lunes, 13 de abril de 2009

Desórdenes de carpeta: El futuro callado



Hoy quiero inaugurar una nueva sección, y para ello he rescatado un viejo título anotado en uno de mis cuadernos: Desórdenes de carpeta. A lo largo de los últimos treinta años he venido acumulando un sinfín de carpetas cuyos contenidos escapan ya a mi control. Si un día me empeño en buscar en ellas algo concreto, encuentro antes cien mil cosas con las que acabo siempre enredándome, pues me transportan a otras tantas situaciones igualmente concretas de mi vida. Todas esas carpetas conforman una inmensa baraja. Casi diría un Tarot. Cada vez que las abro, cambio su orden, es decir, su desorden. Sí. Lo admito. Soy carne de síndrome de Diógenes. Así que he decidido sacar de vez en cuando a la luz algo de lo que contienen. Quizá sea una buena medida terapéutica. Y aunque, tratándose de lo que se trata, la calidad no esté garantizada, lo que sí garantizo es variedad.

Para empezar, ahí va un duro poema inédito, fechado el 6 de julio de 1993, con el que he topado esta noche:


EL FUTURO CALLADO

Cuando duele la cara de mentir con codicia
nacen gestos posesos de rencor y fracaso.
Un rotundo portazo no devuelve el prestigio.

Las ofensas letales que filtrasteis a oscuras
han abierto las llagas que os concomen por dentro.
Son el premio propicio que el error merecía.

Fomentando los vicios esparcisteis la culpa;
pero no conseguisteis desplazar de su ruta
el futuro callado que os convierte en despojos.

lunes, 30 de marzo de 2009

Reencuentro con mi pasado



El pasado viernes culminé en Cehegín mi periplo como ponente o conferenciante (una empresa totalmente nueva para mí) en un seminario sobre Lectura y Familia organizado por el Consejo Escolar de la Región de Murcia, al que fui invitado en calidad de escritor a fin de transmitir mi propia experiencia literaria y aportar reflexiones y propuestas que ayuden a fomentar la lectura entre los alumnos, así como la colaboración entre las familias y el profesorado. Mi balance personal sobre este seminario ha sido, en todos los órdenes, sumamente positivo. En fechas anteriores me tocó visitar Lorca y Las Torres de Cotillas, y fue en este último pueblo donde tuvo lugar el excitante reencuentro con mi pasado al que ahora quiero referirme.

Entre 1971 y 1975, es decir, desde mis 15 a mis 19 años, me trasladé prácticamente todos los fines de semana y gran parte de las vacaciones de Navidad, Semana Santa y verano a Las Torres de Cotillas, pues durante ese tiempo vivió allí un primo hermano mío que era, además, mi mayor cómplice y mi mejor amigo. Así que acabé por tener en aquel humilde municipio una formidable pandilla y una novia formal con la que estuve saliendo más de tres años.

El día de mi ponencia, concretamente el pasado martes día 24, acudí a la Casa de la Cultura de Las Torres con la esperanza de encontrame con algún rostro conocido de aquella lejana época. Y así ocurrió, efectivamente. Antes de entrar al salón de actos, mi mirada se cruzó con la de una mujer que me miraba con cierta incredulidad. "¿Eres tú? ¡Es que no estaba muy segura!", me dijo sorprendida. En verdad, en los últimos treinta y cinco años mi aspecto físico ha cambiado mucho..., ¡pero ella se mantenía prácticamente igual! Se trataba de Loli, una simpática chica de la pandilla que, además, era prima hermana de Pilar, mi novia de aquel entonces. Loli es hoy la eficiente directora de un instituto de Enseñanza Secundaria en Las Torres de Cotillas. Es la que aparece agarrada a mi brazo izquierdo en la fotografía de grupo que nos hicimos para el recuerdo en el vestíbulo de la Casa de la Cultura.

Como comprenderéis, hablamos de muchas cosas y revivimos historias ya casi olvidadas; entre otras, nuestra participación entusiasta y desinteresada con el grupo de teatro local, llamado "Tejuba", fundado hace más de cuatro décadas por Juan Baño (y de ahí su nombre, "Tejuba", esto es, Teatro Juan Baño), uno de los más apasionados hombres de teatro que he conocido nunca, capaz de hacer con cuatro duros los montajes más espectaculares y de dirigir con paciente maestría a más de sesenta actores (la mayoría, como yo, simples jóvenes aficionados) en representaciones de Autos Sacramentales como El Prendimiento o Adoración de los Reyes Magos y Degollación de Inocentes.

Bien. A lo que iba. En aquella conversación con Loli se encontraba presente el actual Concejal de Educación y Cultura de Las Torres, Pedro Cabrera, quien al escucharnos me dijo: "Precisamente, hace un par de años editamos un libro titulado 40 años de teatro en Las Torres de Cotillas... Espera un momento". En un santiamén, entró en su despacho y salió con un ejemplar de dicha publicación en sus manos, de la que me hizo entrega. Me puse a hojear de inmediato aquel libro plagado de carteles y fotografías, de manera que nombres, rostros y recuerdos empezaron a aflorar como de un viejo volcán en mi cerebro. Confieso que en aquel momento comencé a buscarme apresuradamente a mí mismo entre aquellos cientos de imágenes, pero para mi desconcierto no me reconocí en ninguna de ellas. Sí que reconocí a mi primo, a muchos de mis amigos, a mi novia Pilar, a la misma Loli... Sólo cuando llegué a mi casa y me puse a mirar literalmente con lupa aquel libro pude leer mi nombre en un cartel y adivinar mi rostro en una de las fotografías...

Podéis reiros cuanto os plazca. Y ahora que se aproxima la Semana Santa, más aún. El pedazo de actriz que hace de Virgen no es otra que Pilar, mi antigua novia. Yo soy el imberbe cabizbajo que hay al fondo. Corría el año 1972. Teníamos dieciséis añicos...



sábado, 21 de febrero de 2009

La isla



Si es cierto que una imagen vale más que mil palabras, esta fotografía bien podría equivaler a toda una novela; sin ir más lejos, a Robinsón Crusoe, de Daniel Defoe; sólo que en este caso la isla no se oculta en ningún trópico, sino en pleno corazón de mi ciudad. Concretamente, en la calle Almudí, a espaldas del emblemático palacio con el mismo nombre; en realidad, más que de una calle, se trata de un solitario pasadizo al que se accede desde las calles Jara Carrillo y Arco de Verónicas. Hacía años que no pasaba por allí, y eso que se encuentra a escasos cincuenta metros de mi casa. El otro día, volviendo del mercado, sentí un impulso y me adentré en ella. Fue como atravesar de repente una puerta en el tiempo. El náufrago dormía. Mientras realizaba la paronámica recordé la escena en la que Crusoe escribe, a modo de un debe y un haber, un inventario de sus cosas, "no tanto para legarlas a quien fuera que viniese tras de mí, porque lo más probable era que tuviese muy pocos herederos, como para distraer los pensamientos que cotidianamente venían a afligir mi espíritu". He intentado por tres veces subir la foto a su tamaño original, 6'59 MB, pero no me ha sido posible (me hubiera gustado que pinchando sobre ella la recorriérais visualmente, como si se tratase de una visita interactiva a una performance que ya quisiera para sí el mismísimo Karabatic), así que no encuentro otra solución que colgar el reportaje entero para que podáis recrearos a vuestro antojo en cada uno de los objetos, cachivaches y utensilios que conforman el lugar. Después, haced balance de vuestros propios males y bienes, de los consuelos de que gozáis y las desgracias que sufrís... en vuestra isla.













miércoles, 14 de enero de 2009

El pequeño Kafka



Hace unos días descubrí en el escritorio de mi ordenador un acceso directo a un documento de texto. Por un instante pensé que se trataba de un acceso al propio procesador, pero al punto leí bajo el icono: "Acceso directo a MI VIAJE...". Dí por sentado que era algo que había escrito yo quién sabe cuándo (las musas me dotaron de una pésima memoria verbal); pero al cliquear sobre él se abrió esta redacción escrita por mi hijo el 15 de abril del año pasado, cuando su profesora de Lengua le puso como tarea escribir sobre lo mejor que le había ocurrido en la vida:



MI VIAJE AL SOFÁ

Por Sebastián Mondéjar Jover
Alumno de 6º de Primaria del Colegio Público Cierva-Peñafiel



Esta fue, sin duda, la mayor experiencia de mi preciada infancia. Empieza así: Abro los ojos y me veo acostado en la cama de mi habitación con la luz apagada. Me dije a mí mismo: "¿Estoy durmiendo? ¿O estoy soñando? Pero si estoy soñando estoy durmiendo". Dejé de hablar solo como un imbécil y encendí la luz para levantarme. Alcé los brazos y coloqué las manos lentamente sobre el colchón para impulsarme en mi proceso de levantamiento. Una vez con los dos pies en el suelo (me aseguré de que estaban todos), me dispuse a dar el primer paso. Al estirar las piernas para comenzar el esperado paso, noté la contracción de los músculos en todo su esplendor. Apoyé el pie sobre el sonoro parquet y noté un suave frescor que me produjo placer en todo el cuerpo. Eso me alegró el día. Empecé con "buen pié", jejejejejeje... Bueno, me callo, que si no enseguida vienen los "Sebastianes". En fin, continúo: cuando iba por el pasillo camino al sofá me emocioné mucho. Se respiraba tensión en la sala. Iba paso a paso muy lentamente... cuando oí un misterioso "crack". ¿Sería un fantasma o quizá un insecto? Pues no, soy yo mismo, que lo he metido en la historia para ponerla más interesante. En fin, pasemos de los "cricks, cracks, crocks" y continuemos. Me estaba acercando a la puerta de manera sigilosa para no despertar a mi padre. Intenté agarrar el dorado manillar para proceder a la misteriosa "sala del sofá". En seguida sentí en mi piel el delicioso tacto del picaporte. Giré el manillar y, tras la chirriante onda sonora que produjo, entré en la preciosa sala. ¿Me esperarán peligrosos monstruos? ¿Quizá sedientos vampiros? Giré la cabeza y vi un extraño y atrayente artilugio color gris ante mis ojos. En seguida me di cuenta de que era la tele, así que me dejé de redacciones y de chorradas fantasmales y me puse a verla.


Sebastián Mondéjar Jover,
Murcia, 15 de abril de 2008.


* * *

Qué, ¿cómo se os ha quedado el cuerpo...? ¡Que conste que no he quitado ni añadido ni una coma...! Y debo precisar que le he pedido permiso a mi hijo para publicarlo aquí. A él le apasiona dibujar, crear personajes, diseñar historietas, y gracias a ello ha desarrollado mucho su imaginación y ha alcanzado un acusado nivel de precisión y depuración en el lenguaje, así como un sentido del humor verdaderamente sano y encomiable. Cuando escribió la redacción tenía 12 años. Ahora acaba de cumplir 13 y estudia 1º de la ESO en el Instituto Licenciado Francisco Cascales.

En fin..., ya sé que pensaréis que se me cae la baba y exagero; pero la verdad es que mi hijo es un gran tipo.

jueves, 1 de enero de 2009

Autorretrato con Felicitación (o viceversa)



Bueno..., ejem..., perdonad este engendro..., o imaginad que se trata de un mal poema visual. Lo cierto es que anoche, antes de irnos a cenar a casa de mi suegra, se me ocurrió abrir el correo y... fue tal la avalancha de mensajes con buenos deseos para el nuevo año que se me vino encima, casi todos acompañados de sus correspondientes tarjetas de felicitación (una de las especialidades del diseño gráfico que merecerían un capítulo aparte) que me sentí impelido a improvisar rápidamente algo con lo que corresponder a unos cuantos amigos. Recordé este autorretrato que me hice mirándome al espejo el día que cumplí los 50, es decir, hace ya casi tres años, y sin pensarlo dos veces coloqué sobre mi calva (dónde si no) el consabido rótulo celebratorio. Como no tuve tiempo de enviároslo a más de uno, lo cuelgo aquí y ahora sin rubor y... ¡Santas Pascuas!

Aunque para poema visual, el que nos dejó mi amigo Carlos en los comentarios a mi antepenúltima entrada:

HOTEL VÍA LÁCTEA. La revista 'El coloquio de los perros' dedica un gran monográfico a José Óscar López (Murcia, 1973-2024).

Portada del monográfico realizada por ÁNGEL MATEO CHARRIS. El pasado día 11, auspiciado por la Feria del Libro y el Aula de Poesía de la Uni...