domingo, 20 de marzo de 2016

20 de marzo

















Quién lo diría... Hoy se cumple un año de la muerte de mi hermano Jesús, tras un duro y largo proceso en el que jamás dejó de darnos una enorme lección de vida, valentía y dignidad. Aquel 20 de marzo, de madrugada, unas horas antes de que nos dejase, escribí este breve poema que hoy comparto por primera vez...
Muchos besos y abrazos, querido hermano... Siempre fuiste un hombre de pocas palabras. Tu sonrisa y tus ojos lo decían todo. Estés donde estés, sigues vivo e indemne en nuestro recuerdo, libre y alegre en nuestro corazón...


20 DE MARZO

A mi hermano


Es madrugada y llueve.
Por la gasa del cielo
sólo asoma una estrella.

Siento que es tu mirada, tu adiós último.

Nunca pudo el dolor
arrancarle a tus ojos
la flor de tu bondad.



(Murcia, madrugada del 20 de marzo de 2015).

Fotografía: Parque de la Seda, 1 de febrero de 2014.

martes, 2 de febrero de 2016

La cabina



Observad a este hombre. Tal vez algunos (muy pocos) lo reconozcáis, y es probable que a otros os suene de algo, sobre todo si sois de mi generación u otra colindante. Lo cierto es que a mí me acompaña como una segunda piel desde hace treinta y cinco años, aunque nunca nos hayamos conocido ni visto frente a frente. Y eso que un día nuestros destinos se cruzaron (¡y de qué modo!) y llegamos a estar durante escasos segundos a apenas metro y medio de distancia. Él, sin embargo, ni supo entonces ni sabe aún de mi existencia, lo que no deja de ser una paradoja teniendo en cuenta que gran parte de ella, al menos tal y como la he vivido hasta hoy, se la debo a él precisamente. A él y a los dioses de la divina tragedia de la vida que repartieron los roles y determinaron sin previo aviso los acontecimientos que voy a relataros, por los cuales no he dejado de tenerlo muy presente a lo largo de todos estos años. El otro día, por fin, decidí indagar en la Red para saber qué es de su vida. No tuve que enredarme mucho para dar con él, ya que se trata de un veterano periodista y un escritor reconocido, con una trayectoria humana y profesional y una hoja de servicios impresionante, que ha dado y sigue dando aún mucho que hablar... ¡No es para menos! 

Yo hice la mili en Madrid, en la Compañía Nº 11 de la Policía Militar de Campamento. Sí, la misma que acordonó el Congreso la noche que éste fue secuestrado por Tejero (una historia que, como la que os quiero confiar ahora, sólo conocen unos pocos amigos y familiares y a la que me referiré en otra ocasión). El 29 de diciembre de 1980 cargaba ya a mis espaldas un eterno año de mili (me licencié el 27 de febrero de 1981, cuatro días después de la intentona) y me encontraba casualmente de permiso, pasando la tarde en casa de unos amigos en la calle Bernardo López García, en el castizo Barrio de San Bernardo, cuyas cuestas desembocan en la Gran Vía y en la Plaza de España. Alrededor de las 21:30 decidí salir a llamar a mis padres por teléfono, pues tenía que darles una mala noticia: me habían asignado varias guardias casi seguidas durante esos días y no podría pasar el fin de año con ellos. Me puse el chubasquero militar y, como hacía bastante frío, me cubrí con la capucha la cabeza rapada y las orejas. Bajé raudo por las calles Juan de Dios y San Leonardo y llegué a Princesa, bordeé la fachada del Edificio España hasta su esquina con la calle Reyes y me dirigí a la cabina situada junto a la boca del metro. Cuando llegué frente a ella, vi que estaba ocupada por un hombre. Nadie más esperaba. Yo no tenía prisa alguna, pero tras permanecer allí unos segundos giré la cabeza y advertí que en la acera de enfrente, justo a orillas de la Plaza de España, había un par de terminales exteriores, por aquel entonces aún muy novedosos, protegidos tan sólo por una pequeña mampara... No recuerdo exactamente qué me impulsó a desistir tan pronto de la espera y decidirme a atravesar la calle Princesa, siempre abarrotada de gente y de vehículos pero más si cabe durante las fiestas navideñas... Sí, claro: aquellos terminales estaban libres; y es posible que el frío y lo poco que me gustan los plantones hiciesen el resto. Lo cierto es que me bastaron unas pocas zancadas para atravesar la calzada y en un santiamén había descolgado ya el teléfono y comenzado a marcar el número de mi casa..., nueve, seis, ocho, dos, uno... Y de repente... 

La explosión fue descomunal, indescriptible... Por suerte para mí, la pequeña mampara telefónica amortiguó la onda expansiva. Asomé, incrédulo y aturdido, la cabeza y contemplé un espectáculo dantesco, cuasi virtual: una enorme y densa columna de humo y metralla lo cubría todo y superaba con creces la altura del Edificio España, mucha gente corría despavorida..., pero el tiempo se había congelado. Porque esa gente corría, sí, pero absolutamente quieta. El humo y los miles de fragmentos de metralla permanecían inmóviles, suspendidos en el aire, como en una gigantesca imagen tridimensional... En aquel instante eterno, mientras todo permanecía así, mudo y estático, comencé a escuchar gradualmente cláxones, gritos, silbatos y sirenas de la policía o de las ambulancias y volví a la realidad, esto es, a tener conciencia de lo que en verdad había pasado... Solté el teléfono, lo dejé colgando y, obedeciendo únicamente a mi instinto, eché a correr como si me fuera la vida en ello hacia el único lugar en el que podría sentirme a salvo en aquel momento: la casa de la que había salido diez o quince minutos antes. Pero de pronto, en el fragor de mi huida de aquella escena terrible, pertrechado y encapuchado como iba, me vi a mí mismo como a un sospechoso y, pese a mi conmoción y mi desasosiego, frené bruscamente mi carrera. 

Mis amigos de la calle Bernardo López, claro, fueron los primeros a los que conté lo sucedido. En un principio creímos que el atentado había sido, una vez más, obra de ETA, ya que en aquellos tiempos asesinaba día sí y día no. Los segundos en enterarse fueron mis padres, a quienes llamé al día siguiente nada más leer en la prensa el verdadero relato de los hechos... 

El martes, 30 de diciembre de 1980, El País titulaba en su edición madrileña: “Siete heridos por la explosión de dos bombas en Madrid. El subdirector de Pueblo, José Antonio Gurriarán, grave. Un grupo armenio reivindica los atentados”. Intentaré ahora resumir esta y otras noticias difundidas en los días, meses e incluso años posteriores, ya que estos atentados trajeron tanta cola, es decir, tuvieron tantas consecuencias, que la última de ellas (hasta el momento) la conocimos hace apenas unos meses... 

Bien. El lunes 29 de diciembre de 1980, alrededor de las 21:30, José Antonio Gurriarán, a la sazón subdirector del diario madrileño Pueblo, salió de su trabajo con la intención de ir con su esposa a ver una película de Woody Allen. Sobre las 21:35, estando ya a las puertas del cine Pompeya, escuchó una explosión muy próxima. Su curiosidad y su compromiso profesional hicieron que se acercara a ver lo sucedido: acababa de estallar una bomba en las oficinas de la compañía aérea norteamericana TWA, sita en la Gran Vía. Sin pensárselo dos veces, corrió a la cabina más cercana para avisar al diario de lo sucedido. «Acaba de estallar una bomba”, alcanzó a decir; pero su llamada quedó interrumpida por la explosión de un segundo artefacto de mayor potencia ante las oficinas de la compañía Swissair, ubicada en el Edificio España. La bomba estaba colocada en el suelo, al pie de la cabina ocupada por Gurriarán, en el hueco que había entre ésta y la barandilla de la boca de metro. La cabina saltó por los aires, y José Antonio Gurriarán sufrió heridas muy graves (sobre todo en ambas piernas) que casi le cuestan la vida y le dejaron secuelas de las que nunca ha conseguido recuperarse del todo. Pero sobrevivió... 

«He pasado la situación más dura y, a la vez, más interesante de mi vida, porque he visto muy cerca el calor de la muerte. Me he salvado porque me he negado a morir», confesaba Gurriarán en una entrevista al poco de regresar a su domicilio (casualmente pocas horas antes de la intentona golpista), tras permanecer dos meses internado en el Hospital Clínico de Madrid, en el transcurso de los cuales tuvo que someterse a cuatro complicadas operaciones quirúrgicas y a numerosas transfusiones de sangre. Pero tanto sufrimiento comenzó a dar pronto sus frutos... «El bombazo me ha hipersensibilizado contra la violencia y el terrorismo. Rápidamente pensé que tenía la obligación moral de escribir un libro pacifista dedicado, sin rencor, a todos los terroristas del mundo. Por eso, a partir del séptimo día de estar hospitalizado empecé a grabar en un magnetófono algunas ideas que me surgían entre nebulosas”, afirmaba en aquella entrevista. Un año después, ya mucho más recuperado, Gurriarán se reunió en Líbano con los autores del atentado, el grupo terrorista Octubre 3, fracción del ESALA (Ejército Secreto Armenio para la Liberación de Armenia), algo que en algunos foros fue calificado poco menos que como “el colmo del síndrome de Estocolmo”. Pero, fruto de aquel encuentro, en 1982 salió a la luz La Bomba, publicado por la Editorial Planeta, un libro en el que contaba toda su odisea y que ha llegado a alcanzar gran repercusión internacional, ya que hace unos años fue reeditado en Armenia y, más recientemente, en Francia. Más aún: en mayo de 2015 el director de cine Robert Guédiguian presentó en el Festival de Cannes la película Une histoire de fou, basada en este libro, que aún no he visto pero que tengo muchas ganas de ver...


Robert Guédiguian y José Antonio Gurriarán




En fin..., hasta aquí mi relato (absolutamente verídico) de toda aquella experiencia. Sólo añadir que, en mis ya muchos pero cortos años de existencia, he pasado por no pocos trances tan imprevisibles como peligrosos y he salido indemne de todos ellos por los pelos (de ahí, seguramente, mi calvicie). La vida da muchas vueltas, sí, pero siempre he sido consciente de que en cualquier momento se puede detener de un modo brusco. Aquel lunes, 29 de diciembre de 1980, yo vi cómo el mundo se paraba. Y aquí sigo todavía, treinta y cinco años después, sano y salvo para contarlo; o, dicho de otro modo, vivo aún por accidente... Porque el azar no hace distingos. De haber llegado a la cabina tan sólo unos segundos antes, la habría encontrado vacía y la bomba me habría estallado a mí. También si hubiese esperado a que se desocupara. En el primer supuesto, he imaginado muchas veces a José Antonio Gurriarán, movido por el apremio de informar a su periódico tras escuchar la primera explosión, corriendo en busca de esa cabina, llegar ante ella y, al ver que estaba ocupada por mí, hacer exactamente lo mismo que hice yo cuando lo vi a él dentro: esperar unos instantes eternos a que la desocupase, girar instintivamente la cabeza, percatarse de que al otro lado de la calzada había un par de terminales libres, dirigirse hacia ellos sin dudarlo (aun teniendo que atravesar la concurrida calle Princesa, tan saturada de gente y tráfico en aquellas fechas) y, una vez allí, mientras marcaba el número de su periódico para informar del atentado, escuchar la impresionante segunda explosión, sentir cómo se paraba el mundo y permanecer unos instantes aturdido..., salvo que él no habría soltado el teléfono ni huido de la escena tan atemorizado como yo. Al día siguiente, los periódicos y los noticiarios habrían hablado de mí, y no de Gurriarán. A él sólo le habría correspondido ejercer su apasionante y comprometido oficio, informar de ambos atentados y narrar lo cerca que estuvo de que aquella segunda bomba le estallase también a él, bien por haber encontrado vacía la cabina, bien por haber esperado tan sólo unos segundos a que yo la dejase libre. Y pienso que es más que probable que, en tales circunstancias, José Antonio Gurriarán se hubiera preocupado por mí y hubiera incluso procurado conocerme personalmente, a fin de contármelo todo más o menos como yo os lo he contado ahora...


jueves, 18 de octubre de 2012

Adiós a José Luis Parra


José Luis Parra [Fotografía: Susana Benet]

Cómo es la vida. Hoy he recibido de manos y boca de mi amigo José Rubio el último poemario publicado por José Luis Parra y, a la vez, la noticia de su muerte. Sí. Ayer, 16 de octubre de 2012, falleció en Valencia el poeta José Luis Parra, nacido en Madrid en 1944, "víctima de una larga enfermedad", como anuncian eufemísticamente los periódicos. Su cuerpo ha sido inhumado hoy al mediodia en el cementerio de Quart de Poblet.

José Luis vivió la mayor parte de su vida en Valencia, pero solía visitar con relativa frecuencia Murcia, donde tenía y seguirá teniendo muchos lectores y un grupo considerable de amigos y poetas muy queridos; de hecho, llegó a vivir en Murcia una larga temporada a principios de la década de los ochenta (yo lo conocí en esa época, aunque no llegué a entablar con él amistad alguna), años antes de publicar su primer libro, Más lisonjero me vi (1989). Posteriormente fueron apareciendo en Ediciones de la Guerra/Café Malvarrosa títulos como: Un hacha para el hielo (1994), Del otro lado de la cumbre (1996) y La pérdida del reino (1997); y en la editorial Pre-Textos: Los dones suficientes (2000), Tiempo de renuncia (2004) y De la frontera (2009), hasta desembocar en Inclinándome, que terminó de imprimirse el 17 de septiembre de 2012 y ha salido a la luz hace apenas unos días.

La última vez que lo vi fue, se dice pronto, hace once años y medio, exactamente el 6 de febrero de 2001, con motivo de la presentación de Los dones suficientes en el Museo Ramón Gaya. Fue entonces cuando por primera vez pude intercambiar con él unas pocas palabras, nuestras direcciones postales y nuestros números de teléfono. Unos años antes ya lo había conocido como poeta gracias a Eloy Sánchez Rosillo, quien tuvo la gentileza de regalarme Del otro lado de la cumbre. En ese libro descubrí desde el primer verso a un poeta hondo, humano, lúcido y verdadero que, de uno u otro modo (releyendo sus poemas, recordando su figura o su manera de ser y de vivir la vida) ya nunca ha dejado de acompañarme.

De su último libro, su título nos lo dice todo. Pero esa inclinación no obedece tanto a un servil o derrotado acatamiento como a una digna y reverencial aceptación ante la muerte; por eso he optado por recoger aquí este breve poema, esta pequeña joya en la que el poeta, precisamente, se inclina para regar sus macetas y siente que, así, el mundo se renueva:


REGAR LAS PLANTAS

                                   A Elena Cortell

Primeros trinos,
ténues, en el alba estival.

Salgo al balcón y riego las macetas.
Al inclinarme noto que envejezco.
Pero cómo consuela, con los años,
esta alegría, este ritual, el chorro
de agua sobre las hojas.

Qué verde y fresco,
como recién creado,
gotea el mundo.


JOSÉ LUIS PARRA
Inclinándome
Pre-Textos
(2012)


* * *

viernes, 18 de mayo de 2012

'La traición de la memoria', de Antonio Gómez

Desde el pasado 20 de abril y hasta el próximo 26 de junio, el pintor Antonio Gómez Ribelles muestra en el Palacio Molina de Cartagena su obra más reciente, titulada La traición de la memoria. Se trata de una exposición poliédrica, un conjunto armónico y multidisciplinar concienzudamente proyectado y articulado en el que se aúnan pintura, poesía, fotografía, escultura, diseño gráfico, imagen y sonido, y en el que he tenido el privilegio de colaborar con una modesta ambientación sonora para el vídeo “Parsimonia”.

En La traición de la memoria, claro, el traicionado es el olvido. Antonio Gómez ha rescatado antiguas fotografías familiares que luego ha desmenuzado y reinterpretado, entretejiéndolas y reordenándolas con sus recuerdos y vivencias interiores, y ha hecho emerger en nuestro ahora un mundo, un tiempo y un espacio de otro ahora plenos de símbolos, luces, sombras y sueños de la razón que nos acogen como un paisaje orgánico, una casa de campo, una entidad viva.

En suma, un otro ahora atemporal que sigue estando aquí, que es siempre ahora.

En este enlace podéis ver el catálogo completo de la exposición: http://wwwe.cartagena.es/invitacion/agomez.pdf, que, como comprobaréis, contiene unos textos preciosos de José Luis Martínez Valero y el propio Antonio Gómez.

Por lo demás, me he atrevido a pergeñar este poema, nacido de las impresiones que la exposición suscitó en mí:


PARSIMONIA

Para Antonio Gómez


Sin memoria no hay juicio, no hay conciencia.

La memoria es aljibe
de una casa viviente.

Eco que nos traduce.

Todo cuanto habitamos nos habita.
Todo paso que damos deja huella.

Saca del continente el contenido, extrae
del corazón del fruto la simiente
y ocupa su oquedad.

La semilla eres tú.

Desdibújate en savia, tallos,
brotes y hojas hermanas.

Surca el mar de la luz y de la sombra,
navega con sigilo en el silencio
que todo lo circunda e, igual que un caracol,
imprime en el estuco de la noche
-blanco velo lunar de la memoria-
la estela luminosa
que una conciencia agreste y distraída
descubrirá en el borde del aljibe.


[Murcia, 8 de mayo de 2012.]


domingo, 13 de mayo de 2012

Dos poemas de José Moreno Villa


Abro al azar Poesías completas de José Moreno Villa y leo estos dos poemas:


ENTEREZA

En el nombre del verbo que a la rosa espolea,
que al mastuerzo fustiga y al heliotropo empuja,
quiero animar el coro, y no aventar más lágrimas
si no son como estrellas.

¿Qué más da que la nube cubra el signo del alba?
También las olas tapan árboles de corales.
Y nosotros tapamos las ramas coralinas
que nos dan existencia.

Lo importante es saber que las cosas se esconden;
y después, descubrirlas; y despues, manejarlas:
situar el lucero sobre vivos corales
y avanzar lentamente.

La vida es un poema trágico -ya lo sé-,
pero, habiendo pasión, la tragedia es hermosa.
Vengan, vengan misterios, nubes, telones, gasas,
y pasión para henderlos.

* * *

NO HAY CONSEJO POSIBLE

Fuera lógico, amigo, que al final de la vida
pudiéramos legar una norma o un consejo,
práctico, de moral o de táctica alegre;
algo para vivir con dignidad y gusto.

Porque mi angustia es ver con entera evidencia
que la vida es más grande, más llena de posibles,
más honda, más extensa, más íntima y sensual
que la tocada en suerte a cada ser humano.

Pero, amigo, no hay lógica. La experiencia no sirve.
Cada momento es nuevo hasta el rato final.
Todo cambia al contacto de nuevas convergencias.

Por eso los abuelos decían "Ya veremos...
Ya veremos qué día se presenta mañana."
Y es que cada minuto viene en combinaciones.

* * *

[José Moreno Villa en Voz en vuelo a su cuna (1955).
Poesías completas. Edición de Juan Pérez de Ayala.
COLEGIO DE MÉXICO / RESIDENCIA DE ESTUDIANTES, 1998.]


lunes, 23 de abril de 2012

Un poema de 1986




LOS CIELOS INQUIETANTES

Los cielos inquietantes se asoman a los días,
al barro de los días, a nuestra edad sin tiempo.
Los cielos inquietantes nos muestran silenciosos
nuestro destino extraño, nuestro único fin.


[Publicado en En un camino en el aire, Editora Regional de Murcia, 1994]


* * *

lunes, 9 de abril de 2012

Dos poemas de 1977




ADELFAS

Dos a dos nuestras horas cantan a la luna, el miedo
coge adelfas por entre los vientos.
Dos a dos se alejan las aves hacia las mil noches,
sus alas cruzándose amorosas, rozando la cabeza
de la eternidad.
En una noche sembraré rocíos de mi cuerpo vivo,
cuando en mi soledad me conozca tanto
como conozco las estrellas.

Ercid Scaguer, entre los hombres te vi pasar como alegre,
abriendo tus manos hacia todo con mágica destreza.
Oh, brujo, se produce el milagro del verso.
El ave grande te subió a su espalda tranquila, el sol
tímido tomó tus cabellos de oro,
bordó los suburbios de azares, de símbolos, de frescura.
Ercid Scaguer, y tú habías muerto.

Sí y no sufro por la cortedad de tu olor y el tiempo escaso.
¿Qué me sucede estos días, amor, de fruto en vano y de silencio?
Me dicen las hojas, amor, devotamente me lo dicen,
que tu pureza de ahora y tu suspiro,
tu ternura y tu océano más bello
arrancan de las nubes caricia inmensa.
Me dicen los gamos que siembras dibujos y estrellas
y que hasta mí desciendes desde el Mediterráneo.

Cogió el ballestero las redes y las casillas. De su pecho
crecieron las piñas y el hacha,
de su tronco la gris arena, el agua amarga
y los desdenes.
Corrieron al monte las adelfas, pobremente calladas,
sufriendo al sol.
Llevaron marinas a Carmen Rózar the column,
que estaba celando a su hombre muerto
en una noche de febrero.


[Murcia, 24 y 27 de junio de 1977. Publicado en Un camino en el aire. Editora Regional de Murcia, 1994]


* * *


LIBERTAD HACIA DENTRO
(Inédito)


I

Por qué el sol es esta soledad que te circunda como un reptil de fuego que reposa en las plantas. Vas hacia tu reencuentro y te ilumina. Siempre con esa fuerza que te pica, siempre con ese atril de luz que te provoca. Estás confuso. No dudas en decirlo. Y sin embargo todo eso te es inevitable y te anuncia la hora, que es mentira, pues sabes bien que no es definitiva.

Te busco y te deseo, pérdida entre las nubes. Con mis manos, con mi boca. Tal vez ya estás aquí. Recorro con los ojos las distancias. Son enormes.

- ¿A quién llamas?
- A nadie.
- Yo soy Nadie.

De una estrella a otra, de un alud a una ladera mi cuerpo permanece inmóvil. ¿Es esto un comienzo o una continuación? De nuevo estaré solo. Escucho los fraseos de una alondra. Partículas de ritmo. De desintegración.

La lluvia es un extenso pasadizo, un cauce al mar, y cada gota un poderoso océano. Las aves comprendieron el riesgo de ser libres. Acróbata en el agua, tus ojos entornados no trazan un camino. Aprecias el peligro, la sal en la saliva. Sientes tus propios límites tan pronto como saltas, sientes tu propio juego tan pronto como asombras. Transcribirlo te llevaría siglos. Escucha el corazón de las arenas, escucha cómo laten los instantes. Descifra lo inefable de un segundo. Penetrará en tu alma.

Cuántos años, cuántos y pocos años en tu cuerpo.

Y contemplas las piedras que a menudo acaricias para sentir su peso, la vívida presencia del peligro que dilata las horas.

Los ritos se insinúan, los instantes, los posibles disfraces de la cara, los pómulos, la boca. Nuestros hábitos, nuestras obligaciones. Ya se irá todo, lo impreciso, lo ingenuo, la vigilia. Habrá una puerta que se abre no sé cómo hacia un mar, un estante vacío, algún libro en tus manos. Esto es. Y sin embargo sé que es algo más, tanto más cuanto que desaparece, una lluvia o un riego en la sangre. Y se adivina cada gesto, cada relación inclinada al vacío. Allí es fácil que algo se repita. O carecer de alma, extraviarse allí donde uno es arbolado, volcado en las ideas.

Y te abandonaré al azar de un mañana intranquilo, para que verifiques. Tus deseos desbordan los lenguajes. Para que no suprimas las voces de la sombra. Descifra sus mensajes, lo nocturno, las frases encauzadas al olvido. Y no preguntes, no escuches el tiempo. Yo abrazaré tu cuerpo ausente. Yo te veré en la sombra.



II

Siempre cercano al agua, como el fuego egipcio, como el fuego que viaja entre los árboles, siempre cercano al cielo, abrazado a las piedras, consumiendo las ramas y las hojas con la ayuda del viento. Qué te dicen, tan lejos y tan cerca del lenguaje, los símbolos, tan vivos. Ocultan algún rastro, destruyen los caminos. Las voces de la hiedra, los trazos de la hiedra son tu nombre. Y por qué te sonríen. Por el mar, por tu alma de mar. Tú callas y te olvidas, y es lo mismo. Ni el túnel, ni la luz de los espejos. Te alejas de las horas, de las torres, del mar y de las naves hacia el cielo versátil, impreciso. Tus ojos en declive descansan en la bruma. O buscan otro fuego.

La soledad es tu reino, es tu riesgo, es el viento. Sí, la realidad es muda como el aire. Pero el viento transporta las palabras y su frío te hace sonreír: regresa a la ceniza, se esparce de la tierra a las estrellas. Flamígera alegría. Contemplas el desorden, la plata que se esconde indiferente, pues qué importa. Qué importa tu mirada tan sola hacia el silencio. Los ríos y la noche no los expresa el hombre. Me llega tu mirada, solitaria nieve. Eres música sobre las profundas aguas.

Libertad hacia dentro. Donde el silencio es un dios y la soledad un sueño único.


[Murcia, 1977]

lunes, 5 de diciembre de 2011

Dos coplas con telón de fondo


Eduardo Rosales: El naranjero de Algezares (1872).

[A UN CUADRO DE ROSALES]

¿Como se llamó este hombre
que pintó el maestro Rosales?
Sólo nos queda este nombre:
Naranjero de Algezares.

Miradlo, se le ve el alma.

Y junto a él, pensativo,
su asno dignamente orlado,
tan cabal y recogido
que al verlo me he preguntado:

"Y el burro..., ¿cómo se llama?".



* * *




Alejandro Franco: Calabaza (2011).

[A UNA CALABAZA QUE PINTÓ ALEJANDRO FRANCO]

Esta va para Alejandro,
pues sé que le gustará,
porque revela de un tajo
una rotunda verdad:

El que te echó en su capaza,
por ella se fijó en ti.
¡Cómo luces, calabaza,
tu profunda cicatriz!



[S. M., noviembre de 2011]


* * *

lunes, 28 de marzo de 2011

Greguería de Ortega


"Va tan tranquilo el caminito de tierra, y de repente -¡zas!- el camino de hierro lo atraviesa. Es cuestión de un instante, pero muy dolorosa, muy quirúrgica. Es una doble inyección de hierro que perfora el cuerpo del camino de tierra, lo traspasa de parte a parte. El pobre camino queda para siempre enfermo de aquel sitio, y es preciso entablillarlo con las dos vallas del paso a nivel y ponerle un practicante que vigile al lado. Con frecuencia, al pasar, vemos el trapo empapado en sangre que el practicante agita en señal de peligro."


[José Ortega y Gasset en Notas del vago estío (1925)]


sábado, 29 de enero de 2011

La soledad de las estatuas


Carmen Piqueras (foto: Marina Nicolás)

Anoche, unos cuantos amigos recibimos un precioso correo de nuestra querida amiga Carmen Piqueras. El asunto rezaba: "Como no tengo un blog...", de modo que, tras animarla una vez más a que se hiciera uno, le pedí permiso para publicar su poético reportaje en este casi olvidado y solitario camino, a lo que ella accedió de inmediato. Lo transcribo, pues, íntegramente antes de que se arrepienta. Gracias, Mamen.

* * *

"En los últimos días he hablado con Antonio Gómez y Sebas sobre lo que significa ser poeta, pintor..., artista en suma. Sobre la íntima y maravillosa sensación de "crear" y hacerlo con pasión y honestidad, sobre la felicidad que procura compartirlo con otros seres que de una forma intensa y profunda lo "re-crean" con nosotros, de la suerte que supone la existencia de tantos libros, discos, cuadros, pelis, teatro (bueno, en Murcia es un decir) que nos quedan por visitar y de los que revisitamos porque suponen nuestra memoria afectiva, sentimental, hondamente humana. También hablamos de lo cansado y frustrante que debe ser poner tu vida, tus anhelos, incluso las triquiñuelas más indignas al servicio de una vida pretendidamente artística.

Paseaba por Murcia bajo la lluvia y pensaba en la esmeralda y magnifica soledad que procura el agua a los jardines, a los bancos de piedra... y a las estatuas de los prohombres. Sentí una punzada de ternura por ellos, tan considerados en vida y ahora invisibles entre el ir y venir de los transeúntes, del tráfico. No pude, o no quise, resistirme al deseo de fotografiar a los que me fui encontrando. He aquí algunos poetas patrios que adornan plazas y jardines de Murcia. No sé si fueron artistas a "tiempo completo", todas las horas de su vida, si soñaban con la gloria póstuma, si se consideraban la
cooltura murciana, los más modernos..., pero ¡ay el tiempo! han quedado, en el mejor de los casos, como ignorado mobiliario urbano, nadie recuerda sus poemas (suponiendo que se sepa que son poetas) y ni el verdín ni las palomas sienten el menor respeto por ellos. ¡En fin! Madrigal solo reverdece con las escasas lluvias de por aquí, cuando leo "A SELGAS" añado siempre "con sardinas saladas" y Jara Carrillo es el recuerdo de unos versos pavorosos de mi infancia sobre un inclusero al que, debido a la vestimenta que las monjas le habían puesto y que delataba su origen, no le permitían el paso a la residencia donde su madre servía. Del escultor Garrigós diré que es antepasado de menda y por tanto me callo prudentemente.









Y con las fotos (tiradas con el móvil y literalmente "a ciegas"), un poema posromántico de siniestra belleza.


LA CUNA VACIA


I

Bajaron los ángeles,
besaron su rostro,
y, cantando a su oído, dijeron:
vente con nosotros.

Vio el niño a los ángeles
de su cuna en torno,
y agitando los brazos, les dijo:
Me voy con vosotros.

Batieron los ángeles
sus alas de oro,
suspendieron al niño en sus brazos,
y se fueron todos.


II

De la aurora pálida
la luz fugitiva,
alumbró a la mañana siguiente
la cuna vacía.


[José Selgas]


La verdad es que, ubicado en su contexto, le encuentro valores líricos muy reseñables pero qué cabrones los ángeles, no?

Finalmente os envío el monumento al Conde de Floridablanca a cuya "erección" colaboró el pueblo de Murcia."




Carmen Piqueras
Murcia, 28 de enero de 2011


miércoles, 29 de diciembre de 2010

"Cualquiera de nosotros"


Miquel Martí i Pol dibujado a lápiz sobre papel por Adolf.



A MODO DE EXORDIO

Cualquiera de nosotros, perdedores
irreverentes y lúcidos, y también
cualquiera de ellos, los otros, instalados
en castas de poder y privilegio,
una mañana cualquiera, desde la triste
permuta del espejo, podemos sentirnos
exiliados sin salir de casa.
¿Y qué haremos, entonces? ¿Invocaremos
leyes y preceptos? ¿Pediremos cuentas
a los descreídos? ¿Renegaremos de los dioses?
Así se expresa el tiempo, sin ningún tipo
de impiedad, y es bueno saberlo y decirlo
para probar a vivir con los sentidos
y los sentimientos en perpetua vigilia.
Mirar a la vida cara a cara es un
recomendable y prudente ejercicio
de humildad, una activa y discreta
conspiración que nos acerca a aquel núcleo
tan olvidado de nosotros mismos
en el que a veces es duro descubrirse.
Crecer es también saber que la tristeza
e incluso la afrenta no son, por suerte,
exclusiva de los viles, sino un grotesco
patrimonio de todos, y que por los ojos
de los marginados, de los pobres, de los vencidos,
se nos va a todos el gozo de vivir
armoniosamente y con alegría.


Miquel Martí i Pol
Después de todo
Premio Internacional de Poesía Laureà Mela 2002
DVD ediciones /Barcelona, 2002


lunes, 1 de noviembre de 2010

"Muertos del mundo, uníos"



‎1 de noviembre. Abro al azar 'Hojas de Madrid', de Blas de Otero, y aparece este soneto:


Invasión

Maravilloso mar el de la muerte.
Tocar el fondo, al fin, tocar el fondo.
No hender las olas en que hoy me escondo,
sino hacer pie pisando, ahondando fuerte.

Entro en el centro de la sombra inerte,
y, desde allí, retorno al aire, rondo
la luz, revivo y vivo en el más hondo
maravilloso mar: el de la muerte.

Muertos del mundo: uníos, emerged
entre sangre y cadenas; renaced
de las revoluciones invencidas.

Renaceré yo, mar, en las arenas
de Playa Larga, rotas las cadenas
de las olas que invaden nuestras vidas.



Blas de Otero
Hojas de Madrid con La Galerna
Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores
Barcelona, 2010

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Uvas



El lunes pasado me entretuve fotografiando las uvas que había comprado para el postre. Pocas horas más tarde me reencontré casualmente con este breve poema de Rilke, escrito en el château de Muzot durante el invierno de 1923 (la versión es de Jaime Ferreiro Alemparte):

Terrazas de viñedos como teclados:
todo el día pulsados por el sol.
Y de la pródiga vid al frutero,
transposición sonora.

Oído al fin en las bocas receptoras
para el cumplido tono de las uvas.
¿Qué ha dado a luz el grávido paisaje?
¿Siento a la hija? ¿Reconozco al hijo?

jueves, 3 de junio de 2010

El poeta según Keats



WHERE'S THE POET? SHOW HIM, SHOW HIM

Where's the poet? Show him, show him,
Muses nine, that I may know him!
'Tis the man who with a man
Is an equal, be he king,
Or poorest of the beggar-clan,
Or any other wondrous thing
A man may be 'twixt ape and Plato.
'Tis the man who with a bird,
Wren or eagle, finds his way to
All its instincts. He hath heard
The lion's roaring and can tell
What his horny throat expresseth,
And to him the tiger's yell
Comes articulate and presseth
On his ear like mother-tongue.

* * *

¿DÓNDE SE HALLA EL POETA? ¡MOSTRÁDMELO, MOSTRÁDMELO!

¿Dónde se halla el poeta? ¡Mostrádmelo, mostrádmelo,
oh, musas, que yo pueda conocerlo!
Es aquel hombre que, en presencia de otro,
se sentirá su igual, sea éste el rey
o el más pobre del clan de los mendigos,
o cualquier otra cosa sorprendente
que entre un mono y Platón el hombre pueda ser.
Es aquel que ante un pájaro,
águila o reyezuelo encuentra su camino
a todos sus instintos. Le ha escuchado
al león su rugido y puede hablar
de lo que su garganta endurecida expresa.
A él el grito del tigre
le llega articulado y se abre paso
como lengua materna entre su oído.

* * *

[JOHN KEATS en Belleza y verdad
Versión en castellano de LORENZO OLIVÁN
Colección LA CRUZ DEL SUR
Editorial PRE-TEXTOS
Madrid - Buenos Aires - Valencia
1ª edición: enero 1998
2ª edición corregida: enero 2010]


jueves, 25 de marzo de 2010

'LIENZOS EN BLANCO', de Félix Amador Gálvez



Félix Amador Gálvez
Lienzos en blanco
Colección de Narrativa "Gerión"
Diputación Provincial de Huelva
Servicio de Publicaciones
2009

* * *

La primera impresión, nada más sostener entre las manos este libro y leer su título, tan feliz, tan fecundo, es que su autor, necesariamente, ha acertado de lleno al elegirlo. Pero conforme nos vamos adentrando, línea tras línea, entre sus páginas, esa primera impresión se confirma como una evidencia, una verdad incontestable.

Y es que, fiel a su nombre, Félix Amador Gálvez, escritor y pintor moguereño, amigo y camarada cibernauta que ya anduvo por este camino hace un par de años con ocasión de la publicación de su novela Las palabras mágicas, ha conseguido reunir en este libro una pulida colección de relatos, pacientemente guardados en un cajón durante más de una década y escritos en muy diversos registros (aunque con igual maestría) a partir de un leitmotiv común: el arte de la pintura.

Debajo de todo cuadro, debajo de cada trazo o pincelada, subyace siempre un lienzo en blanco, un espacio desnudo que es su fondo y a la vez la superficie sobre la que cada cual lo reinterpreta a su manera. Un cuadro no es nada, ni siquiera un cuadro, si no tiene delante a alguien que lo mira; pero llegará a ser tantos cuadros distintos como ojos se detengan para contemplarlo. Porque en realidad un cuadro no es más que una mirada. Y una mirada es un espejo.

Así, cada palabra, cada frase de Félix es un trazo preciso y respetuoso sobre el fondo blanco de un lienzo. En verdad puede afirmarse que Félix pinta cuando escribe. Sus historias no se leen: se viven, se contemplan. Fluyen como el pensamiento. Y todas ellas encierran claves y reflexiones sumamente sutiles y atractivas sobre la utilidad, la trascendencia y la razón de ser del arte.

Lo cierto es que Lienzos en blanco funciona como una amplia y luminosa galería por la que desfilan numerosas pinturas emblemáticas en las que hallamos correspondencias con todos y cada uno de los relatos [1]. Leyéndolos, tenemos la sensación de estar dando un paseo a través de la historia de la pintura, que es también la historia de la humanidad; un paseo íntimo, ameno, culto y placentero, aderezado con las dosis justas de suspense, acción, ficción y realidad.

Por ejemplo, en "Entre tinieblas, una luz", podemos seguir los pasos de Murillo por las hambrientas calles de Sevilla, ser testigos de su confesión en una pequeña iglesia que le coge de camino y entender mejor las razones por las que reclutaba a alcahuetas, pícaros o pordioseros como modelos para sus pinturas por encargo...







En "El rostro de Dios" nos subimos con el mismísimo Miguel Ángel al andamio mientras pinta su famosa escena de La Creación en la bóveda de la Capilla Sixtina...



En "La dama del cuadro" cobra vida la hermosa y hechizante Venus de Urbino, de Tiziano...



En "Déjà vu", el protagonista experimenta un enigmático reencuentro consigo mismo cuando, impulsado a seguir a "una joven alta, vivaracha y algo extravagante en el vestir" con la que tropieza por la calle, es conducido por ésta ante la pintura de Sir Edward Coley Burne-Jones El rey Cophetua y la mendiga...



Y creo igualmente necesario reseñar lo bien traídas que están todas las citas que encabezan estos Lienzos en blanco, como marcos elegidos con sentido de la oportunidad y del buen gusto. El primero de los relatos, "El dibujante de la Plaza Mayor", va presidido por unos versos espléndidos de Juan Ramón: "Yo no soy yo. / Soy este / que va a mi lado sin yo verlo; / que, a veces, voy a ver, / y que, a veces, olvido". [2]

Y en "El rostro de Dios", Félix, que es también un gran cinéfilo, coloca esta impagable cita de la película Perversidad, de Fritz Lang, puesta en boca de su protagonista, el inefable y descomunal actor Edward G. Robinson: "A mí nadie me enseñó a dibujar. Trazo una línea alrededor de lo que siento al ver las cosas".

En fin, yo sólo soy un lector; y como afirma Reñé, personaje principal de "La revolución del viaducto" (único relato que toma el título del cuadro sobre el que trata), "los libros no se han escrito para que se hable de ellos, sino para ser leídos"; así que, ante todo, confío en haber conseguido transmitiros lo mucho que he aprendido y disfrutado ante estos Lienzos en blanco [3], una obra que, de haber sido escrita y publicada en otros pagos, habría obtenido, sin duda, mayor repercusión. Pero eso también forma parte de su mérito. Desde su intimidad, allá en Moguer, y su modestia, Félix nunca se ha considerado un escritor profesional (lo que ya dice mucho a su favor); a lo sumo, ha llegado a definirse a sí mismo como "lector compulsivo" desde la infancia y, por tanto, "escritor por contagio". En todo caso, suma ya en su haber numerosos premios y publicaciones que acreditan su dedicación y la calidad de cuanto escribe.

Lo cierto, repito, y con esto termino, es que leerlo es un placer... ¿Hay quien dé más...? Su prosa fluye siempre serena y melodiosa, como un arroyo de palabras que discurren por un cauce natural.

¡No creo que pueda decirse lo mismo de muchos profesionales!



Os dejo con un fragmento de "Acuarela", uno de los relatos más intimistas de los diez que componen este espléndido libro.

* * *



"Si fuera un filósofo, me preguntaría a cada paso quién es cada uno de los que camina delante de mí por la acera, qué lo mueve, hacia dónde va realmente, pero no lo soy, y hace tiempo que la gente me trae sin cuidado. He aprendido a mirarla con otros ojos. La calle ofrece mejores perspectivas que la de cuestionarse el sino de los demás, la calle es el paisaje por el que me veo obligado a discurrir cada día, el mundo que me rodea. Si fuera pastor tendría que atravesar cada mañana una cañada o un valle. Las calles son mis cañadas y las plazas mis valles, y no hay diferencias, pues encuentro tanta belleza en los verdes como en los grises.

Al llegar al mercado, la niebla se hace más espesa. Si uno quisiera, podría apreciar la calle como una de esas pinturas de William Turner con un barco en medio de la tormenta. Pero la niebla en la ciudad es más ordenada y apenas rompe la sólida simetría de líneas rectas del viejo edificio del mercado. Por encima de la bruma, el sol intenta dibujar los colores de todos los días, pero se ve impotente. Ajenos a su lucha, los tenderos despliegan un amanecer más sus mercaderías en espera de los clientes. A pesar de que paso a su lado, mi retina apenas responde a sus formas, difuminadas a mi alrededor por la persistente neblina."

* * *

Todos los interesados en adquirir un ejemplar de Lienzos en blanco pueden probar suerte en estas direcciones:

Excma. Diputación Provincial de Huelva
Servicio de Publicaciones
www.diphuelva.es/publicaciones
Contactar: javila@diphuelva.org
Tlfno: 959 494 759
Fax: 959 494 760

* * *

Distribuidores

España

EGARTORRE LIBROS
C/ Primavera, 2 (NAVE 31). P.I. El Malvar
28500 ARGANDA DEL REY
Madrid
Tfno: 918 729 390
Fax: 918 719 399
E-mail: egartorre@egartorre.com
Web: www.egartorre.com

Extranjero

LIBRERÍA DISTRIBUIDORA RENACIMIENTO
Sevilla
Polígono Nave Expo 17
41907 Valencina de la Concepción (Sevilla)
Tel.: (34) 955 99 835
Fax: (34) 955 99 835
Web: www.libreriarenacimiento.com

* * *

Para conocer mejor a Félix Amador Gálvez:

http://felixamadorgalvez.blogspot.com/
http://diariodeunfeoreciendivorciado.blogspot.com/
http://jazzeseruido.blogspot.com/
http://elviajeropasional.blogspot.com/


* * *

-----------------------
[Notas a pie de página]

[1] Estas pinturas no vienen reproducidas en el libro (el autor llegó a plantearse la posibilidad de hacerlo, pero, con buen criterio, optó finalmente por dejar trabajar a la imaginación), sino que son fruto de una reconfortante y entretenida búsqueda personal por Internet.

[2] Precisamente, mientras corregía estas líneas, me ha llegado el último libro de Félix, juanramoniano de pro: El Moguer de Juan Ramón Jiménez [Breve Guía para el Viajero Pasional]. Fundación Zenobia-Juan Ramón Jiménez / Diputación Provincial de Huelva / Consejería de Cultura-Junta de Andalucía. Moguer, Huelva, 2010.


[3] Lienzos en blanco me llegó en diciembre pasado de manos de su autor, y desde entonces lo he releído varias veces. Por diversas razones, estas líneas, junto a otras muchas, llevaban en reposo un par de meses a la espera de ser revis(it)adas.


viernes, 12 de marzo de 2010

Recital de Carmen Piqueras en La Cañica



El pasado (y lluvioso) 18 de febrero me acerqué a Los Dolores de Cartagena para escuchar el recital poético que mi querida amiga Carmen Piqueras, acompañada por su hermano José Manuel a la guitarra, ofreció en la Cafetería La Cañica con ocasión del IV Ciclo "Poetílico de Divan", en su apartado Musiversando, coordinado por el poeta Antonio Marín Albalate y organizado por la Asociación Cultural Diván. A la cita acudieron también otros muchos amigos, entre los que se encontraban los poetas José Antonio Martínez Muñoz y Ángel Paniagua y el pintor cartagenero Antonio Gómez Rivelles. Fue una velada espléndida, verdaderamente amena y entrañable, en la que Carmen leyó poemas de su libro Oficios de derrota (2001), galardonado en su día con el Primer Premio de Poesía "Dionisia García" de la Universidad de Murcia, más un buen manojo de poemas aún inéditos, entre los que se encontraba este precioso homenaje a la casa que la vio crecer. En él palpita con fuerza esa Murcia que fue y que aún todos llevamos dentro. Gracias, Carmen, por dejarme traerlo aquí; porque esa casa es, en gran medida, la mía, la nuestra...

Aprovecho para ilustrar el poema con uno de los vídeos que José Manuel tiene colgados en YouTube, en el que interpreta un tema que tocó precisamente aquella noche: el aria inmortal de George Gershwin, "Summertime".

(Ahora que lo pienso..., ¡esta entrada también habría quedado de perlas en mi blog de jazz!).

* * *




LA CASA ERA ALTA Y ERA ROJA,
era una península de dichosa orografía
unida a la ciudad que sesteaba
por un istmo de casitas humildes
y algún ruinoso palacete.

Rodeada de huertos milagrosos
era la casa a su vez milagro:
de piratas navío o tren expreso,
castillo en la isla de Kirrin
o pagoda de la China.

Tenía la casa baldosas amarillas,
ventanas volanderas y paredes
por cuyo albor un sol de miel se derramaba.
Era un útero luminoso y cálido
que acogía nuestros sueños cada tarde
y nos nacía intactos con la aurora.

La casa era a veces una torre.
Vigilábamos los pueblos que dormían
indolentes al abrigo de los montes,
las acequias perezosas que quebraban
los huertos salpicados de palmeras,
faros o vigías jubilosas
que estallaban rotundas en lo azul.

Había en la casa una azotea,
patrimonio de los gatos y las sábanas
que tendidas al sol eran heraldos
de la primavera por llegar.

La casa tenía un balcón y por la tarde,
cuando abril despertaba al limonero,
en una mecedora sin brazos nos cantaba
viejas canciones del rey Balaor o de la infanta
que prefería a un reino un mirlo blanco.

La casa era buena y nos nutría,
ofrecía chocolate y pan tostado,
un brasero de picón, fragantes lápices,
cuentos en la cama y oraciones atendidas.
Y cuando al fin la calma, como un velo,
ingrávida posaba su mano en nuestros ojos
susurraba la casa su canción nocturna
de crujidos tiernos y aleteos de ángeles…

La casa era inconquistable fortaleza
que defendía nuestra infancia.


–CARMEN PIQUERAS–

* * *


lunes, 22 de febrero de 2010

De Blanca Andreu y su alma griega



Si hace unos días reproduje en mi blog Sopa de Hielo el poema "Negro espiritual", de Blanca Andreu, con el que la poeta nos transportaba junto al Negro Billy a las raíces más profundas de la música afroamericana, hoy quiero traer aquí algunos de los poemas que dan cuerpo a la sección que abre (y de la que felizmente tomó el título) su último libro, Los archivos griegos, recientemente publicado por la Fundación José Manuel Lara.

Por un cúmulo de coincidencias, verdaderas rimas de los acontecimientos que la propia Blanca ya ha contado en su blog (aunque ha olvidado mencionar que también me dedica una de sus breves, hondas y delicadas Marinas), este libro me toca muy especialmente. Lo cierto es que he seguido prácticamente desde un principio su evolución y he sido testigo confidencial y afortunado de la ilusión, el esfuerzo, la entrega y los desvelos que Blanca ha ido depositando en él a lo largo de los últimos años. Como poeta y, sobre todo, como amigo, esta circunstancia constituye para mí, como supondréis, el mayor y más preciado privilegio.

Así que, poeta hermana, olvídate de aquello de pagarme unos royalties. Sólo espero no tener que pagarlos yo a la editorial por traer aquí dos nuevos poemas tuyos a fin de que tu Grecia, la Grecia que llevas dentro, insufle vida (o alma) y le dé alas a este carril inconstante.


* * *





ODA A LOS PERROS DE ATENAS


A Vicente Ferrer


Montes en luz, Atenas, hija de la belleza primera
la descubrí en mis recuerdos aunque nunca había estado alli
desde lejos, con amour de loin, había saboreado su nombre
hija de la primera belleza que tiene el grado de justicia.

Descubrí los caballos de piedra en los templos deteriorados
descubrí una taberna de oro dentro de una calle de plata
descubrí los perros de mármol que se han bajado de los frisos
y se reúnen por la noche en cónclave
y muestran su estirpe socrática filosofando en las esquinas.

Los he visto citarse en semáforos
quedar en las encrucijadas
parecen gente civilizada que acude al ágora y se atiene
a lo que dictan los tribunales
aunque vayan a cuatro patas.

Una vieja leyenda sostiene que son ellos los dioses antiguos
que se negaron a partir de Grecia
cuando fueron vencidos antaño
que el luminoso Zeus Olímpico y la justa Atenea alada
prefirieron ser perros atenienses
antes que dioses bárbaros
bebedores de sangre.

Esa vieja leyenda se cuenta mezclada con ouzo y con luna
así que cuando me alejaba de Kiri Dimitrios y vi
entre las callejuelas de Plaka en aquella noche estrellada
acercarse aquel perro blanco esbelto como una gacela
y majestuoso como la Acrópolis
me atreví a tocar su cabeza y a susurrarle por si acaso:
–Salve, Señor del Canto, tú que llegas semejante a la noche.
Sólo una cosa de ti pido:
Que sea alado mi poema
y no volátil.


* * *





TO SPITI TIS LOGOTEJNÍAS


Hace ya mucho tiempo naufragaron los hombres
los hermanos de sangre dividieron sus viñas
y el agua del idioma ardió como una estrella
cuando la torre aquella se elevó contra el Dios.
Y entonces, desde entonces
como ángeles, como campanas
navegaron bajeles
contra Babel
con espadas calientes
conquistaron palabras
llevando vida de una parte a otra
trasladando los sueños de los hombres.

Así somos nosotros, guerreros, marineros
escritores, traductores, poetas
como ángeles, como campanas
junto a la piel del cielo.

Igual que una paloma que ha volado a una higuera
una luna de mármol nos vigila.

Aquí está nuestra casa que roza las estrellas
como un barco en la noche
un velero de piedra hermano de los pinos patriarcas
y hay un rumor de hipálages y símiles
que se abren como pétalos, que se alzan
como cipreses
que galopan
como caballos entre los cipreses
y un resplandor de extrañas metáforas y cantos
que brilla en los pasillos.

Como flechas de un arquero sagrado
atraviesan vencejos los altos corredores
diciendo: ¡Buena suerte! ¡Encontrad la palabra!
También, como nosotros
anidan en la luz.


* * *


BLANCA ANDREU
Los archivos griegos
Fundación José Manuel Lara
Colección Vandalia
(Sevilla, 2010)





jueves, 4 de febrero de 2010

¡Felicidades, Lolo!



Hoy es mi cumpleaños. Y también el tuyo, mi entrañable y exquisito amigo. Lo llevábamos discretamente a gala. Pero este año me has dejado solo. Así es la vida. Esta noche hablaré con el viento y brindaré por ti con los colegas.

Para ti, por siempre, Lolo...



I TALK TO DE WIND

Said the straight man to the late man
Where have you been
I've been here and I've been there
And I've been in between.

I talk to the wind
My words are all carried away
I talk to the wind
The wind does not hear
The wind cannot hear.

I'm on the outside looking inside
What do I see
Much confusion, disillusion
All around me.

You don't possess me
Don't impress me
Just upset my mind
Can't instruct me or conduct me
Just use up my time

I talk to the wind
My words are all carried away
I talk to the wind
The wind does not hear
The wind cannot hear.

KING CRIMSON: In The Court Of The Crimson King (1969). Track 2, "I Talk To The Wind". Robert Fripp, guitarra; Ian McDonald, vientos, teclados, melotrón y coros; Greg Lake, bajo eléctrico y voz; Michael Giles, batería y coros. Música de Ian McDonald. Letra de Peter Sinfield.

domingo, 31 de enero de 2010

Regreso



En verdad, amigos, los poemas de Szymborska y Valéry fueron toda una premonición: el mundo se detuvo y lo envolvió el silencio. Hace unas semanas comencé a redactar una entrada para tratar de justificar todo este tiempo de ausencia, pero tuve que desistir. ¿Cómo escribir desde el silencio? No desde un silencio puntual, interesado, propio..., sino desde el silencio del mundo, el silencio de todo, que no admite insurrección, ni justificación, ni insistencias, ni dudas; un muro de silencio..., un silencio de muro infranqueable, niebla muda de luz petrificada ante la que todo atisbo de razón, toda suerte de razonamiento, resulta una obviedad; un silencio que enmudece cualquier grito, cualquier conato de voz, incluso cualquier otro asomo de silencio. Cuando el mundo se calla, todo se calla, y es preferible esperar a que el mundo hable de nuevo por sí solo.

Lo cierto es que, en los últimos cuatro o cinco años, mis fases de silencio, o, mejor dicho, las fases en que he sentido ese silencio, han sido cada vez más frecuentes y duraderas. En todo este tiempo he escrito poquísimo. Pero el año 2009 se ha llevado la palma; tanto es así, que he llegado a temer muy seriamente ante la posibilidad de que el manantial (que otrora considerara inagotable) se seque para mí mucho antes de lo que esperaba.

Lo que tenga que pasar, pasará. En cualquier caso, y aunque no dependa de mi voluntad, no me rendiré fácilmente. Por lo pronto, durante las últimas semanas me he refugiado muchísimo en la música y he leído y releído textos magníficos que otros escribieron. Ya daré buena cuenta aquí de algunos de ellos.

En fin, no puedo en esta primera entrada de MMX dejar de agradeceros a quienes compartís conmigo esta senda volátil vuestra lealtad, vuestra complicidad, vuestra generosidad y vuestro aliento. Me viene ahora el recuerdo de unos versos que escribí hace 25 años: "En toda ausencia, en toda voz, / en todos mis silencios os halláis".

En realidad, lo sabéis, vuestra amistad es lo único que el silencio no puede arrebatarme.

martes, 15 de diciembre de 2009

"Un latín bellamente estropeado"



Sí, amigos. "Un latín bellamente estropeado". No quería dejar de traer aquí esta frase. Con ella describía nuestro idioma la poeta polaca Wislawa Szymborska (Kórnik, 2 de julio de 1923; premio Nobel en 1996) en su estimulante y lúcida última entrevista, concedida al periodista Javier Rodríguez Marcos para El País [fue publicada el pasado sábado 5 de diciembre en el suplemento Babelia] merced a la influencia del director del Instituto Cervantes en Cracovia, Abel A. Murcia Soriano, poeta a su vez y traductor, junto con Gerardo Beltrán, de la mayor parte de la obra de Szymborska editada en España. La más reciente acaba de aparecer en Bartleby Editores y se titula Aquí.

Así que aquí os dejo una muestra.

* * *



Vermeer

Mientras esa mujer del Rijksmuseum
con esa calma y concentración pintadas
siga vertiendo día tras día
la leche de la jarra al cuenco
no merecerá el Mundo
el fin del mundo.


* * *

Wislawa Szymborska. Aquí.

Traducción de Gerardo Beltrán y Abel A. Murcia Soriano.
Bartleby. Madrid, 2009.]


NOTA: La imagen de Wislawa Szymborska es una recreación sobre una de las fotografías de Witold Krassowski aparecidas en Babelia el pasado 5 de diciembre. El cuadro, obviamente, no es otro que el que inspiró el poema: "Mujer con jarro de leche", de Johannes Vermeer (1632-1675).