
Nada más regresar de vacaciones encontré entre mis correos un breve mensaje de un poeta desconocido; desconocido por mí, claro, porque en cuanto le pregunté por él a Google, la red me procuró un sinfín de enlaces con él y con su obra, algunos de los cuales ya me eran familiares.
Me felicitaba por mi
blog y me enviaba unos poemas, pidiéndome que contemplara la posibilidad de publicarlos en estas páginas. Nunca hasta ahora poeta alguno me había pedido, quiero decir, me había hecho una oferta semejante. Gracias, Rodrigo, por pensar que este camino aéreo es un espacio digno en el que mostrar tu obra.
Aunque para mí ha sido un descubrimiento,
Rodrigo Verdugo cuenta ya con un largo recorrido a sus espaldas y una alta presencia en medios culturales, editoriales y digitales.
Nace en Santiago de Chile el 9 de enero de 1977. Desde 1992 a 1996 se inició en el
Taller de Poesía Isla Negra, dirigido por el poeta
Edmundo Herrera en la SECH (Sociedad de Escritores de Chile). Es coeditor y articulista de la revista
Derrame y miembro del Movimiento del mismo nombre. Su obra ha sido publicada en revistas y antologías chilenas y extranjeras, siendo traducida parcialmente al francés y al polaco. En 2002 publicó su primer libro,
Nudos Velados, en Ediciones Derrame. En este vínculo podéis leer más sobre su trayectoria:
Lo primero que aprecié en sus poemas fue una gran riqueza expresiva.
Rodrigo Verdugo es un poeta fértil, arriesgado y poliédrico que maneja bien las riendas de su
Pegaso. De sus largos y altos vuelos surrealistas nos regala prácticamente en cada verso algún profundo y poderoso hallazgo. De entre los poemas que me envió, me he tomado la libertad de elegir el titulado
Han vuelto, dedicado al poeta chileno
Heriberto Rocuant, fallecido en 1943.
NOTA: la ilustración que encabeza esta entrada es una recreación de la minifoto que el poeta me envió.
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Han vueltoA Heriberto Rocuant
Han vuelto y sin ningún principio que disfrace a la sangre
Sin el mineral exorcizado
La lluvia los filma cuando entran a la casa sostenida por entrañas
La lluvia los va filmando cuando entran el zodiaco negro y las
[nutrias.
Tendrán su entierro en mi palabra
Su cuchillo incestuoso
Su carta escondida.
La casa sostenida por entrañas ya ha sido habitada
Es cosa de pasar muy de cerca y ver
Cómo juegan al dominó apostando pájaros prehistóricos y lágrimas
[de sangre
Tendrán que desmantelar los mandamientos de las olas
Si no quieren quedar prendidos como minerales en la atormentada
[exactitud
Tendrán una sombra equivalente a un tiempo muerto
Tendrán que tener un tiempo muerto equivalente
A convocar a todos los túneles en una sola boca.
¿Para que tener días desfondados?
¿Para que esperar que se haga el azul asistencial?
El mediador del espacio lo sabe
Y cae sobre el mar
Y no tarda en tener coartadas
Para con los lutos
Para con las heredades no consumidas
Para con las secuelas que bailan en los oídos del agua
Ojalá el mediador del espacio caiga también
Sobre la casa sostenida por entrañas
Y a pesar de tanto rayo y cáscara
Que nos cifran y cifran y cifran
Reconozcamos en un mismo punto ávido
A quienes se van
Y a quienes vuelven
Sólo con la adherencia esperada
Y el cielo necesario.
Rodrigo Verdugo

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