fondo, y de nuevo cito textualmente una de las frases que figuran en la contraportada, se trata de “una ácida visión de la literatura en la era de los medios de comunicación, donde sobrevive la poesía por encima del dinero”.

Esperemos que un buen día un editor sensible y lúcido descubra que en Moguer, Huelva, cuna de uno de los más grandes poetas de la literatura universal, vive un escritor de raza que ama y respeta las palabras y sabe extraer de ellas, sin trucos ni alharacas, toda la magia y la frescura que comportan.



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Anexo: otras citas dispersas de Las palabras mágicas


“Quería escribir mi historia de amor, por entonces inexistente, y quería hacerlo con la pasión de los clásicos y el descaro de los héroes.”

“Los fantásticos hechos que aquí se van a relatar trascienden esa frontera que separa el sueño y la consciencia, esa delgada línea donde se modelan las ilusiones, convirtiéndome a mí, su involuntario protagonista, en una bestia absurda, en un monstruo hijo de la imaginación de algún loco escritor gótico.”

“La Plaza de la Lealtad, con su habitual y apresurada tranquilidad y ese mudo cosmopolitismo de quien ha visto pasar los siglos sin inmutarse, arremolinaba serenamente los aires procedentes del Paseo del Prado.”

“Los editores tienen poder, es evidente, porque ellos levantan el pulgar que decide quién publica y quién no. Sólo ellos saben los libros que nos estamos perdiendo, pero el poder, el poder real, es un regalo que Dios puso en nuestra mente, es la facultad de vivir como propias las historias ajenas.”

“Comencé a escribir sin pensar ni aparentar, de la única manera que sé, esto es, narrando.”

“Tomé una hoja y me rasqué la frente. Era una especie de contraseña para empezar a escribir, como pulsar el interruptor de mi musa personal. Las ideas comenzaron a surgir.”

“La belleza sí existe, la poesía sí se materializa, los sueños se cumplen.”

“Tomé la taza de chocolate con ambas manos, dejando que el calor recorriese mi cuerpo como una medicina antigua.”

“Como bocadillos y apenas salgo de casa más que para comprar el pan de vez en cuando, soy un pobre anacoreta que se alimenta de libros, un aventurero imaginario al que todas las vicisitudes de los últimos días o semanas están sobrepasando.”


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lunes 31 de marzo de 2008

"El 'Guernica': Hipótesis iconográfica", por Juan Pablo Muñoz Zielinski



Mirar y ver: no existe un don mayor. Aunque no todos estamos igualmente capacitados para ello.

En 2001, la Real Academia Alfonso X El Sabio le dedicó un homenaje póstumo al ilustre académico y catedrático de Historia de la Lengua Española en la Universidad de Murcia Manuel Muñoz Cortés (Badajoz, 1915-Murcia, 2000), uno de los más reconocidos lingüistas españoles del siglo XX, intelectual consecuente y concienzudo, exquisito crítico literario y, lo que es más importante, un ser humano excepcional que nunca alardeó de su vasta cultura y su privilegiada inteligencia, sino que, antes bien, supo siempre mostrarse a nuestros ojos enormemente cercano, humilde, amable, bromista y coloquial. Su hijo Juan Pablo participó en aquel homenaje con un magnífico y sintético artículo titulado "El Guernica: Hipótesis iconográfica", una lúcida y novedosa interpretación del celebérrimo cuadro de Picasso de la que soy adepto desde que, hace unos meses, en Madrid, durante un descanso en la grabación del último disco de Banda Inaudita, Juan Pablo me regalara, para mi sorpresa, una separata editada por la Academia con el texto de su análisis.

No en vano, Juan Pablo Muñoz Zielinski es, además de compositor, violinista y guitarrista, Licenciado en Historia del Arte. Realizó estudios de composición con Montserrat Bellés y es autor de numerosas bandas sonoras para cine y televisión, con directores como Benito Rabal, Vicente Romero y Pedro de la Sota. Ha intervenido en numerosos espectáculos teatrales de distintos géneros junto a grupos como La Tartana, Dagoll Dagom, Centro Dramático Nacional y Teatro Nacional Clásico, con directores como Fernando Trueba, Adolfo Marsillach y César Oliva; y también ha interpretado violín flamenco durante muchos años para bailaores como Sara Baras, Antonio Canales, Joaquín Cortés y Merche Esmeralda. En el año 2000 fundó, junto a los clarinetistas Laura Villa y Santiago Puente, el grupo Banda Inaudita, que interpreta casi exclusivamente temas compuestos y producidos por él mismo (y aquí he de decir que en su último disco, Canciones Inauditas, en el que he tenido el honor, el placer y la fortuna de colaborar, Juan Pablo se nos ha revelado también como un excelente letrista). Su música es altamente rítmica y profundamente evocadora, con múltiples influencias clásicas, modernas y populares.

Dicho lo cual, aquí os dejo, para que disfrutéis, con su sagaz interpretación simbólica del Guernica.


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El Guernica: Hipótesis iconográfica

Por Juan Pablo Muñoz Zielinski

A mi padre

Desde pequeño me acompaña la imagen de mi padre entre belenes y árboles de Navidad. Él vivía la Idea de la Navidad en un mundo de paz universal, y cultivaba con cariño su afición por todas las manifestaciones plásticas, musicales o literarias que tuvieran que ver con el tema. Cuando llegaban esas fechas todo eran paseos a comprar árbol, figuras de belén, corcho para los montes, musgo e incluso, me parece recordar, en alguna ocasión, panderetas y zambombas. Y luego, a casa, y a montar el belén, juntar la imagen nórdica del Abeto con la mediterránea del Portal de Belén. Y el Oratorio de Navidad de Bach y luego, los Auroros y sus Campanas, y la Misa de Gallo, y el Auto de los Reyes Magos de la pedanía de Churra, y los Villancicos de todo el mundo…

Todas estas cosas las sentía mi padre con intensa emoción y llegó a escribir un encantador cuento de Navidad, El Niño de Nieve, en el que sus hijos éramos los personajes de la historia. Es seguro que todo ello me ha sensibilizado especialmente hacia todo lo relacionado con la iconografía de la Navidad y ha influido en la interpretación que doy del cuadro Guernica de Pablo Picasso a través de la ideas que a continuación expongo.

Este artículo se presenta más bien a modo de ensayo o teoría que como trabajo de investigación estructurado y abundantemente documentado, ya que, por otro lado, ello no es necesario para lo que aquí se va exponer. Creo francamente que hasta ahora nadie ha apuntado en la dirección que voy a hacer, así que brindo estas ideas a todo aquel que desee profundizar en su verosimilitud, aunque es posible que para muchos no pasen de ser más que un cúmulo de curiosas coincidencias.

Bien es cierto que “interpretaciones” del Guernica hay muchas, pero, a la vez, creo que ninguna corroborada concretamente por testimonios del pintor, que siempre se limitó a callar. Todas esas lecturas han incidido siempre en los aspectos simbólicos contenidos en elementos parciales del cuadro tales como el “Desgarro del Toro Ibérico”, el Caballo-Guerra, la destrucción y barbarie de la guerra. Todo ello parece evidente e indiscutible, y, por ejemplo, Picasso en su obra de teatro Las Cuatro Niñitas alude continuamente al concepto de Caballo-Muerte.

Lo que a continuación voy a explicar no se contrapone ni está reñido con nada de lo ya dicho a lo largo de estos años y más bien lo puede reafirmar en una visión completa e integrada de todos los elementos a la vez que los relaciona iconográficamente entre sí.

La idea es simple y se muestra evidente a los ojos de cualquier observador, sea o no lego en la materia, al ver el Guernica de Picasso como representación de una Natividad.

Y todo el conjunto en un espacio interior que bien pudiera representar una cuadra, o, si se quiere, un Portal de Belén.

Si lo vemos así, la carga semántica que contiene este cuadro (símbolo de ideas que definen a una época y a varias generaciones) se multiplica en sus posibilidades y se universaliza.

No hay que olvidar que la idea de la “Muerte de Dios” era un concepto en boga para muchos filósofos de la época en la que fue pintado y Picasso bien pudiera no ser ajeno al tema. El cuadro fue encargado para la exposición de París de 1937, y parece ser que el pintor estaba trabajando en él cuando sucedió el bombardeo. Es posible que ante la impresión que le pudo causar tal acontecimiento “recondujera” su idea utilizando los conocidos bocetos que había ido preparando e integrándolos en una idea como esta.

De esta manera sería aún más feroz la crítica contra unas fuerzas que habían bombardeado una población civil, y premonición de la locura y contradicción en la que incurría una civilización cristiana que se encaminaba a su autodestrucción en la Segunda Guerra Mundial.

Los temas de composiciones religiosas no abundan en la obra de Picasso, exceptuando los de su temprana juventud, pero no se puede dudar de la capacidad del artista en cuanto a su cultura iconológica, aficionado como era a los ejercicios de estilo sobre grandes pintores de diversas épocas. El tema de la Natividad es uno de los más representados en la historia del arte y, con mayor motivo, la pirueta semántica que en este cuadro se pudiera haber desarrollado me parece aún más obvia.

Pero, como decía al comienzo, todo podría no ser más que meras especulaciones o un cúmulo de curiosas casualidades. Que juzgue el espectador.

Aunque no creo que a Picasso se le pudieran haber pasado por alto tantas casualidades.

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El conjunto: una Natividad "bombardeada".


La Virgen con el niño muerto.



San José, hombre descuartizado con el icono popular
"Varita Florecida de San José" a modo de lanza rota.


Buey-Toro.

Asno-Caballo.


Ojo de Dios o, si se quiere, Estrella de Reyes Magos.


La Paloma, Espíritu Santo, casi desapercibida entre el Buey y el Asno.



Pastora adorando incrédula.



Ángel Anunciador, la forma etérea aterrada que irrumpe con un candil a modo de oriflama o filacteria angelical.



Pastor despavorido.



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martes 18 de marzo de 2008

Los Odres


Don quijote y los cueros de vino, por Gustavo Doré.

Sí, amigos: me han dado un premio de poesía; más concretamente, el accésit del I Premio Internacional de Poesía “Los Odres”, por mi libro La herencia invisible. En la Web de la Fundación López Rejas, que es la empresa que ha convocado y patrocinado el concurso, podéis recabar información. Yo me limitaré a decir que estoy tan contento como sorprendido. Supe por un amigo que mi libro era uno de los 16 finalistas tan sólo unos días antes de que me comunicaran el fallo del Jurado. Sinceramente, supuse que el premio se fallaría más bien pasado el verano y ni siquiera tuve tiempo para seguir el proceso ni de abrigar la más mínima esperanza. Me presenté al concurso el último día de plazo, creo recordar que el 14 de diciembre, ¡y el 22 de abril los libros estarán ya en nuestras manos! Para mí está siendo todo visto y no visto…, y me encanta esta sensación, porque sé de muy buena tinta lo larga que suele ser la espera desde que se culmina un libro y se abren perspectivas para su publicación hasta que finalmente se publica… ¡o no! ¡Pueden pasar siglos!

No voy a extenderme mucho más ahora. Pero no podemos olvidarnos de que este premio cuenta con un ilustre ganador: el cubano Alexis Díaz-Pimienta, poeta, novelista, ensayista, repentista, Director de la Cátedra Experimental de Poesía Improvisada y Subdirector de Desarrollo del Centro Iberoamericano de la Décima y el Verso Improvisado de La Habana, residente en Aguadulce (Almería), gran divulgador de la poesía oral y amigo y colega de los más legendarios troveros de mi tierra. Como comprenderéis, para mí, que soy devoto y practicante de la copla, además de músico al que le gusta improvisar, este hecho hace que se redoble mi alegría por compartir con él un nuevo premio (ambos fuimos galardonados, con cuatro años de diferencia, con el Antonio Oliver Belmás en Cartagena) un nuevo reconocimiento y una nueva andadura editorial. Ya hablaremos de Alexis y de su libro Fiesta de disfraces más detenidamente en este blog, os lo prometo.

Para finalizar, sólo quiero hacer mención a un hecho circunstancial puramente anecdótico. Como sabéis, el libro debía ser presentado bajo lema o bajo pseudónimo, y yo elegí esto último. Para asignarme un nombre, lo tuve fácil. Hay mucha gente que casi siempre se confunde y me llama Esteban, Salvador o Santiago en vez de Sebastián; lo eché a suertes y salió Santiago. Para ponerme un apellido, lo primero que se me ocurrió fue buscar en el DRAE palabras que comenzaran por “mon” –como Mondéjar, claro– e inmediatamente hubo una que me llamó la atención: montantada, que viene de montante y significa “jactancia vana” y, en una segunda acepción, “muchedumbre, excesivo número”. Así que no lo dudé: Santiago Montantada (y no “Montantanda”, como han venido anunciando en los medios). Me hacía gracia pensar que el pseudónimo encerraba un significado oculto; pero ahora descubro que contenía, además, una profecía, ya que Santiago, que viene de San Jacobo, es decir, de Jacob, quiere decir (aparte de yahhcob, “suplantador”, que es el significado que yo le atribuí) sobre todo yakob, que en hebreo no significa otra cosa que “el segundo”. Total, que yo creí presentarme como un “suplantador vano y jactancioso” (lo que no deja de tener 'molla') cuando en realidad lo estaba haciendo como “el segundo de la muchedumbre”.

Así de mágicas y misteriosas son a veces las palabras que uno elige.

viernes 29 de febrero de 2008

El partido de la poesía


Juan Ramón Jiménez, por Daniel Vázquez Díaz.


Se escapaba febrero de puntillas y no veía el modo de hacer un alto en el camino para dejar constancia de que sigo vivo recién cumplidos los LII años. Pero el Tiempo, raras veces generoso, nos regala cada cuatro años un día más de vida y no podía dejar de aprovecharlo, al menos, para que en el archivo 2008 de este blog no se advirtiera la triste ausencia del mes en que nací.

Y puesto que estamos ya en la tortuosa recta final de las elecciones y los políticos se esfuerzan en que pongamos en nuestras bocas lo que sale por las suyas y rumiemos los unos frente a los otros sin entendernos (o sin querernos entender), os propongo la lectura de estos párrafos finales de El trabajo gustoso, de Juan Ramón Jiménez, y a ver qué sensaciones y reflexiones os produce. De paso, me permito preguntaros: ¿cuántos políticos en este país creéis que habrán leído este texto?

* * *

“Izquierdos, derechos y medios, grupos y más grupos, nombres y más nombres, jeroglíficos, etiquetas y estandartes que ya nadie sabe lo que significan y que en realidad no significan quizá nada, ¡qué superfluo todo! Un joven poeta amigo mío, a quien yo hablaba de esto, me dijo: "¿No se podría formar en el mundo el partido de la poesía?" El partido de la vida gustosa, añado, del trabajo agradable y completo. Y este partido no sería parte, porque en él cabríamos todos, sería el verdadero "estado único", estado de verdadera gracia, de verdadera gloria. En este "estado poético" todos estaríamos en nuestro lugar, estremistas o transijentes, de cada idea; que la poesía tendría la virtud de llevarnos a todos a nuestro propio centro, que es solo centro, centro con izquierda y derecha fundidas. Donde la inteligencia fracasa empieza el sentimiento. No sería necesario que nadie lejislara ni rijiera, verdadero, único comunismo posible. Pensemos bien en esto, una labor tan sencilla, que no estoy soñando.

Nada podrían ni tendrían que hacer, tampoco, contra esta totalidad, esplotadores del pueblo, derecha e izquierda, que en vez de elevarlo a lo mejor desde lo mejor que el pueblo tiene, quieren bajarlo a lo peor de lo peor que tienen ellos, tales que quieren formar un pueblo a imajen y semejanza de su bajo instinto. Nadie está más lejos del pueblo y del trabajo que estos trabajadores del trabajo y el pueblo, pozos de ambición, bestialidad y holganza, enemigos de la verdad y la poesía.

Las juventudes políticas que hoy se están preparando, ya lo sabemos, para administrarnos mañana o para administrar a los que han de venir después de nosotros, deben estarse preparando en la poesía, lo digo otra vez, la poesía del trabajo. Ordenados dignamente materia, tiempo y retribución del trabajo, llevada a nuestro lado la poesía, sustancia que sube la otra en la belleza principal, senda que saca nuestros sentidos a su oasis, ¿quién no querría trabajar, "ganar su vida" trabajando? Color para el pintor y el tintorero, nitidez para el poeta y el papelista, olor de madera para el científico y el carpintero, iris de agua para el contemplativo y el regador, ¡qué bellas compañías desde lo más elevado a lo más humilde! La ventaja del trabajo, en mi comunismo poético, del trabajo repartido y retribuido noble y justamente con arreglo a vocación y en una equilibrada exijencia, está en que se trabajaría por el trabajo; y aquí sí que se puede decir sin pérdida ninguna, arte por el arte, poesía por la poesía, esfuerzo como premio, según la ley para los espartanos cuando pedían para honra máxima de su poder gustoso la rama lijera y fugaz del perejil. Trabajo gustoso, respeto al trabajo gustoso, grado sumo de la vida. Y al lado del trabajo, y en él y el sueño, es decir, nuestra vida completa, trabajará, descansará y soñará con nosotros, como una realidad visible, la Poesía.”

miércoles 9 de enero de 2008

León Molina, poeta por naturaleza


(Fotografía: Flora Molina)


Pude oírlo con claridad.
Mis labios dijeron "inmensidumbre"
mientras el paisaje se abría
como una granada madura.
Me llevo en la mochila
su áspero sabor
unido a mi palabra nueva.
Inmensidumbre.


(LEÓN MOLINA)



Conocí personalmente a León Molina a mediados de febrero del año pasado, con motivo de su lectura en la cafetería-librería Ítaca, aunque ya le conocía de vista desde finales, creo, de los setenta, cuando se vino a Murcia a estudiar Filosofía. Murcia era aún una ciudad pequeña y ambos compartíamos ambientes y garitos, e incluso amigos íntimos ; pero durante aquella época ignorábamos el uno del otro hasta nuestros nombres y ni siquiera llegamos a intercambiar una palabra. Nunca supe que escribía y nadie –ni nuestros amigos comunes– me habló nunca de él. Así que le conocí en esa lectura (para mí una de las más intensas y emotivas de las ocho programadas en el excelente ciclo de poesía sonuHunas, coordinado por Héctor Castilla y José Antonio Martínez Muñoz) también como poeta. Y a raíz de ese encuentro he llegado a conocerlo, además, como articulista, pues León Molina escribe desde hace años, en su columna denominada El Puente, artículos de opinión en la edición para Castilla-La Mancha del diario La Verdad; artículos personalísimos sobre los temas más variados que cada semana cuelga puntualmente en su blog con el mismo nombre (precisamente, hace unos meses le pedí permiso para publicar uno de ellos en mi blog de jazz).

Pero hoy quiero aproximaros exclusivamente a su quehacer poético; quiero decir: a su "inmensidumbre"; porque esa "palabra nueva" que le salió del alma e inmortalizó en el breve poema que abre esta entrada (León me lo dejó a modo de comentario el día de Noche Buena en Las islas pensativas VII) revela, pienso, mejor que ninguna otra su honda vocación como poeta y su concepto íntimo del hombre, del mundo y de la vida.

La poesía de León Molina bebe directa y esencialmente, como veréis, de la naturaleza, fuente de todas las fuentes, profundo y caudaloso manantial del que han bebido los más grandes poetas de la historia. León posee, además del nombre, un gran instinto y (entiéndaseme bien) una gran inteligencia animal que afloran plenamente cuando se adentra en el corazón de un bosque y trepa a un risco o desaparece entre la niebla; y es en ese encuentro casi místico, en esa comunión con su ser atávico donde el poeta extrae lo mejor y más auténtico de sí mismo.

Pero es mejor que lo leáis y que juzguéis por vuestra cuenta.

León Molina Pantiga nació en San José de las Lajas (La Habana, Cuba) en 1959, pero se trasladó muy pronto a Albacete, donde reside actualmente. Estudió Filosofía en Murcia y, antes de comenzar a ganarse la vida como consultor de dirección de empresas, desempeñó los más variados oficios. Ha ejercido el columnismo y la crítica musical en diversos periódicos y revistas y ha publicado los libros de poemas Señales en los puentes (1994) y El son acordado (2004), además de Breviario variable (edición no venal, 1997); libros que, a día de hoy, son ya prácticamente inencontrables. Muchos de sus poemas han visto la luz en diversas antologías y en revistas como Cuadernos Hispanoamericanos, Nueva Estafeta Literaria, Barcarola o La Siesta del Lobo. Los doce que he seleccionado en esta aproximación pertenecen al único de sus libros al que de momento he tenido acceso, El son acordado, gracias a que el propio autor me envió hace unos meses el borrador por correo electrónico. Dos magníficas citas iluminan la entrada a esta obra frondosa, anticipan su atmósfera y nos confían la cuna y la razón de ser de su espléndido título: una de Gonzalo de Berceo en Milagros de Nuestra Señora ("Yaciendo a la sombra perdí todos cuidados, /odí sonos de aves, dulces e modulados; / nunca udieron omnes órganos más temprados, / nin que formar pudiesen sones más acordados") y otra de Fray Luis de León en su Canción de la vida solitaria ("A la sombra tendido, / de hiedra y lauro eterno coronado, / puesto el atento oído / al son dulce, acordado, / del plectro sabiamente meneado"). Ambas citas encierran las claves primordiales de este libro: es en la soledad del ser donde tienen lugar los verdaderos milagros; es en la naturaleza donde emergen las verdades más íntimas del ser.

¡Buen provecho!


* * * * *


VIGOR DE LA AURORA

Tiene la mirada que sale de la noche una disponibilidad pura y entera,
pues que no hay en ella sombra de avidez.
(MARIA ZAMBRANO)


Era primavera y, en el mar azafranado,
el día naciente respiraba con tierno sentir
los fríos que muerden.
El aura delgada había precedido al tiro
de la Aurora.
(AUSONIO)



Salí al reclamo de la madrugada
en el denso bosque de pinos.
Una espesa niebla enturbiaba
la luz de luna llena
y acolchaba los primeros rayos
de un sol joven y vencido.
Eran tan nítidos los verdes,
ocres y grises
velados por aquella trama blanca,
olía de un modo tan real,
tan primigenio y atávico.

Abandoné a mis hijos
que en sus sacos dormían
cual crisálidas colosales
para adentrarme aún más
en el bosque embriagado.
Casi pude tomar el aire
blanco entre mis manos
y notarlo como un denso caudal
por mi interior viajando manso
hasta inundarme.

Descalzo caminé
sobre las hojas muertas
siguiendo como un faro
el ulular del búho.
Me desnudé aterido
y oriné con suprema libertad
de un modo nuevo y animal.

Abrazado a la tosca piel del pino
sentí que mi propia divinidad
se mostraba a mi corazón;
nada deseaba y fui dios.

El dios
que nunca me habían contado.


* * * * *


LA NAVE


Aún la luz empuja
a la espléndida nave.
Surcan las sierras
la memoria del día
alargando las sombras
como un lamento.
Varado en esta costa
añoro la partida,
el viaje repetido
en busca del silencio,
llegar hasta la noche
como al puerto olvidado
que dejamos un día
y ser con estos campos
una pérdida eterna, pura melancolía.


* * * * *


SOL DE ABRIL


Donde el ingrávido sentir asciende
desde el vaso antiguo de las formas.
Donde su hálito se abisma
tras la pantalla azul
del insondable cosmos.

En el etéreo derramadero.
Allí
pasa la inteligencia
ardiendo como un cometa.
Apuntándome.
Comienza desde allí
su dardo a traspasarme.

Sobre la hierba fresca yazgo herido
y todo lo que siento
lo entiendo.


* * * * *


EN LOS OJOS LUZ


Desde mis ojos llegan
pájaros carpinteros
y contemplo la savia de los pinos
y sus cristales prometidos.
Veo el aire manso
tironeando las orejas
del matorral inquieto.
Y aún me quedan ojos
para ver lo invisible;
veo el carácter que las formas
imprimen en el rostro de las cosas.
Veo la pena que fluye en el agua.
Veo el riesgo de creer importantes
las ideas dormidas
bajo el frescor de la apariencia.
Veo como nunca he visto,
soy un ojo que presto al mundo
para que a sí mismo se vea.


* * * * *


LLUEVO


La paz es una opción de la inteligencia
y la obscura nube de tormenta
que observo anclada en la montaña
es la materia íntima del pensamiento.
Lenta y rumorosamente lluevo
sobre la tierra amada.


* * * * *


ESPEJO


Donde el río esclarece
el color de los pinos
y en su lecho empedrado
los cantos pule,
veo mi rostro
temblando en el agua.
El agua que se va
ya sin mi rostro.


* * * * *


LA CASA EN OBRAS


Avanzo por la carretera
como el agua por el torrente.
Ana se mece
flotando en mí
como una hoja de otoño
y cada curva es un anzuelo
lanzado entre recuerdos.

Aquel vetusto coche
que, en primera y con paciencia,
ganaba la cuesta de El Berro
para nuestro júbilo candoroso.
Aquellas noches de verano
tajantes y tan quietas
en que la aurora entraba
como un marcador en los libros.
Aquellas soledades embriagadas
en inesperados senderos
que el sentimiento ofrece al caminante.
Aquella paz que tuvimos un día
y que aún hoy tenemos
remontando el curso del tiempo.

Por fin llegamos a la casa
para vigilar la reforma.
Todo marcha bien; encontramos
ya tabicados y enlucidos
aquellos antiguos deseos.

Y distraído el albañil pregunta
qué ha de hacer con nuestros nombres
que encontró
palpitando entre las piedras.


* * * * *


MÚSICA ENTRE LOS PINOS


Suena un oboe
entre los pinos
y los pífanos del arroyo
interpretan la melodía
que dibuja el atardecer.
Se incendian en mi corazón
los viejos violines del mundo
y bailo un vals arrebatado
en el transido bosque
como un loco
solo y perdido.
No temo que alguien me vea,
al contrario,
desearía que me vieran
todos cuantos conozco
y acabar con la leyenda
de mi nombre y apellidos,
desaparecer en la niebla
bailando como un loco
y que de mí no quede
ni memoria
en el pecho de un amigo,
sólo la música
sonando sola.


* * * * *

NATURALEZA

El camino secreto va hacia dentro
(NOVALIS)

Contengo lo grande elemental en mí
(JUAN RAMON JIMENEZ)


Pesa tanto del mundo el artificio
que la olvidada vibración del aire
en las agujas de los pinos basta
para que se derrumbe todo en mi corazón
y un instante de pureza,
una ilusión de libertad
me colme de su gozo.

A veces sucede que lo infinito
al pasar me hace un guiño,
se detiene y revuelve las melenas
que hace ya algunos años tuve.

El tiempo y la emoción son instrumentos
para ver lo invisible,
para ver aquello que es
siempre lo mismo.


* * * * *


VEO TU DESNUDA AUSENCIA


Recuerdo aquella montaña
en la que, jóvenes aún,
te desnudaste para mí
sobre un peñasco
y abriste los brazos al viento
y me miraste de aquel modo.

Esta montaña que contemplo
ahora, se parece a la de entonces.

Y permaneces tú
a pesar de los años,
quedándote ahora en casa
cuando subo montañas.

En verdad creo
que los montes se parecían.

Quiero que se parezcan.

Y que sigas ahí
aunque no hayas venido.

Aunque ya casi nunca vengas.


* * * * *


UNA CASA CON JARDÍN


Una casa
para esta parte de mi vida.
Un jardín
para mi voz hallada.
Algo pequeño y mío.
Serenidad. Reposo.
Emprender la última senda.
Y el mundo tan distante
que yo resulte

estar ya escrito


* * * * *


OUT SIDE


Ya perdí el pudor aquel
de mi pasada juventud.
Y digo que soy un romántico
y digo que soy un místico
y otras cosas que no se estilan.

Me he puesto gordo
y ser ateo
me parece una pérdida de tiempo.
He recortado mi melena
y mis convencimientos.
Siempre que puedo
vengo a la sierra,
paseo solo
o con mis hijos
y de ellos me sorprendo.

Ya perdí el pudor aquel
y voy aprendiendo en paz
a ser lo que soy.

Rodeado por la belleza
de estos montes
con alivio comprendo
que por fin

estoy pasado de moda.


* * * * *

lunes 31 de diciembre de 2007

A Day In The Life



Diciembre



Se acaba el año y casi nada hice

de lo que en este tiempo, vagamente,

me había propuesto hacer. Pero escribí

unos cuantos poemas.

(Sé sincero

y di que lo demás no te importaba.)




Eloy Sánchez Rosillo

Elegías (1980-1983)

TRIESTE, Madrid, 1984

* * *

viernes 28 de diciembre de 2007

POEMA DE LA TORRE



ÍNDICE:


1.- La veleta ...........................................................
2.- La campana .......................................................
3.- La torre ............................................................
4.- La puerta de la torre .............................................
5.- El sótano ...........................................................
6.- La mazmorra ......................................................






--------
De este poema no escribí más que el índice.











miércoles 19 de diciembre de 2007

Música para ascensores (y 2)


Así que el viernes acudí a la librería para recoger mi pedido, pero me dijeron que aún no había llegado. El sábado por la mañana pasaba casualmente por allí y osé preguntar de nuevo: más de lo mismo. El lunes preferí darles algo más de margen para asegurarme que a la tercera fuera la vencida y opté por no ir. Hasta que ayer martes me dije: "Hoy no me pueden fallar". ¡Pero sí que pudieron...! Regresé a mi casa jurándome que hasta vísperas de Reyes no volvería a intentarlo. Cuando llegué, abrí desinteresada y rutinariamente el buzón y ¡oh, sorpresa...! ¡Entre las cartas del banco y algunas felicitaciones de Navidad de diversas entidades públicas y privadas sobresalía un sobre remitido por el propio José Daniel Espejo con Música para ascensores dentro! (¡Muchas gracias, compadre, es usted todo un caballero!) ¡Por fin tenía entre mis manos su esperado y laureado libro!

* * * * *

Después de leerlo un par de veces de un tirón, he hecho, creo, una amplia selección personal de los poemas que integran Música para ascensores, algunos de los cuales, como dije en mi anterior entrada, ya han sido puntualmente reseñados en nuestra blogosfera. Reconozco que, desde la perspectiva que me otorga ser padre, siento una predilección especial por el intenso y largo poema 'Miguelito battles the pink robots'. Y es que, como ya he dicho en más de una ocasión, la humanidad podría dividirse entre quienes somos padres y los que no lo son. Entre unos y otros existen grandes diferencias, os lo aseguro.

* * * * *

José Daniel Espejo nació en Orihuela (cuna y casa de grandísimos poetas y ciudad que por su proximidad geográfica, su huerta y sus costumbres considero más vinculada a Murcia que a Alicante) en 1975, es decir, el mismo año que ¿murió? Francisco Franco y en plena antesala de nuestra lenta –y yo afirmaría que aún inacabada– Transición. ¡Quién lo diría! Porque José Daniel no es uno de tantos jóvenes eternamente adolescentes, supuestamente modernos y carentes de memoria histórica que aún viven en casa de sus padres, que sólo piensan en consumir y en divertirse y que no se solidarizan con ninguna causa que no sea la suya propia. No. José Daniel Espejo es hoy todo un hombre concienciado de serlo, un responsable trabajador por cuenta ajena, un gran aficionado a la lectura y a la música, un poeta maduro, culto y reflexivo y un feliz y comprometido padre de familia que parece venir desde mucho más atrás en el tiempo. Y esa coherencia, esa perseverancia, quedan, claro, puntualmente reflejadas en su poesía, en su vida y en su forma de mirar el mundo.

En la solapa de Música para ascensores se nos da resumida cuenta de todo ello. Después de licenciarse en Filología Hispánica y antes de establecerse definitivamente en Murcia, residió en Sarajevo, Mánchester y Zagreb, “ejerciendo diversos oficios, desde lector becado de español hasta agente de una casa de apuestas”. Antes de ganar el XXI Premio Internacional de Poesía Antonio Oliver Belmás con Música para ascensores en 2006, el Sr. Espejo ya había publicado dos sendos libros de poemas: Los placeres de la meteorología (Nausicäa, Murcia, 2000), premio Poetas Colgados II, y Quemando a los idiotas en las plazas (Universidad de Murcia, 2001), accésit en la primera edición del Premio de Poesía Dionisia García. También ha colaborado como poeta, articulista y traductor en diversas revistas culturales y, además de deleitarnos con su verbo ágil y reivindicativo (no exento de un encomiable sentido del humor) en Trabajando con el vacío, ha publicado numerosas entrevistas con poetas contemporáneos en su otro blog, ¡Famosos en acción! Y, para que no nos quepan dudas sobre sus ideales y su sentido de la convivencia y la solidaridad, el texto de solapa nos revela al fin que nuestro insigne y consecuente poeta “milita en diversas organizaciones no gubernamentales y de izquierda, y tiene pareja y un hijo”.

¡Buen provecho!

* * * * *

1


A la derecha, con setenta
y muchos kilos de peso, 1’86 de altura,
el Poeta Espejo, el eterno aspirante,
el Zorro de Fuego de Tenochtitlán. A la izquierda
(y por encima, y por debajo, y todo alrededor),
sin peso conocido y sin altura,
el vigente campeón, el Negro Rivas,
el Puño de Oro del Atlántico Norte,
el Vacío.




2


Tú tan feliz, aprendiz de poeta,
pequeño padawan rodeado de maestros,
quién te advirtió contra esto: estar solo,
en medio del desierto de nieve, perdido
en el centro de la taiga, y verte rodeado
de océanos de tiempo, los mares de la noche,
el vacío sideral. Y aún así
echar a caminar, es decir:
empezar un poema.




LAS LIGAS MENORES


En las Ligas Menores
nunca sabe uno a quién combate.
En las Ligas Menores
es un lugar común decir que a uno mismo.
No olvidemos que son
las Ligas Menores
que es muy fácil olvidarse y desertar
que es inevitable preguntarse
si no es acaso a uno mismo a quien combates
si es posible en absoluto derrotarse
llegar a algún lugar allá
más allá de las Ligas Menores
y no salir derrotado, ni rendirse.




MIGUELITO BATTLES THE PINK ROBOTS


Yo que tanto sabía, sobre el papel, de la Nada
no sabía que la Nada consistía en despertarse
un lunes a las dos con la cama empapada
y que aquello fuera sangre, y que la sangre viniera
del útero de Charo embarazada de tres meses
de mi pequeño, mi amado, mi precioso hijo Miguel.

La Nada prosiguió en una sala de urgencias,
una médico que dijo que no había nada que hacer
y nos mandó para casa, a esperar un milagro,
durante dos días. Qué sabía yo, de la Nada,
o la Nada de mí, y ahí nos vimos las caras,
nos sacudimos bien. Y los días pasaron,
pero no como días normales hechos de tiempo,
sino como libros eternos, de páginas iguales.
Te dije tantas, tantas veces las mismas frases
que me dio miedo que te hartaras de mí.
Te dije agárrate, quédate ahí con la mamma,
te dije ven, o salta de este lado,
o dame la mano hasta que se olviden de ti
éstos que vienen a buscarte, y sobre todo
te dije, Miguel, tienes que ver esto,
tienes que ver esto, muchachito, vas a ver.

Entonces yo, que tanto había leído de la Nada,
me preguntaba sorprendido: ¿qué tiene que ver?
¿qué es eso que estás viendo tan valioso
ahora, tras tus cursos de la Nada,
tu licenciatura en Nada, qué hay que merezca
ser visto, que no te puedes perder?
Ah, era ésa una pregunta difícil.
Yo ya sabía la respuesta, pero aún
no podía formularla, y miraba
las montañas del sur de la ciudad
repletas de pinos tostados, los árboles de las aceras,
lo poco que a mediodía en julio se ve
sin gafas de sol ni haber dormido,
más que nada miraba las chicas,
las nubes en fuga, el cielo azul
y repetía: Miguel,
tienes que ver esto, cómo puedes decirme
que vas a dejarlo todo, que te largas
a estudiar el lenguaje de las sombras
con todo lo que tengo que enseñarte,
con todo lo que aún no has visto por aquí,
pequeño Miguel.

Y llegó el jueves como llega
hasta en las pesadillas el final de la escalera
y te vimos moverte en una ecografía
con el corazón a ciento diez, y sonreímos,
y a mí volvieron las voces a preguntarme
qué era eso que había que ver
tan importante, si no creía en la Nada
y en el Existencialismo, yo, tan leído,
que qué pasaba con Beckett, entonces, que le dijera
a él lo que a Miguel un poco antes,
que volviera al redil. Y contesté:
qué coño. Y repetí: qué coño, señores,
de acuerdo que no hay Dios, pero qué importa
si tenemos esto otro: las montañas,
el camino hacia la playa (en ese punto
los dejé solos y hablé para Miguel),
y la brisa del mar y los pasteles de carne
y la voz de Keren Ann y a Miyazaki
y los libros de Žižek y los pechos de tu mamma,
cómo puedes pensar en perdértelo sin probar,
cómo puedes desertar sin hacerte tu lista
de placeres irrenunciables, contrastándolos todos,
sabiendo de qué hablas cuando hablas de amor.
Otra cosa no te doy, pero es suficiente,
y a cambio nada pido. O si acaso
que no te hagas concejal de Urbanismo
ni traficante de armas, que no le cuentes
a las madres de tus amigos
las palabras que te enseño en este poema,
lo mal que hablamos, tú y yo, cuando decimos la verdad,
los terribles insultos que lanzamos a los siervos de la Nada.




LA CITA VESPERTINA


Estoy caminando sobre las piedras
por la ribera del río Ara
con un palo en la mano. Mi idea
consiste en tirarlo al principio de un rápido,
mirar cómo baja. Un amigo
me señala el fósil de un pez;
sigo dando saltos y todo esto,
cuando por fin me quedo solo ante la cascada,
me hace ver a mi madre y verme a mí
de enano por la playa, como en aquella
vieja foto en blanco y negro,
ya con algo de amarillo. Sólo las historias
que perdemos nos pertenecen,
dicen por ahí. Y ni este río
que baja haciendo ruido junto al pueblo
ni esta piedra de colores en mis manos
existen esta tarde, en este momento,
para nosotros dos.




CHARO Y OTROS POEMAS


Eres un poema, cierto, pero no uno de ésos
que se pudren en las páginas de oscuras
antologías del siglo dieciocho
o fanzines de los años noventa: tú eres uno
que todo el mundo se sabe, cuyos versos repiten
en la radio y en la escuela, y la gente se dice
ante una chica bonita, o si se hacen unas risas,
o son felices, o, sobre todo, al llegar a casa
mientras fuera está cayendo la tormenta del milenio.




XX


Amor,
Te he cosido a la piel de mis manos
Con una Máquina que hacía tictac.




B LUEGO C


Entrar en el Poema, como en la última
lancha de salvamento, y mirar hacia atrás:
mujeres, niños, padres de familia
hundiéndose en lo oscuro, perdiendo el sentido,
con labios morados por la hipotermia, sujetos
a ridículos tablones, pidiendo auxilio.
Encender un cigarrillo.




C LUEGO D


Entrar en el Poema, como en una caverna submarina,
sin cartografiar: mirar a ambos lados, tener cuidado
de no levantar arena, cruzar el punto
de no retorno, respirando tranquilos: ya hemos conquistado
la palabra esperanza.




LA INUNDACIÓN DE LOS CORREDORES


Encuentra el poema, lo sigue,
se dice ahora sí, el Gran Poema,
la música que hace brotar la maravilla,
las palabras del amor, que bien merecen
arrastrarse, como un viejo en una barca,
tras una tonelada de emperador, o mejor,
como un espeleólogo caverna abajo,
la luz de su honor por toda linterna
que sabe (¿acaso no aparece el sonido
del agua en su Poema?) que fuera,
por encima de él, está lloviendo
y que el agua de que hace
sus frases le bloquea la salida.




SIXPACK


El mundo se hunde, pero todas
las semanas le añado un poema
o dos mientras pienso en El Bosco
y en Lawrence Ferlinghetti. Y floto,
y el barco está hecho de huesos,
y las palabras pesan.




15


Hagamos un trato, prométeme que a través del tiempo,
cuando yo mismo insista en alejarme de mí mismo,
en negarme, en ensuciarme, en reírme de lo que quise,
tú me recordarás así, contigo aquí bajo la luna del solsticio
de este año 2005, tumbados en la cama sin hacer nada
y aún así librando una batalla. Que vamos a ganar.
Y yo haré por ti lo que me pidas.




FOTOMONTAJE


Como si todas las personas
que amo estuviesen muertas
y sus nombres borrados. Como si sólo
quedara
yo
y palabras como amor o amigos ya no fueran
más que signos perdidos en idiomas que nadie
puede descifrar. De ese modo
me baña el sol, me limpia el sol
entre los árboles
esta mañana.




DIMISIÓN DE LA PRIMERA PERSONA


Me complace nadar boca arriba
mirar constelaciones desconocidas
y escucharme respirando, pero más
me complace olvidarme de mí
quitarme de mi vista
bucear dormido: cerrar los ojos.




44


Mark Tansey


Cuando hablas pienso en hojas secas o en cortezas de árbol,
como ante ciertos poemas un recodo en el que el viento junta
bolsas vacías de plástico y folletos de propaganda:
un sonido muy leve en una existencia flotante,
bellas constelaciones quebradizas.
Despertarme después en la calle, haber estado
contemplando una hojarasca que se agita
de camino hacia el alba, tú no estás,
las palabras son bolsas vacías de supermercado,
y yo estoy bailando con Jacques Derrida al borde de un acantilado,
un último tango en París antes de entrar a buscarte.




LOS GRANDES TIBURONES


Nosotros que quisimos entregarnos
a la Teoría de la Literatura, recorrer
el prodigioso siglo XX en las obras tenaces
de formalistas, marxistas, o deconstructivistas,
etcétera etcétera henos aquí
rodeados de tiburones. Mira, fíjate,
una metáfora, dice alguien. Pero qué va:
los tiburones son reales.




POÉTICA DEL TUBO


Primero tomaremos una carretera de Montaña
Y a esta Montaña la llamaremos de muchas maneras
Una por cada uno de sus nombres
Que son muchos. Tras un número variable
De curvas llegaremos al Pantano
Y a este Pantano no lo llamaremos de ninguna
Manera pues no tiene nombre
O éste es secreto. Bucearemos.
Llegaremos al Pueblo sumergido
Y a este Pueblo lo llamaremos Infancia
Y buscaremos Nuestra Casa. A esta Casa
La llamaremos Nuestra. Abriremos la puerta,
Nos adentraremos. En el pasillo
Veremos una Línea Roja pintada en el suelo
Que no recordaremos, y a esta
Línea Roja la llamaremos El Punto
De No Retorno. Avanzaremos.
Buscaremos nuestro cuarto y en él
Un Tubo vertical, a la altura de la cara.
A este Tubo por fin lo llamaremos Poesía.
Por Él se puede hablar, se puede respirar,
Pero tendremos en cuenta que es ésta
Una alegoría de las realistas, que la casa
Se encuentra a muchos metros de profundidad,
Y costará trabajar los pulmones,
Y después no olvidaremos los ejercicios
De la indispensable descompresión.

* * * * *

jueves 13 de diciembre de 2007

Música para ascensores (1)



Total, que el otro día Un camino en el aire se cruzó por la Gran Vía con Un mundo flotante y, a pesar de que ambos íban como balas, se detuvieron cortésmente y mantuvieron esta breve conversación:

Un camino en el aire: ¡Hombre! ¡Un mundo flotante! ¡Cuánto tiempo sin verte!
Un mundo flotante: ¡Lo mismo digo! ¿Sabes que Trabajando con el vacío acaba de publicar su Música para ascensores?
Un camino en el aire: ¡Qué me dices! ¡Después de tántos siglos! ¿Y qué tal? ¿Cómo ha quedado?
Un mundo flotante: ¡Muy bonico! La ilustración de la portada la hice yo, a petición suya.
Un camino en el aire: ¡Sabía que eras un amante del cómic, pero no que también dibujabas!
Un mundo flotante: Bueno..., a veces. El caso es que un día, poco después de recibir el premio, Trabajando con el vacío me llamó y me dijo: "Quiero que me dibujes un condensador de fluzo para la portada de Música para ascensores". Me fui a su casa y, siguiendo sus instrucciones, le hice un esbozo.
Un camino en el aire: ¡Pues esta misma tarde voy y me lo compro!
Un mundo flotante: ¿Un condensador de fluzo? No creo que les quede ninguno. Pero el libro te va a gustar, te lo aseguro.

Y allá que se fue esa tarde Un camino en el aire a la librería, emocionado ante la perspectiva de poder tener, por fin, entre sus manos el tan ansiado libro a cambio de unos pocos e insignificantes euros.

Efectivamente, llevaba siglos esperando esta ocasión. Sacó dinero en el cajero automático más próximo y, mientras caminaba rumbo a su prometedor futuro, recordó unas palabras que Nunca aprendí a silbar le dedicó a Trabajando con el vacío el pasado lunes ("En sus versos, que huelen a insomnio y a peces voladores...") y algunos versos sueltos de dos magníficos poemas de Música para ascensores ('Miguelito battles the pink robots' y 'Charo y otros poemas') que Pequeña caja de tormentas nos adelantó el pasado 28 de noviembre ("Y los días pasaron, / pero no como días normales hechos de tiempo, / sino como libros eternos, de páginas iguales..."; "Eres un poema, cierto, pero no uno de ésos / que se pudren en las páginas de oscuras / antologías del siglo dieciocho / o fanzines de los años noventa: tú eres uno / que todo el mundo se sabe...").

Casi sin darse cuenta, llegó a la librería; saludó muy afectuosamente al encargado y fue directo al mostrador de novedades. Buscó con la mirada, pero no vio nada. Se puso las gafas. Rebuscó y volvió a rebuscar, pero de nuevo nada. Música para ascensores no se encontraba allí...

Se disponía a aventurarse a intentarlo en otros mostradores cuando el encargado, todo un profesional de la psicología, le preguntó:

-¿Qué buscas?
-"Música para ascensores".
-Se ha agotado...
-No fastidies...
-Pero no te preocupes, que esta misma semana recibimos más.
-¡Ah, bueno! ¡Pues guárdame uno!
-Vale, yo te lo guardo.
-¿Estará el viernes?
-Seguro.
-Pues el viernes me paso.

Y así, un poco desencantado pero con sus esperanzas totalmente renovadas, Un camino en el aire se marchó a su castillo, que también tiene música... ¡y ascensor!

* * * * *

Ahora en serio (aunque la fábula de arriba es bien real). Mañana o pasado mañana espero tener el libro en mis manos. Prometo traer aquí una amplia muestra.

¡Enhorabuena, Sr. Espejo!

lunes 3 de diciembre de 2007

Las islas pensativas VII: Silencio y Escritura


Escritura jeroglífica egipcia incrustada en madera (s. IV a. C.)



Escucha tu silencio.



Todo vuelve al silencio del que parte.



Silencio, escúchame.



Lo que soy no tiene nombre.



Mi nombre es un cuerpo.



Todos los días nazco del silencio.



El silencio esculpe nuestros nombres.



El silencio me llama.



El silencio es sincero.



El silencio es la única vía por la que puedo llegar a identificarme con el mundo en que vivo.



He escuchado el silencio que merezco.



No soy un hombre, soy una palabra; un código, una voz sin descifrar.



Todas las palabras encubren un silencio.



Palabras que insisten. Palabras que desisten. Palabras que entran sin llamar.



Midamos las palabras, pero ¿quién mide el silencio? Hay un miedo al olvido, pero hay quien teme los recuerdos.



Escribe tu camino. Sal del silencio andando.



Todas las palabras significan lo mismo.



Todos los silencios son distintos.



Todo habla por sí solo; pero no lo entendemos.



Todo es metáfora del hombre.



Hablar es un rodeo. Escribir es alterar la línea.



Me dice Clara: “¡Qué bonita es la palabra escritura!”



Escribir es un poder.



Escribir es traducir el silencio.



Escribir y hablar son modos de medir nuestro silencio.



Escribir es suplantar un vacío.



Escribir es lo que mejor no sé hacer.



Al leer lo escrito, leemos también lo no escrito.



Sólo deseo escribir cosas que cualquier hombre pueda comprender.



El papel es el espejo. La palabra es el rostro.



Me lavo los dientes. Esa gota de agua me está diciendo algo. Me llevo el cepillo en el bolsillo creyendo que es un bolígrafo.



A veces, la inspiración surge en el momento más inoportuno.



He escrito muchas tonterías, pero no me arrepiento. La mayoría de las veces, el sólo hecho de trazar las líneas me compensaba, me regalaba tiempo; un tiempo y un espacio sólo míos que hacían que me olvidara del tiempo y el espacio que los otros me imponían.



Yo soy un ignorante. A lo mejor por eso soy poeta.



El lenguaje nos ha hecho atrofiar el verdadero idioma.



Los animales no hablan; son discretos. Los animales callan por nosotros.



Hay cosas que el propio lenguaje no nos deja decir.



Lo importante no es el poema, sino aquello que lo origina.



Redundamos en la idea de que la poesía es “muy minoritaria”. Pero es que a veces los poetas, por nuestro modo de ser y de escribir, la hacemos más minoritaria todavía. En cierto sentido, puede que lo minoritario sea a su vez empequeñecedor.



En poesía, la autenticidad es mucho más importante que las palabras.



Las palabras no son más que eventuales rizos de la larga y lisa cabellera del silencio.



¿Por qué los poetas tendemos tanto a rizar el rizo, en vez de alisarlo?


lunes 12 de noviembre de 2007

El otoño de los perros


Portada © Ángel Gómez Espada

No sabéis cómo siento no poder pasearme (o volar) últimamente a mis anchas por este camino y acudir con más frecuencia a visitaros, pero es que, además de las obligaciones y labores cotidianas, en casa estamos de reformas y llevamos más de dos semanas sin parar. Todo ha mudado de sitio (nosotros los primeros; parecemos okupas), como si de repente la casa hubiera despertado de un letargo de años y regresado a la vida. ¡Pero qué manera de desperezarse! Paredes derruidas, montones de escombros, muros perforados, densas nubes de polvo, un olor penetrante a cemento y a yeso..., y una banda sonora en clave de free-jazz a cargo de martillos, cinceles, espátulas, sierras y taladradoras que no se la salta Archie Shepp. Pero no quiero dejar pasar más tiempo sin compartir con vosotros el último número de El Coloquio de los Perros, que viene cargado de excelentes contenidos. En estos tiempos de inercia, vértigo y desasosiego, la labor de Ángel Gómez Espada y Juan de Dios García me parece impagable. Magnífica la Canumfora, con poemas de la cartagenera María Teresa Cervantes, el murciano José Antonio Martínez Muñoz, el oriolano José Daniel Espejo y las almerienses Ana Tapia y Begoña Callejón, por poner sólo unos ejemplos. Interesantísimas las entrevistas a Andrés Neuman (con un micro-relato inédito de propina), Diana Washintong, Natalia Dicenta, Julio Bustamante, Ángel Pestime, Max Sunyer y al dibujante de cómic Benito Gallego. Y me han gustado mucho Don Mariano, taxidermista, un poema de José María Álvarez ilustrado genialmente por Santiago Girón, y la sección La Española Inglesa, con traducciones de poemas de Lamiae El Amrani, Boris Vian, Robert Desnos y Sophia de Mello, entre otros. También México, como veréis, ocupa un lugar muy destacado en este número 18. Disfrutadlo. Dentro de unos días volveré con más calma.

domingo 28 de octubre de 2007

Memoria presentada al rey para censurar la expulsión de los extranjeros


Terracotta Army detail (Xi'an, China), de Peter Morgan

En el siglo III a. C., Li Si, político legista de la dinastía Qin, notable calígrafo, maestro de la intriga, que llegó a ser primer ministro del otrora temible pero hoy rehabilitado Emperador Qin Shi Huang (el de los famosos soldados de terracota), se atrevió en cierta ocasión a pedirle por escrito a su rey que se opusiera a una solicitud, por parte de los ministros de la casa real, de expulsar del reino a los extranjeros. Como creo que se trata de un documento altamente interesante y revelador, y no por antiguo menos actual, transcribo algunos fragmentos de su carta y que cada cual haga sus propias extrapolaciones:

"He sabido que los altos oficiales han propuesto la expulsión de los extranjeros. Estimo que hacerlo sería un error.

Los duques y reyes vuestros ancestros recurrieron siempre a talentos extranjeros. Gracias a ellos, anexionaron numerosos territorios y vencieron a los bárbaros del oeste. Siguiendo sus consejos, modificaron los usos y cambiaron las costumbres. Gracias a las nuevas leyes, el pueblo se tornó leal y próspero; el país, rico y poderoso. El pueblo aceptó esas leyes con alegría, y la nobleza se sometió gustosa a ellas. Hasta nuestros días, el país sigue fuerte gracias a ellas.

Considerado lo anterior, ¿qué daño han hecho los extranjeros? (…)

Vuestra Majestad posee jade precioso, lleva brillantes perlas, tiene una hermosa espada, monta extraordinarios corceles, despliega estandartes bordados con fénix y hace resonar tambores de piel de cocodrilo. Qin no produce ninguno de esos tesoros. ¿Cómo es que agradan a Vuestra Majestad?

Si todo tuviera que producirse aquí para ser usado (…); si todo lo que alegra el corazón y contenta los oídos (…) tuviera que ser autóctono para ser aceptado (…), no debería usarse el oro ni el estaño, ni el cinabrio ni el añil.

La verdadera música de Qin consiste en golpear vasijas de barro y jarras, tañer la guitarra de doce cuerdas y sacudir sonajas, cantando y gritando ¡wu, wu! La gran música de danza y de corte viene de tierras extrañas. No obstante, en Qin ya no se golpean vasijas, ni se tañe la guitarra: se toca la música extranjera.

¿Por qué es así? Sencillamente, porque esas cosas nos regocijan, porque nos deleitamos teniéndolas en nuestra presencia.

Pero ahora quieren algunos que esto cambie en lo relativo a la elección de las personas. Ya no quieren preguntarse si un hombre conviene o no para su cargo, no se examina si tiene o no razón; los que no son de aquí son expulsados, los que son extranjeros son apartados.

Si es así, significa que estimáis los colores bellos y la música, las perlas y el jade, pero no a los hombres (…).

Las montañas no rechazan la tierra que se añade a ellas, por eso son tan altas. Los grandes ríos y el mar no desdeñan las riveras que a ellos van a parar, por eso son tan profundos. El soberano no aparta a los hombres que vienen a él, por eso su virtud es tan radiante. Igual que la tierra no tiene lados distintos, no hay país que sea extranjero para el pueblo; las cuatro estaciones son igualmente buenas (…).

Ahora algunos quieren rechazar al pueblo para que vaya a engrosar los países enemigos, expulsar a los huéspedes extranjeros para que vayan a servir a los príncipes rivales; quieren que los hombres de valía de todos los países retrocedan (…).

Hay muchos objetos que pueden ser considerados preciosos sin que sea autóctonos; muchos hombres que, sin ser de este país, pueden ser fieles. Si ahora exiliáis a los extranjeros, que irán a engrosar los países enemigos, si disminuís la población para acrecentar la de los adversarios, habréis despoblado vos mismo el país y, fuera, habréis provocado el resentimiento de los demás reinos.

Si es así, por mucho que queráis evitar el peligro, nada podrá hacerse.”

(Antología de la literatura china, de Georges Margouliès.
Traducción de Anne-Hélène Suárez.
Círculo de Lectores. Barcelona, 2001).

Nota: las dos ilustraciones representan al Primer Emperador Qin Shi Huang.

miércoles 24 de octubre de 2007

Las islas pensativas VI: La Verdad

La verité, de Jules Joseph Lefebvre




Sólo la verdad es libre; sólo la verdad nos hace libres. Una verdad oculta, ¿es menos verdad, es menos libre?



A mucha gente le dices la verdad y le suena raro.



Tal vez la verdad no sea más que esa mentira que a cada cual nos interesa.



A lo mejor, la verdad está ahí para ser ignorada.



Hay que ser mentiroso con las dudas.



¿Quién corrige los exámenes de conciencia?



¿Qué es verdad de cuanto hemos aprendido?



Sólo lo que deseamos es verdad.



Hay una verdad para cada hombre; hay un estilo para cada verdad.



Todo es lo mismo, confirmación de lo mismo.



Ríete del misterio. No ves nada porque no hay nada. La no-respuesta a la no-pregunta.



Hay algo en nosotros que nos es impenetrable; por eso precisamos de los otros, del juicio de los otros; ser un descubrimiento para otros.



Las semejanzas, ¿engañan?



Por muy próximas que estén, dos islas no piensan nunca lo mismo.



Suelo ponerme en el lugar de aquellos que no pueden ponerse en mi lugar.



A veces nos equivocam